Martes, 21 de octubre de 2014

| 2013/03/09 00:00

La decisión de Maduro

La tarea pendiente que tendrá que afrontar Maduro, si quiere sacar avante la revolución de Chávez, es el pluralismo.

Foto: SEMANA.

Los funerales de Chávez dejaron boquiabierto al mundo. Para ser un hombre tan controvertido, las demostraciones de afecto del pueblo venezolano, de sus amigos antiguos y recientes, indican queera algo más que un loquillo megalómano y disparatado, como han querido mostrar sus adversarios.

La muerte del caudillo, prematura y dolorosa, es sin embargo una oportunidad para saber a ciencia cierta si lo que hay en Venezuela es el fenómeno de unas masas arrobadas por un líder carismático,o una verdadera revolución. Sí más allá de la adhesión fervorosa al líder, hay una organización política capaz de mostrarle al mundo un modelo de sociedad diferente.

A estas alturas pocos pueden negar que Chávez le apostó genuinamente al cambio social. Que durante los 14 años de su gobierno los pobres no sólo tuvieron misiones asistencialistas: también voz y acceso al poder. Su propio sucesor, Nicolás Maduro, es fruto de esa revolución. Exconductor de bus, sindicalista de izquierdas, formado en las lides del trabajo de base, llegó a lucirse como canciller a pesar de los improperios que le llovieron en sus primeros años como diplomático.

La opción por los pobres y la apuesta por una América Latina unida e independiente son el legado más importante que deja Chávez. El resto es mucho más discutible: una economía rumbo a la catástrofe, unas instituciones debilitadas, un anula separación de poderes, una corrupción y una violencia callejera endémicas, y una polarización enquistada en el alma nacional.

Maduro recibe el legado de Chávez, con todo lo bueno y lo malo que eso significa. En adelante la decisión que deberá tomar el ungido es si se atrinchera en el remedo del caudillo muerto (aunque digan que su alma sigue vagando por ahí) o si completa la tarea pendiente que este le ha dejado. Incluido destorcer lo que anda mal.

El sociólogo Boaventura De Sousa Santos dio en el clavo esta semana, cuando en un lúcido análisis advertía que lo que sigue en Venezuela es fortalecer las instituciones y profundizar la democracia. Incluso al interior del PSUV, donde la febril adhesión al amado líder ha opacado el debate y la crítica. Al fin y al cabo, Chávez se formó como militar, actuó siempre como militar y gobernó con los militares.

Comparto con De Sousa Santos que la tarea pendiente que tendrá que afrontar Maduro, si quiere sacar avante la revolución de Chávez, es el pluralismo.Admitir de manera más serena las diferencias, generar una cultura de la crítica y del sano debate.

Chávez, y su mesianismo, cohesionó un sector muy importante de la sociedad venezolana. Pero excluyó radicalmente otra. Sin él, son las instituciones democráticas las que pueden mantener la unidad y la paz en un país cansado de tanta pugnacidad.

No hay mal que por bien no venga, y a lo mejor los cambios que requiere el proceso venezolano no hubiesen sido posibles con Chávez, quien a pesar de su carisma, o quizá por él, se comportaba como un autócrata.

Maduro, en caso de que sea elegido, podría aportarle a la revolución bolivariana una mayor apertura, y menos sectarismo. Si no le da por jugar al caudillo. Una tentación que para cualquier sucesor de Chávez siempre estará ahí. Porque aunque no está probado que el cáncer se pueda inocular, sí hay evidencia de que el apego al poder se contagia. ¡Y de qué manera!

Twitter: @martaruiz66

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