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Opinión

  • | 2008/06/20 00:00

    La democracia ejemplar en politiquería

    El sistema electoral en nuestro país es tan laxo, que cualquier persona que hoy políticamente se define como liberal, mañana pueda pasar sin sufrir penalidad alguna a decir públicamente que es independiente, y luego que es de la izquierda democrática.

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Hay quienes han dicho públicamente que Colombia posee una de las mejores democracias de América Latina. No sé cuales sean los indicadores de las personas que opinan de esta manera, pero a juzgar por los recientes hechos en nuestro país, puedo asegurar que están muy equivocados.

Colombia, es el único lugar del mundo en el que basta con desplazarse hasta el Estadio Nemesio Camacho El Campín, a un Clásico Santa Fe – Millonarios, recoger unas cuantas firmas, y ya se puede crear una nueva fuerza política nacional, que presenta listas de candidatos a Senado y Cámara, ofreciendo una cosa y la otra, sin ningún fundamento ideológico ni político, que los distinga de los tres únicos partidos políticos, que a mi modo de ver, sí tienen un contenido programático y político en sus ideas (Conservatismo, Liberalismo y Polo Democrático).

Los demás no son sino un sancocho de intereses particulares que se juntan con el único objetivo de pasar un umbral. Prueba de esto son la U, Cambio Radical, Apertura Liberal, Colombia Democrática, Colombia Viva, Alas Equipo Colombia, etc. Por esto no se me hace raro que se haya extendido tanto lo que se conoce con el nombre de parapolítica, que no es sino la unión del narcotráfico, el paramilitarismo, y la corrupción política administrativa.

El sistema electoral en nuestro país es tan laxo, que cualquier persona que hoy políticamente se define como liberal, mañana pueda pasar sin sufrir penalidad alguna a decir públicamente que es independiente, y luego que es de la izquierda democrática. Así mismo un individuo desconocido en el panorama nacional puede crear un partido nuevo, y de tener unos cuantos fajos de billetes en el bolsillo, resultará elegido como congresista, o en algún cargo regional, así nadie sepa de dónde viene, quién es, y qué liderazgo o trayectoria tenga para aspirar a un cargo de elección popular.

Si las reglas electorales fueran más severas creo que no tendríamos que vernos abocados a escuchar todos los días señalamientos que van y vienen de un lado para otro, de que fulanito de tal tuvo vínculos, bien sea, con el paramilitarismo o con el narcotráfico. Tampoco veríamos el gobierno central, que debería apoyar a los entes judiciales para que manden a la cárcel a los infiltrados de los armados en las instituciones democráticas, en realidad no los apoye. Y diga públicamente que si actúa la justicia, se pueden desestabilizar las instituciones.

Pero además, con una democracia consolidada no veríamos jamás al Ejecutivo, desquitándose, buscando levantar otro escándalo de iguales proporciones al de la parapolítica, con personas que hacen parte de la oposición. Se ha querido vincular a varias figuras críticas del gobierno a las Farc, porque sus nombres aparecen en un portátil incautado a un guerrillero muerto en un ataque; portátil del que quisiera conocer su marca para comprar uno igual, ya que es muy difícil encontrar uno que sea inmune a bombardeos.

No son las mismas las evidencias que prueban que una persona ha sido apoyada electoralmente por paramilitares, que las que se buscarían para demostrar que alguien fue respaldado por la guerrilla. La guerrilla sabotea elecciones porque busca sabotear la democracia; no le interesa participar del establecimiento, pues no creen en él y tampoco lo quieren como está diseñado.

Otro elemento por el cual no creo que seamos el ejemplo de la democracia en América Latina, es por la manera como se hace política. Esta, en lugar de hacerse bajo argumentos, ideas y programas como es el derecho de las cosas, se hace con canastas llenas de mercados, materiales de construcción, proyectos de palmicultivos, promesas de puestos en altos cargos, útiles escolares, y cheques del Programa Familias en Acción en los consejos comunitarios. Les diría a los analistas que la realidad de Colombia es que somos el mejor ejemplo de América Latina, no en política, sino en politiquería. Pero esto, a pesar de que es pan de todos los días, no se le puede pasar por alto, mucho menos si tenemos en cuenta la Yidispolítica, mediante el cual se pretende judicializar a quienes hicieron de las suyas para que la reelección de Álvaro Uribe fuera un hecho,

Ahora al Partido de la U le dio por promover una segunda reelección del presidente Uribe. Y aunque el primer mandatario no ha dado el sí públicamente, se sabe que él conoce muy bien este asunto y su silencio es la mejor muestra de su complacencia. Siempre he pensado que la suerte de la U está atada a la permanencia de Uribe en el poder y los hechos me están dando la razón, entre otras porque él es el único que puede mantener este partido político unido. Pero no por mantener unido a un partido se puede eternizar a una persona en el poder, provocando un desequilibrio institucional que más adelante el país lo podría lamentar.

A Colombia le ha llegado la oportunidad única y feliz de salvar su democracia, y esto sólo lo puede hacer en la medida en que apoyemos de manera irrestricta a quienes hacen el trabajo de blindar las instituciones de los actores armados y del narcotráfico, pero también concientizando a sus ciudadanos que la política se ejerce con ideas y programas. En el momento de crear partidos y movimientos, primero se debe pensar en que se le va a ofrecer al país como partido, para luego si darse a la tarea de su creación y no al revés como comúnmente ocurre. Si en este país se actúa como la lógica lo indica, estoy seguro de que algún día seremos el mejor ejemplo de América Latina en política y democracia, mientras seguiremos siendo el mejor ejemplo, pero en politiquería.


Sevioscar@hotmail.com






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