Martes, 21 de octubre de 2014

| 2013/07/11 00:00

La complacencia no genera gobernabilidad

Con lo ocurrido recientemente en el Catatumbo nos preguntamos ¿qué pasa con la interlocución entre los ciudadanos y el ejecutivo?

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Con lo ocurrido recientemente en el Catatumbo nos preguntamos la mayoría de los colombianos ¿qué pasa con la interlocución entre los ciudadanos y el ejecutivo?  Hay una ausencia notoria de diálogo popular y más bien se vislumbra una tendencia a solucionar las dificultades ciudadanas con acuerdos económicos improvisados y poco estructurados. 

Los estudios académicos y las noticias publicadas en medios de comunicación han demostrado como la protesta social se ha incrementado en Colombia a partir del 2011, en general por inconformidades de diferentes sectores. Los daños que han causado los paros en los últimos dos años han sido incalculables, y en gran medida por falta de diálogo popular.

Por ejemplo, según se publicó, el paro cafetero, que se realizó a finales de febrero y se extendió durante casi dos semanas, le significó al Estado una erogación cercana a los 700 mil millones de pesos.

Durante el 2012 recordamos el paro camionero, paro de maestros y el paro judicial que tantos perjuicios causaron a todos los colombianos especialmente por falta de acceso a la justicia y a la educación. 

Las protestas sociales que se convierten en paros de días y semanas no surgen espontáneamente, se pueden prever por diferentes señales que los propios sectores dan al ejecutivo a través de sus líderes y de la búsqueda de acercamientos. Lo importante no es evitar sino prever a través de un diálogo pacífico, que no afecte al resto de la ciudadanía y sobretodo que brinde soluciones estructurales y a largo plazo.

El diálogo popular permite conocer a la ciudadanía realmente, sus necesidades, quejas y reclamos que son legítimos en el marco del derecho a la libertad de expresión y protesta social regulados por nuestra Constitución Política. Sin embargo, el diálogo debe ser permanente y de doble vía, es decir, que ante solicitudes ciudadanas respuestas gubernamentales, positivas o negativas, pero respuestas. 

El diálogo también implica presencia estatal, si bien el Presidente de la República no puede hacer presencia en todo momento y situación, sus ministros, viceministros, altos consejeros y directores, sí deben hacerlo de manera oportuna cuando así se requiera, por lo que llama la atención que en muchos casos actualmente  se acudan a vías de hecho para obtener presencia de un alto mandatario del ejecutivo, y más aún cuando se aumentaron ministerios y consejerías presidenciales desde el siete de agosto del 2010.  

Así las cosas podríamos afirmar que no siempre mayor cantidad de funcionarios implica calidad y presencia en el diálogo. 

El diálogo parte muchas veces de diferencias de criterios, conceptos y prácticas, y de eso se trata. Parte de la gobernabilidad se logra con esos diálogos permanentes y respetando la diferencia. Ese contacto real con las bases populares, estrategia que implementó el Presidente Uribe con los consejos comunales y que hoy no tiene el mismo efecto con los acuerdos para la prosperidad, porque hay fallas en esa interlocución ciudadana.

En resumen, no se puede continuar dejando avanzar los paros por días y semanas afectando la economía y la seguridad nacional por falta de previsión y presencia estatal, es necesario ver más a los funcionarios en las regiones con la gente, dialogando, y evitar terminar dando soluciones de manera complaciente con acuerdos superficiales y no de fondo. Más diálogo se traduciría en más gestión, pero sobretodo una voluntad política clara que no se confunda con otras agendas como la del proceso de paz o la del año electoral.  

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