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Opinión

  • | 2005/09/25 00:00

    La Corte: ¿cara o sello?

    No estoy de acuerdo con la reelección por motivos políticos y éticos. Pero por motivos legales y de tranquilidad pública no quisiera que se cayera en la Corte

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Dicen los juristas que a veces los jueces se enfrentan a decisiones desesperadas, ya que con la sentencia 'X' hacen un daño y con la sentencia 'no X', hacen un daño equivalente, o bien, para ponerlo en positivo, no pueden calcular si el bien que hacen con 'X' es más bueno que el que hacen con 'no X'. En estos casos, dicen los abogados, el juez podría tirar una moneda y dejar que sea el

azar el que resuelva el negocio. Yo no quisiera estar hoy en los pantalones de los magistrados que deben decidir el destino de la reforma constitucional que introduce la reelección inmediata. Si no pasan la reelección, harán un mal, y si la pasan, también. En un caso hallaremos, al día siguiente, un país más convulsionado; en el otro caso nos enfrentaremos, al otro día, a un país más arrogante.

Yo no estuve ni estoy de acuerdo con la reelección inmediata. ¿Por qué? Porque no me gusta el talante derechista de Uribe, y no me parece ético, y mucho menos estético, reformar las reglas para el propio provecho. Tengo, pues, motivos políticos y estéticos, e incluso éticos, pero dudo mucho que mi alegato sea también legal. No todo aquello que no es ético es ilegal (engañar a la esposa o al marido no es ético, pero la ley no lo prohíbe ni lo castiga). Porque si me preguntan si la gran mayoría del pueblo colombiano (el constituyente primario) está con la reelección inmediata, tengo que reconocer que sí. Equivocados o no, eso es lo que desea la inmensa mayoría de los colombianos. Y si me preguntan si en el Congreso -donde se sientan los representantes del pueblo- había amplias mayorías legales para aprobar esta reforma, también tengo que contestar, a mi pesar, que así es. Me guste o no, hay una mayoría apabullante de personas que quieren aprobar la reelección y reelegir al presidente Álvaro Uribe. Así funciona la democracia, y sus veredictos hay que aceptarlos aunque no nos gusten.

Mientras un opinador -como es mi caso- puede decir con qué no está de acuerdo por motivos de inclinación ideológica (odio que en el país se vuelva cada vez más sólido y arrogante el poder intimidatorio de los paramilitares reciclados en políticos), un juez no puede fallar un pleito por razones de simpatía o antipatía política. El juez, a diferencia del columnista, debe fallar incluso en contra de sus convicciones políticas, ya que su sentencia es de legalidad y no de opinión. Tampoco creo que un magistrado deba ponerse a buscar con lupa una caída formal insignificante para poder enmascarar su inclinación política con un vicio insustancial en los procedimientos. Si esta reforma no modifica el espíritu de la Constitución, si el Congreso tenía la facultad de introducir este tipo de reforma constitucional, si tenía las mayorías para hacerlo, y si le dio a la oposición la oportunidad de debatir (y a mí me parece que, básicamente, estas cuatro condiciones están dadas), no hay más que hacer sino resignarse a la voluntad mayoritaria.

Hay otra consideración que, supongo, los jueces también se hacen, y es el efecto de paz o de disgregación social que tienen sus sentencias en un país tan convulsionado como Colombia. ¿Qué puede desencadenar una bofetada a las mayorías? Si hasta los políticos conservadores ya llaman a la desobediencia civil, ¿en qué avalancha de iniciativas disgregadoras no podemos entrar si se tumba esta reforma con meras argucias legales? Pero al mismo tiempo, si la reforma pasa en la Corte, ¿no sentirán ciertos aliados políticos de Uribe que tienen carta blanca para imponer de manera aun más descarada el poder intimidatorio y terrible que tienen en muchas regiones?

En resumen: no estoy de acuerdo con la reelección por motivos políticos y éticos. Pero, por motivos legales y de tranquilidad pública tampoco me parecería adecuado que la reelección se cayera en la Corte. Si observo fríamente la voluntad de las mayorías, tristemente constato que eso es lo que quieren: reelección para reelegir a Uribe (ya después, con otros presidentes, o con este mismo, se arrepentirán). Creo que la mayoría está equivocada, pero también creo que esa mayoría es nítida y se ha manifestado claramente. Me parece, por último, que la Corte no podrá hacer el bien con ninguna sentencia que produzca. Pero quizá pasando la reelección provocaría menos convulsiones sociales inmediatas. Al fin y al cabo, es preferible Uribe a cualquiera de los uribistas; mejor malo conocido que malo por conocer. Como no sabemos lo que hará la Corte, mientras deciden, tiremos una moneda. Y cuando decidan, recordemos que otra de las reglas de la democracia es someterse a las sentencias de los jueces, aunque no estemos de acuerdo con ellas.
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