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Opinión

  • | 2015/02/27 15:52

    La dama de hierro

    ¿Por qué la fiscal Alexandra Ladino es hoy la mujer más importante de la justicia en Colombia?

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Hace apenas dos años la fiscal Alexandra Ladino Pinzón llegó a la sede de Interbolsa, en el norte de Bogotá, con una certeza y muchos interrogantes. “Si estos señores son culpables, deben ir a la cárcel. La justicia en el país no debe ser sólo para los de ruana”, sentenció. Sus numerosas preguntas, en cambio, pasaban por una maraña imposible de descifrar para cualquier neófito: ¿Aquí hubo captación masiva y habitual de dinero?, ¿manipulación de especies?, ¿concierto para delinquir?, ¿lavado de activos? ¿Hubo traslado de divisas por varios países a través de cuentas secretas?

Al llegar a lo que se podría considerar la escena del crimen no encontró un cadáver junto a un arma con las huellas del asesino sino unas limpias y modernas oficinas. Por allí pasaba una romería de personajes de la alta sociedad para charlar animadamente con sus anfitriones: Juan Carlos Ortiz, Tomás Jaramillo y Víctor Maldonado, entre otros.

Por aquellos días, cualquier miembro de altísimo estrato los identificaba bien fuera por haber compartido fotografías en las páginas sociales de las revistas, haber departido en glamurosas fiestas de fin de año o haber brindado en la preciosa piscina del Hotel Santa Clara de Cartagena. En un país tan marcadamente clasista, la fiscal no se dejó intimidar por estos factores ni tampoco porque al caso entraban en una puja jurídica algunos de los mejores abogados del país: Ricardo Calvete, Augusto Ibáñez, Mario Iguarán, Jaime Granados, Jaime Lombana, Iván Cancino, Francisco José Sintura, entre otros. Por aquellos días, además de desconocer el tema ella se enfrentaba como única mujer a un caso en el que todos los protagonistas eran hombres. No es un asunto marginal en una sociedad tan arraigadamente machista.

Con su tono de voz firme, claro, seguro inició su trabajo.  ¿Qué son esos números? ¿Qué significa esto? ¿Qué quiere decir aquello? Preguntaba con una honestidad que confundía a muchos. “Esa señora no sabe nada del asunto”, ironizaban algunos.

Con esa tranquilidad que la caracteriza, la fiscal llamó a la Superintendencia Financiera, a la Bolsa de Valores, entre otras entidades, para pedir ayuda. Con la misma disciplina de hierro con la que había brillado en sus épocas de estudiante empezó a aprender de delitos financieros en un curso acelerado cuyos sindicados no eran villanos que dejaran huellas sino hombres de cuello blanco, perfume fino y semblante de decencia.

Entonces, día a día, esta abogada de la Universidad Externado de Colombia con dos especializaciones en la  misma institución –una en Derecho Penal y Ciencias Criminalísticas y otra en Ciencias Penales y Criminología– empezó a nadar como pez en el agua en tan complejo asunto. “Estoy seguro de que el equipo de la doctora Ladino –escribió el año pasado Alberto Donadío, uno de los mejores periodistas investigadores en la historia del país– ha destapado todas las ollas podridas y tiene unos casos certeros y contundentes que van a terminar con unas condenas contundentes”.

La opinión pública, sin embargo, exigía más. Ella no cedió a la presión del auditorio y continuó con método y sin dejar un dato al azar. “Este equipo ha trabajado profesionalmente, ha aprendido de un tema muy técnico y ya está en capacidad de seguir investigando este tipo de conductas para evitar que situaciones como la de Interbolsa se vuelvan a presentar y, de presentarse, que sean castigadas ejemplarmente”, pronosticó Donadío.

Y en efecto, en la noche de este jueves Juan Carlos Ortiz y Tomás Jaramillo pasaron ya su primera noche en la cárcel por un fraude que dejó como víctimas más de 1.000 personas. La defensa de Ortiz, en una declaración llamativa, reconoció las virtudes de la funcionaria. Contó que ella sencillamente los descrestó en la audiencia de imputación de cargos al llegar con un arsenal de pruebas sólido y evidente que daban para “felicitarla”.

La fiscal no sonrió por este triunfo profesional. Serena, amable, optimista, mantuvo su temple. Rasgos que la identifican cuando se desempeña en su oficio en el búnker de la Fiscalía, donde además tiene asignada otra enorme cantidad de tareas como los falsos testigos. Siempre seria, cuidadosa de cada palabra que pronuncia, sin cambiar el tono de voz ni recurrir a la euforia, explicó: “La justicia no puede ser solamente para los de ruana, y el material probatorio es suficiente para determinar que los sujetos realizaron actividades ilegales con dinero que les entregaban los socios del fondo”, dijo al enviar a los sindicados a la cárcel.

“Los comportamientos exteriorizados entonces resultan ampliamente censurables, pues sin recato alguno y persiguiendo fines egoístas de incrementar el patrimonio de unos pocos en sacrifico de los derechos de la comunidad, de los inversionistas y asociados, han incurrido en las conductas punibles que se les indilgan”, añadió.

Incorruptible, disciplinada, enérgica, ha sido en varias ocasiones vicefiscal encargada, un logro que se ganó a puro pulso. Ha ido ascendiendo escalón a escalón en esta entidad durante dos décadas. Allí llegó sin recomendación alguna. Con su hoja de vida y con una obsesión: hacer justicia en Colombia.

* Director de Semana.com
Twitter: @armandoneira
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