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Opinión

  • | 2000/09/18 00:00

    La cuerda floja

    Los planes Perú y Bolivia funcionaron bastante bien: no porque disminuyera la coca que llega a Estados Unidos, sino porque los cultivos se pasaron a Colombia.

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Cerca de 800 funcionarios, técnicos, expertos y asesores han venido a preparar la visita del presidente Clinton y su combo de 30 congresistas. Esto quiere decir que el Plan Colombia va en serio y que su ejecución va a estar sujeta a instrucciones detalladas.

Cada ‘operación especial’ que diseña Washington tiene un objetivo preciso y una idea definida sobre cómo lograrlo.

La idea puede ser errónea, pero se basa en datos y análisis rigurosos. Y como en Colombia circulan más rumores que datos y más pasiones que análisis acerca del Plan Colombia, no sobra recordar el punto de vista norteamericano.

Es muy sencillo. El objetivo específico del Plan es acabar o disminuir sustancialmente los cultivos de coca, empezando por 19.000 hectáreas en el Putumayo. La experiencia de la DEA en distintos países, en especial Perú y Bolivia, muestra que esto se logra mediante la erradicación (a las malas) y la sustitución de cultivos (a las buenas). Pero Colombia tiene una peculiaridad que enreda tanto la erradicación como la sustitución: los ‘actores armados’, en especial las Farc, protegen las siembras porque viven de ellas.

Por eso el Plan Colombia es una variante del ‘Plan Bolivia’ y del ‘Plan Perú’. Si se lo mira como debe mirarse —es decir, por la destinación de los dólares— se trata de mucha represión policial y judicial (43 por ciento) más un poco de sustitución de cultivos (10 por ciento). El 47 por ciento restante corresponde a la peculiaridad de Colombia: 40 por ciento en apoyo militar y 7 por ciento en aliviar las consecuencias del conflicto militar (desplazados, derechos humanos y proceso de paz).

Los planes Perú y Bolivia funcionaron bastante

bien. No porque disminuyera la cantidad de coca que llega a Estados Unidos, sino porque los cultivos se pasaron a Colombia, donde están protegidos por la guerrilla. Y ésta es la duda grande que flota sobre el Plan: ¿Será que para acabar los cultivos en Colombia hay que acabar primero con la guerrilla?

Estados Unidos se aferra a pensar que no. Lo hace por dos razones hondas. Una corresponde a la memoria y todos la repiten: “Remember Vietnam”. La otra corresponde a la verdad pero nadie la dice: si los cultivos salieran de Colombia se irían para Ecuador o cualquier otro país; ¿y entonces qué sentido tendría meterse en una guerra a fondo contra las Farc?

Por eso el Plan Colombia no está diseñado para atacar las Farc. Está diseñado para atacar la coca, y ‘sólo a este título’ prevé dos impactos adversos sobre la guerrilla. El uno es militar: combate abierto cuando los ‘muchachos’ se atraviesen en una acción antidroga. El otro es económico: sin plata de la coca se moriría la guerrilla. Y así llegamos a una hipótesis exactamente opuesta a la anterior: para acabar la guerrilla hay que acabar primero con la coca.

El futuro de Colombia depende de cuál de las dos hipótesis acaba por imponerse.

Para el Ejército y la mayoría de los colombianos, el objetivo no es la droga sino la guerrilla. Aceptar la hipótesis de los americanos sería resignarse a un camino demasiado largo (el de acabar primero con la droga) y además sería distraer esfuerzos y recursos del frente principal. Es el riesgo del Batallón Antinarcóticos y el de meter dinero nuestro en el mismo talego con el gringo.

Pero si los americanos acaban por comprar la versión colombiana, acabarán metidos de cabeza en la guerra. Ya hay dos señales sueltas en el aire: la enmienda que permite enviar tropas si ‘asesores’ gringos están en peligro, y la ‘aclaración’ del senador Gilman, luego del embajador Kamman y ahora del delegado McKay en el sentido de que los helicópteros pueden ser usados para ‘auxiliar’ policías y otros menesteres. Es el asomo de El Salvador y aun el asomo del asomo de Vietnam (como ya lo insinuó Bush).

Y como los gringos saben lo mucho que hay en juego, mandaron 800 funcionarios.
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