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Opinión

  • | 2012/07/13 00:00

    La Constituyente

    La Constitución podemos comenzar a construirla entre todos, tema por tema según sea necesario y respetando la necesidad de que sea incluyente, estableciendo el cambio constitucional más importante: el que de el poder, verdaderamente, a los ciudadanos.

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El fiasco de la reforma a la justicia todavía no ha sido suficientemente investigado, y seguramente hay muchos elementos que aún no conocemos, como por qué, al mismo tiempo en que el Viceministro de Justicia radicaba la reforma conciliada la noche del 19 de junio –y el Ministro pedía votarla el 20- la oficina de Prensa del mismo Ministerio enviaba un boletín de prensa en el que resaltaba sus efectos negativos, ahora eliminado de sus archivos, desatando la tormenta que siguió.

¿Pero qué tiene que ver eso con una constituyente? Poco, a menos que creamos que necesitamos una reforma constitucional que obligue a quienes hacen las leyes –y a quienes defienden la Constitución- a respetar la misma Constitución. En realidad, la Constitución de 1991 le dio ese poder guardián de la Constitución a la Corte Constitucional, pero no le dio –ni podía darle- el poder para controlar al Congreso y al Ejecutivo.

El problema de fondo que estamos teniendo con la Constitución de 1991 no es que ciertos sectores impulsen este o aquel cambio en ella. Tal vez hay dos problemas de fondo: Uno, que los cambios que se impulsan parecen ir unos en contravía de otros. El otro, que quienes NO tenemos el control de los cambios somos los ciudadanos que legitimamos todo el proceso.

¿Puede una nueva Constituyente resolver estos problemas? Tal vez, si las reformas que produce obligan a que, en adelante, los cambios en la Constitución sean muy difíciles, lo que le da estabilidad y obliga a los diferentes intereses a coexistir dentro de ese marco estable, y si obliga a que los cambios se hagan con una mayor influencia de los ciudadanos. Pero ese no parece ser el sentido de la discusión ahora: quienes hablan de Constituyente tienen en mente un cambio en las reglas, más que un cambio en la estabilidad de esas reglas o en quiénes las definen. Y por esa vía, cualquier reforma constitucional que haga una Constituyente podrá ser modificada por el Congreso que la siga –si eso está en el interés del Presidente- como ha pasado tantas veces desde 1991.

Una nueva Constituyente podría, pero probablemente no lo hará, producir modificaciones en el poder de nosotros los ciudadanos sobre nuestros representantes. Ese poder no aumentó mucho desde 1991. La Procuraduría puede destituir a quienes nosotros elegimos. La Corte Suprema puede incluso encarcerlarlos. Pero nosotros no podemos revocarlos. Nada en la Constitución prevé que lo que decida una Constituyente deba ser refrendado por los ciudadanos (ya que por eso mismo es Constituyente), con lo cual quedamos igual que con el Congreso: los elegimos, pero no los controlamos.

El mecanismo de referendos –como el que se propone para revocar al Congreso- puede ser el más útil para producir cambios puntuales en las normas que generen el precedente de venir de nosotros, la base, y que no se salgan de las manos según la voluntad de los legisladores (el referendo para revocar al Congreso en sí mismo es discutible, no sabemos qué Congreso lo sucederá, y habría sido mejor un referendo para introducir la institución de revocatoria de congresistas). Si comenzamos a utilizar ese mecanismo de referendos ciudadanos, comenzaremos a generar lo que los institucionalistas llamarían una “institución informal” de reformas constitucionales aprobadas directamente por nosotros, que necesariamente serían pocas dado lo dispendioso del mecanismo, o lo que Hans Kelsen llamaría una “norma básica”.

En Colombia, hasta ahora, nunca fue una asamblea realmente representativa de los ciudadanos del país la que aprobó la Constitución. Ni siquiera la de 1991 fue aprobada por los ciudadanos, artículo por artículo, como se dispone desde entonces en el artículo 378 de esa Constitución. La Constitución, esa norma que autoriza y da validez a todas las demás, podemos comenzar a construirla entre todos, tema por tema según sea necesario y respetando la necesidad de que sea incluyente, estableciendo el cambio constitucional más importante: el que de el poder, verdaderamente, a los ciudadanos.

*Profesor U. Externado-consultor.
@gustavovaldivie

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