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Opinión

  • | 2000/10/16 00:00

    La cubanización del Caguán

    Cómo han cambiado las epocas. Antes los secuestradores de aviones tenían que llevarlos hasta La Habana, donde buscaban obtener la protección del régimen castrista.

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Cómo han cambiado las epocas. Antes los secuestradores de aviones tenían que llevarlos hasta La Habana, donde buscaban obtener la protección del régimen castrista. Ahora los secuestradores no tienen sino que llevar los aviones al Caguán, para obtener la protección de la guerrilla.

Quiero pensar que las Farc no tenían planeado que el delincuente Arnubio Ramos se fugara y les cayera del cielo.

Y hasta cierto punto es entendible, pero desde todo punto de vista inadmisible, que se nieguen ahora a entregárselo a un Estado cuya autoridad desconocen y contra la cual se encuentran alzados en armas. Por eso no veo claro cómo va a lograr el gobierno colombiano salir de este atolladero, porque prácticamente no tiene salida.

La gravedad del asunto consiste en que dejar pasar este episodio es aceptar como precedente que, para evadir la acción de la justicia, en adelante los delincuentes se refugien en la zona de despeje, desde los secuestradores comunes, los asesinos o los jaladores de carros, hasta los presos de las cárceles que en un futuro no muy lejano resuelvan insubordinarse y eventualmente tomar rehenes para canjearlos por su traslado a la zona del despeje, donde lo peor que puede pasarles es que los condenen a aprender a leer y a escribir. Es, nada más ni nada menos, que la cubanización del Caguán.

El caso del secuestrador Arnubio Ramos es la ‘prueba reina’ de que las Farc poseen el control total sobre una zona del territorio colombiano, donde no operan las autoridades legítimamente constituidas sino un gobierno local de la guerrilla que dicta a su antojo las reglas de la convivencia y que administra justicia a su manera.

Por desgracia, el desafío lanzado por las Farc contra el Estado colombiano con la decisión de proteger al secuestrador Arnubio Ramos confirma la denuncia hecha por el fiscal Alfonso Gómez: “Primero hubo el despeje militar —cuando el gobierno aceptó retirar el Ejército del Caguán para permitir la presencia armada de la guerrilla; después vino el despeje judicial, cuando las Farc expulsaron a una fiscal de San Vicente; y por último vino el despeje religioso, cuando el turno fue para el párroco de San Vicente, expulsado por criticar a las Farc”.

Ejerciendo jurisdicción propia en un territorio autónomo sobre el cual impone su propia justicia y su propio sistema de tributación, la guerrilla podría estar ensayando una estrategia para ‘horizontalizar’ la negociación. Ella ya no sería vertical, entre el Estado colombiano y un grupo guerrillero que le ha declarado la guerra, sino entre dos poderes de similar naturaleza. Y ese sí que sería un formato de negociación peligroso para el gobierno.

Insistir en que en el Caguán se realicen elecciones municipales es una manera bastante ingenua de vendernos la idea de que en la zona de despeje todavía gobierna el Estado colombiano. ¿Es que acaso existe una sola posibilidad de que candidatos distintos a aquellos escogidos y avalados por las Farc logren ganar las elecciones en cualquiera de los municipios del despeje? No basta la seriedad que pretende meterle el registrador Iván Duque a la afirmación de que “su misión es llevar las urnas a donde el gobierno diga”, para que nos comamos el cuento de que las elecciones en la zona de despeje serán libres y reglamentarias.

La gravedad del episodio del avión secuestrado implica que el gobierno no puede aplazar más la decisión de endurecer su posición negociadora metiéndole reglamentación al proceso. Se nos olvidó, o sencillamente decidimos pasar por alto, el hecho de que antes de negociar la paz hay que negociar la guerra. La verdad es que el mal uso de la zona de despeje es producto directo de un proceso que está siendo mal negociado, y que podría terminar por comprometer gravemente la situación del propio Presidente de la República.

La ley lo faculta para despejar ciertas zonas del territorio para que en ellas puedan adelantarse diálogos y negociaciones con la insurrección. Pero no lo faculta para despejar ciertas zonas sobre las cuales es impotente para evitar que se conviertan en paraísos de impunidad.

Aunque entendiblemente, por la complejidad del tema, el gobierno ha pretendido minimizar el episodio, y las advertencias del comisionado Camilo Gómez apenas si vienen ocupando entre cuatro y cinco renglones de los periódicos, el peligro de que se nos cubanice el Caguán está latente.

Por lo pronto, el absurdo de esta situación se resume así: las Farc no pueden entregar al secuestrador del avión, pero tampoco pueden no entregarlo. Y en cuanto al gobierno, éste está en incapacidad de exigir que le entreguen al secuestrador pero tampoco puede no exigir que se lo entreguen. El que tenga alguna idea para salir de este atolladero, que levante la mano.



Entretanto... ¿Qué le pasa a Carlos Vives, que a pesar de su maravillosa ‘Fruta fresca’ no se gana ni la boleta de una rifa?
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