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Opinión

  • | 1999/07/12 00:00

    LA COMISION CON LUPA

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Andan diciendo por ahí, y yo no descarto que pueda ser cierto, que el florero de Llorente que
precipitó el final fatal de la reforma constitucional fue la manera como el Presidente conformó la comisión
negociadora del gobierno con las Farc. La primera consecuencia fue que el liberalismo se sintió excluido. Pero
no todo el liberalismo creyó que esa ex-clusión fuera mala. Los de la línea Carlos Lemos se pusieron felices
de que el partido no tuviera que correr con la responsabilidad histórica de buscar la paz en medio de todos
los previsibles escollos que le esperan al país en este proceso... Lo cierto de todo esto es que la
integración de la comisión cayó mal, porque ha sido acusada de haberse conformado básicamente con
gente del Presidente, en lugar de abrirla a la representación de distintos sectores del país. Eso puede ser
bueno, porque significa que es Andrés Pastrana el que va a dirigir personalmente, y sin instancias, el proceso,
pero puede también ser malo, precisamente por lo mismo: porque no existen instancias distintas de las del
propio Presidente, de manera tal que cada decisión que se tome será equivalente a un póker sangriento. Los
'ases' de la comisión negociadora son, indudablemente, Pedro Gómez y Fabio Valencia Cossio. El primero
es mucho mejor negociador de lo que la gente sabe. Ese papel viene desempeñándolo admirablemente
desde hace varios gobiernos en la comisión negociadora colombo-venezolana, de la que ha sido
protagonista: allí estudia, dirige y orienta el difícil mecanismo del diálogo con los venezolanos. Pedro Gómez
ha sido el artífice de un ambiente de paz con el vecino país que ha evolucionado, desde los dificilísimos días
del lío de la corbeta Caldas, hacia un arreglo de diálogo que le ha permitido a Colombia manejar de la mejor
manera posible las relaciones con Venezuela. Se dice incluso que varias veces se ha estado ad-portas de
firmar un acuerdo definitivo. Y es que detrás de ese estilo personal elegante, cálido y caballeroso que
caracteriza a Pedro Gómez, se esconde una personalidad fuerte, dura y clara a la hora de defender los
intereses nacionales. Pero por encima de todo, a Pedro Gómez su carácter de liberal si no se lo puede
desconocer nadie, ni siquiera Horacio Serpa, y en ese sentido se valoriza más su presencia en la
comisión: es el antídoto contra la principal crítica que se le ha hecho a la misma, o sea, su
pastranización.Fabio Valencia es el zorro político por excelencia, y también un negociador consumado que
se educó a la sombra de otro habilísimo político, Jota Emilio Valderrama. Astuto, inteligente, marrullero, se
le achaca como principal defecto que tiene muchos hermanos pero él jamás ha ocultado que los tiene, y
menos que les ayuda cada vez que puede. Valencia Cossio sabe exactamente cómo funciona el país y, ante
todo, tiene la correa necesaria para no mandar al demonio a los negociadores de las Farc cuando hagan
gala de su exasperante terquedad. Los 'hombres del Presidente', Juan Gabriel Uribe y Camilo Gómez, tienen
menos experiencia como negociadores y por eso son vistos con mayor desconfianza por la opinión pública,
que comienza a entender que lo que esta comisión va a negociar con las Farc es nada menos que el futuro
de las instituciones del país. Su escogimiento ha sido interpretado como una estrategia de Pastrana con
'Tirofijo'. Como los negociadores de la guerrilla son coroneles, los del Presidente también.Ambos vienen
adelantando exitosamente tareas internas del gobierno: Camilo es la sombra del Presidente, la discreción en
pasta y la eficiencia por excelencia, y prácticamente no tiene un solo instante libre en el día, por lo que no
se entiende que a su ya recargadísima rutina diaria se le cuelgue esta misión, que es, por sí sola, un trabajo
de tiempo completo. En cuanto a Juan Gabriel, joven periodista y político lleno de garbo y de inteligencia, ya
había logrado armar un interesante puente con el Congreso, labor en la que comenzaba a demostrar
habilidad y buen juicio, pero en la que para recoger experiencia, llevaba muy poquito tiempo. Manejar a los
políticos es otro trabajo de tiempo completo, por lo que tampoco se entiende mucho que le carguen otra
actividad obligándolo a dejar a medias la primera. Pero, sin duda alguna, el caso más extraño es el del
general José Gonzalo Forero Delgadillo, que en opinión de varios miembros del Ejército está
desconectado de la institución, y por consiguiente, no era la persona más indicada para desempeñar ese
papel. Como prueba de esta afirmación se alega que los coroneles activos de hoy no saben quién es ese
general. Y la opinión pública tampoco, porque por muy bueno que hubiera sido su desempeño hace varios
años como comandante general del Ejército (le tocó manejar la toma de la embajada dominicana), desde
que salió de la institución, hace cerca de 17 años, no ha sonado nunca en ninguno de los grandes temas
nacionales, al contrario, por ejemplo, del general Valencia Tovar. Ese es el principal problema del general
Forero: se le considera un hombre muy decente y querido, pero sin ningún ascendiente sobre el Ejército,
que era exactamente el sentido de nombrar a un general retirado en la comisión negociadora. Por eso
andan diciendo por ahí si será que era amigo de Misael... nLa integración de la comisión cayó mal, porque
ha sido acusada de haberse conformado con gente del Presidente
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