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Opinión

  • | 2002/03/18 00:00

    La derechización

    Las Farc se han convertido en una fuerza de derecha. Tanto en la ideología (la fe en la violencia) como en los efectos de su acción política

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Aqui se estan derechizando todas las partes implicadas. Y lo digo con preocupación, porque no soy de los que piensan que ‘derecha’ e ‘izquierda’ sean simples términos neutros de definición en el arco político. Creo que la derecha es la violencia, la exclusión, la destrucción. Y esas cosas me parecen malas, cualquiera que sea el pretexto.

Nuestro Establecimiento, por supuesto, ha sido siempre de derecha: de una extrema derecha que haría ruborizarse a gente tan dura como el generalísimo Franco o el gran inquisidor Torquemada, a quienes nunca les tembló el pulso ante un fusilamiento o una hoguera. Sobre los paramilitares tampoco hay que extenderse: Carlos Castaño y sus secuaces, y quienes los apoyan y financian, son los representantes más puros de la ultraderecha violenta rural y terrateniente, que es el origen de la derecha. Hasta ahí, y aunque exagerada, la cosa es normal. Pero además se ha derechizado aceleradamente la sedicente izquierda. No sólo porque la izquierda desarmada ha sido exterminada físicamente por la derecha armada, dejando el campo libre sólo a los armados de la izquierda (o sea, por definición, a la derecha de la izquierda), sino porque estos mismos armados de la izquierda han ido abandonando en el ahondamiento de su empresa militar todo lo que no fuera violencia armada: métodos de derecha para fines, inevitablemente, de derecha: dictaduras. Les he oído decir a unos cuantos nostálgicos de la izquierda idealista y libertaria, progresista:

—No les perdono a las Farc que me hayan obligado a volverme de derecha.

Unos lo dicen porque, exasperados ante los desafueros de las Farc, se han pasado, de corazón o al menos de razón, al lado de la derecha que se opone a las Farc. Y otros porque siguen estando de corazón, aunque cada vez menos de razón, del lado de las Farc, y ven que éstas se han convertido en una fuerza de derecha. Tanto en la ideología que las inspira (la fe en la violencia armada), como en los efectos prácticos de su acción política (quiere decir: de su acción militar). Efectos que son por un lado la derechización ideológica de la izquierda y por el otro la destrucción física de todo lo que en Colombia puede, o podía, contribuir al progreso económico y social de la población. “El comunismo son los soviets más la electrificación”, dijo una vez Lenin en frase famosa (poco antes de volverse de derecha). No sé si las Farc estén organizando soviets, es decir, núcleos de trabajadores capaces de administrar la economía y la política, aunque no lo creo: sólo están armando frentes y más frentes para ganar la guerra; pero en cambio salta a la vista que están destruyendo la electrificación que había en Colombia. Su política es sólo estrategia militar, y parece dirigida a un país enemigo. Recuerda la expuesta hace 30 años por un general norteamericano —tal vez Westmoreland— que anunció que su país se proponía “bombardear a Vietnam hasta devolverlo a la Edad de Piedra”. Sin haberlo anunciado, es eso lo que están haciendo las Farc en Colombia.

Es el resultado habitual de la política de “mientras peor, mejor” que mucha veces ha practicado la izquierda en muchos sitios, cuando la ciega esa ansia de poder que es el distintivo de la derecha. Pues no es verdad que la estrategia del arrasamiento arroje a las masas en brazos de la ‘izquierda’: las arroja en los brazos de la derecha verdadera.

Y esa es sin duda la derechización más inquietante de todas las que estamos presenciando en Colombia: la de la gente común. Los desafueros de la izquierda armada están llevando a la derecha a muchos más colombianos que los que se han ido a la izquierda por los desafueros de la derecha. La fuerza del candidato Alvaro Uribe está ahí: en que a esa población derechizada le ofrece soluciones de derecha: responder a la guerra con más guerra.

Con lo cual tendremos más guerra, sí. Pero victoria no: sólo una nueva derrota. Creo que fue Suetonio el que dijo hace casi 2.000 años que lo malo de las guerras civiles es que siempre las ganan los militares. n





Nota que tiene mucho que ver, aunque no lo parezca:

Mientras nosotros estamos distraídos con nuestra guerra local, y con las elecciones, y con las payasadas del Presidente y del Alcalde, resulta que por allá en Washington el presidente George W. Bush se dispone a lanzar bombas atómicas sobre siete países en dos o tres continentes.

¿Figura el nuestro en la lista?

No. Por ahora no.
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