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Opinión

  • | 2011/02/12 00:00

    La democracia arrincona a ETA

    Fue Baltasar Garzón, con la autoridad moral de haber perseguido a los promotores de los GAL, quien logró la ilegalización de Batasuna, que se convirtó en un gancho de ETA hacia la paz.

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El 8 de enero, ETA, el grupo armado que por más de 50 años se ha enfrentado al Estado y a la sociedad española, declaró un alto al fuego "permanente, general y verificable". El 7 de febrero Batasuna, brazo político de ETA, presentó unos nuevos estatutos y señaló que "rechaza la violencia o la amenaza en cualquier forma". Ante estos hechos, Patxi López, jefe del gobierno vasco, afirmó: "ETA ha empezado a asumir que su final es inevitable".
 
España está ahora muy cerca de la paz completa. Puede, además, estar orgullosa de haber superado el "terrorismo de Estado" y la "guerra sucia" al enfrentar la amenaza subversiva. Especialmente orgullosa, en los últimos años, de su apego a la democracia y al Estado de derecho, a la hora de buscar el final de la acción armada de ETA.
 
Euskadi Ta Askatasuna o, en español, País Vasco y Libertad, es ahora una organización sin mayor potencia militar y con graves dificultades en su convocatoria política. Sus actividades golpean a la gente indefensa y sus consignas nacionalistas, algunas de ellas justas, han perdido toda resonancia.
 
Pero no se debe olvidar que en diciembre de 1973 fue capaz de asesinar a Luis Carrero Blanco, jefe del gobierno español, en una céntrica calle de Madrid. También logró mantener, por largo tiempo, una cifra que rondaba los 200.000 votos para su brazo político y en algún momento puso en el Parlamento vasco 13 de los 75 diputados.
 
El miedo al desborde del nacionalismo pregonado por ETA y el desespero que producían las acciones terroristas llevaron a funcionarios del gobierno de Felipe González a urdir una trama de "guerra sucia". De 1983 a 1987 operaron en España los GAL, Grupos Antiterroristas de Liberación, que fueron responsables de 23 asesinatos, de varios secuestros y de numerosos actos de tortura y detenciones arbitrarias a personas del entorno político de ETA.
 
En complicidad con estos grupos actuaron 11 altos funcionarios del gobierno, entre quienes se encontraban José Barrionuevo, ministro del Interior, y Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad, tal como quedó demostrado en los juicios que el juez Baltasar Garzón dirigió a mediados de los años noventa.
 
Algunos analistas le atribuyen la derrota sufrida por Felipe González y el Psoe en las elecciones de 1996 a la crisis generada por el destape de estas acciones ilegales realizadas desde el más alto gobierno. En todo caso, fue un escándalo que estremeció a la sociedad española y que generó un ambiente de "nunca más" apelar a grupos parapoliciales y a métodos ilegales para conjurar la amenaza de quienes recurren a las armas para combatir al Estado.
 
De ahí en adelante los españoles se dedicaron a salir a las calles a protestar por los atentados de ETA; a perseguir a los miembros de la organización con procedimientos legítimos; a presionar legalmente a los dirigentes y activistas de su brazo político para que rompieran sus nexos con la violencia; a buscar negociaciones de paz que pusieran fin al alzamiento armado.
 
Euskadi Ta Alkatasuna, en cambio, se inclinó aún más hacia el terrorismo y al atentado personal hasta llegar al secuestro y al asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal del Partido Popular, que suscitó una protesta ciudadana sin precedentes en toda España, debilitó el apoyo a ETA y puso en la mira de la justicia a Batasuna.
 
Fue precisamente el juez Baltasar Garzón, con la autoridad moral que le confería el haber llevado a juicio a los promotores de los GAL, quien se puso a la cabeza de la ilegalización de Batasuna y logró su cometido en 2003. Batasuna se convirtió, por la exigencia de la justicia, en un gancho para arrastrar a ETA hacia la paz.
 
Si el augurio de Patxi López se cumple y en el curso del año se logra poner punto final al alzamiento armado de ETA y dar paso a la participación de su fuerza política en las elecciones vascas, el mundo tendrá una gran lección de conquista de la paz apelando a la presión democrática, a la fuerza legítima y a procedimientos judiciales limpios.
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