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Opinión

  • | 2017/06/02 17:23

    Homo sensate

    El papel de la cooperación en la construcción de una sociedad más justa y sostenible no ha sido subestimado por los expertos, entre los cuales su adalid fue la Nobel de Economía Elinor Ostrom

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En una de las producciones más adictivas y revolucionarias de la TV prepago, cuyo nombre no cito para no generar pauta, el argumento gira entorno a la revelación de la coexistencia contemporánea de dos especies humanas en el planeta, no solo la dominante H sapiens. Homo sensate, la críptica acompañante, cifra su existencia y capacidad adaptativa en una conexión mental que se genera entre grupos de ocho personas que se ubican físicamente en sitios tan distantes como Bombay, Nairobi, Helsinki, Berlín, México, Seúl o San Francisco. A diferencia de House of Cards, que nos atrapa por la maldad y competencia sin límites, Sense8 lo hace por su poesía y apuesta de género, pues los H sensate comparten sus atributos y cooperan de manera persistente gracias a la comunicación sin límites que significa habitarse uso con otros.

El papel de la cooperación en la construcción de una sociedad más justa y sostenible no ha sido subestimado por los expertos, entre los cuales su adalid fue la Nobel de Economía Elinor Ostrom, quien visitó Colombia intrigada por los experimentos sociales que parecía se estaban dando en muchas comunidades rurales del país en medio del conflicto armado. Hoy tenemos evidencia de decenas de experimentos de gestión territorial más espontáneos que descentralizados, producto de las restricciones históricas de gobernabilidad y la complejidad de construir una Nación en medio de una gran heterogeneidad física, biológica y cultural, y de las luchas de poder que han evolucionado a diferentes escalas. Las claves de la cooperación explican la solidaridad abrumadora pero ocasional de los colombianos, las de la competencia, el conflicto como ruido de fondo.

Los H sensate construyen su felicidad a partir de experiencias compartidas tan íntimamente como es imaginable (es perturbador) y despliegan sus capacidades en una polifonía de roles donde cada quien toma el liderazgo cuando se le requiere, sin machos alfa ni gurús: cada quién contribuye y es respetado como es, sin que nadie busque convencerle de ser otra cosa. Poco o nada que ver con el adoctrinamiento como principio de la educación, mucho más con el respeto profundo que implica hacer conciencia plena de la coexistencia.

En un mundo donde cada uno desea atraer la atención sobre su agenda personal con buenas o malas intenciones, donde cada uno compite con todos los demás por la supervivencia convirtiendo en realidad la “evolución espenceriana”, uno de los peores reduccionismos de la historia moderna, es interesante ver cómo otra concepción de la familia, del amor y su expresión erótica, de las instituciones y del uso de la tecnología y de las cualidades de las redes sociales, proponen una naturaleza alternativa con profundas implicaciones y promesas para una sociedad global cada vez más comprometida con su autoexterminio. Hay que pensar fuera de la caja, nos proponen sus productoras y directoras Lilly y Lana Wachowski, a fondo…

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