Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/05/03 00:00

La crisis: una oportunidad dorada

Es indispensable que los que tengan vocación de servicio público, que los que quieran hacer política, empiecen desde ya a trabajar.

La crisis: una oportunidad dorada

Hay que insistir: la crisis es política y no institucional.

Más aun, a pesar de la sensación de catástrofe, de la visión apocalíptica que ha invadido a algunos, en especial a los periodistas y columnistas de opinión, vamos hacia mejor. Me explico: a la sociedad y a la política les es sano y útil lo que acontece. Antes las autodefensas ilegales contaban con miles de hombres en armas.

Hoy hay muchos menos, aunque aparezcan bandas emergentes que no son sino grupos de sicarios sin ninguna pretensión contrainsurgente y a los que hay que combatir hasta su exterminio. Antes las víctimas rumiaban solas su dolor y no tenían descanso. Hoy ven a los verdugos en la cárcel y empiezan a obtener verdad, justicia y reparación. Antes esos grupos armados ilegales controlaban buena parte de la vida social y las administraciones de casi todos los departamentos del Caribe y tenían amplia influencia sobre varios del interior. Hoy sus jefes están privados de la libertad y a la defensiva y se ha iniciado un proceso de limpieza que, aunque inacabado, va en la ruta positiva. Antes centenares de políticos profesionales y decenas de parlamentarios no tuvieron reparo alguno para aliarse con los criminales. Ninguno de ellos pagaba por sus culpas. Hoy muchos están vinculados a procesos judiciales que deberán concluir con su condena. El proceso de depuración, aunque en ocasiones lento hasta la exasperación, se va desarrollando y tiene un impulso inatajable.

Aun pendientes, la farcopolítica y la elenopolítica harán también su contribución, más temprano que tarde, a la superación de la enfermedad. A ver si de una vez y para siempre se entiende el daño que hacen el uso de la violencia con fines políticos y la combinación de todas las formas de lucha. Ojalá sea esta la oportunidad para marginar del todo a aquellos dinosaurios que justifican la violencia política y pretenden tratamientos favorables para quienes hacen uso de ella. Sus posiciones han contribuido a tanta sangre, a tanto mal, que no tienen perdón.

Así que, contrario a lo que se dice, transitamos por el camino correcto. De hecho, vamos por el único aceptable en una sociedad democrática. Superados los dolores del ajuste, de la expulsión de los tumores repugnantes, la sociedad y la política estarán mejor, mucho mejor que antes. Se dirá, y es verdad, que mientras perviva el narcotráfico habrá infiltraciones y maniobras para penetrar la política y las instituciones. Confiemos, sin embargo, en que la lección esté aprendida y que en adelante la sociedad estará alerta y la respuesta será más rápida y más efectiva.

La crisis, entonces, es buena. Prueba, además, la fortaleza del sistema judicial, más allá de las críticas, algunas justas, que merecen ciertos desafueros. Y nos está dando una oportunidad única para la renovación política y para el surgimiento de nuevos liderazgos regionales y nacionales. En 2010, en el segundo centenario del grito de independencia, habrá ocasión para el surgimiento de figuras políticas incontaminadas, lejanas a las mafias, sin vínculos con grupos armados ilegales y ajenas a las prácticas clientelistas a las que han pretendido acostumbrarnos.

Quiéranlo o no, los partidos necesitarán gente nueva, con pasado impecable y distinta de los políticos profesionales, con la cual surtir sus listas a Senado y Cámara de Representantes. No podrán darse el lujo de rellenarlas con los de siempre y con quienes puedan tener cadáveres, lo digo literalmente, en el clóset.

La oportunidad, pues, está servida. Y hay que prepararse para aprovecharla. Es indispensable que los que tengan vocación de servicio público, que los que quieran hacer política, empiecen desde ya a trabajar. La política es un sistema que no admite vacíos. Todos los espacios se llenan, sin excepción. Que sea con la gente buena, con los honestos, con los más preparados.

Como la crisis es política y no institucional, las soluciones están en las reformas políticas y no en los saltos al vacío. Por eso hay que rechazar todas las propuestas que supongan un debilitamiento institucional o que impidan la renovación indispensable. Entre ellas, las ideas tremendistas e irresponsables de otra asamblea constituyente, la revocatoria del Congreso y la de su elección anticipada. Todas producen innecesarias incertidumbres, generan inseguridad jurídica y espantan a los inversionistas nacionales y extranjeros. Para peor, ninguna garantiza los objetivos que se están buscando.

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