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Opinión

  • | 2007/11/03 00:00

    La derrota de Peñalosa

    Peñalosa fue objeto de una campaña de infundios y calumnias y de un boca a boca que no por mentiroso fue menos devastador

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Fue abrumadora. Hay aquí algunas razones por las que un formidable alcalde como Peñalosa, en buena parte responsable del dramático y positivo giro que ha hecho de esta urbe algo vivible, tuvo tan estruendoso fracaso:

La ausencia de un proyecto de ciudad: la inmensa mayoría de la gente vota movida por emociones y no por análisis racionales. Las emociones que invitan a votar se construyen sobre la percepción ciudadana acerca del proyecto de ciudad que ofrecen los candidatos. Peñalosa no pudo transmitir sus ideas sobre la Bogotá del futuro, la que resultaría de su nueva administración. No tuvo programas 'bandera' y con impacto mediático. No vendió un 'sueño', sino el pasado de su gestión. Era más de lo mismo. Moreno, en cambio, se aferró al metro, y aunque nunca pudo explicar cómo financiarlo, lo usó para vender la idea de Bogotá como una ciudad que "merece" un sistema como ese.

La débil defensa de sus éxitos: Peñalosa, responsable de una verdadera revolución en materia de educación pública, megabibliotecas, cobertura de servicios públicos, ciclovías, parques y alamedas, no sólo no pudo ponerse las medallas que merece su alcaldía en materia social y espacio público, sino que incluso no logró impedir que muchos creyeran que programas que se pusieron en marcha durante su alcaldía, como los comedores comunitarios y 'Misión Bogotá', eran creación de Lucho Garzón.

La explicación inadecuada sobre las debilidades de su gestión: en buena parte identificado con el TransMilenio, Peñalosa cargó con sus defectos y debilidades. La gente, que olvida fácilmente, no recuerda cómo era transportarse antes de su existencia, pero tiene muy presentes, porque los vive cada día, los problemas de aglomeración, inseguridad e insuficiencia de buses transportadores. Al mismo tiempo, los bolardos se convirtieron en la representación de un alcalde que empezó a ser percibido, y no hizo nada para evitarlo, como enemigo de los carros. ¿Habrá que recordar, que el automóvil no sólo es indispensable en una ciudad con aun serias insuficiencias en materia de transporte público, sino que además es un símbolo de ascenso social y una prueba de que es posible ser 'propietario'?

La guerra sucia: nada de lo anterior habría cambiado de manera sustantiva la percepción positiva de Peñalosa, que salió de la alcaldía con un altísimo índice de aprobación, si no hubiera sido objeto de una campaña de infundios y calumnias en su contra y de un 'boca a boca' que no por mentiroso fue menos devastador. ¡En tres meses el negativo del candidato subió a más del 50 por ciento! Moreno, en cambio, consiguió convertir las dudas legítimas que generaban sus propias palabras (la respuesta a Mockus o la entrevista sobre los dictadores y las vías de hecho a Laserna) en una "persecución" de los medios. Se mostró como "víctima" y obtuvo la solidaridad obvia.

La herencia de Lucho Garzón: no hay duda de que Peñalosa garantizaba mejor la continuidad de la gestión social de Lucho y que Lucho se habría sentido más cómodo con éste que con Samuel. Pero la gente identifica a Lucho con el Polo y Moreno estaba en ese tren. En el imaginario popular la izquierda se iguala con preocupación por lo social, aunque con frecuencia sus resultados sean de llorar. El reto desde el centro y la centroderecha es construir un discurso que muestre y demuestre los éxitos sociales de sus políticas.

La organización: Peñalosa no tenía movimiento político y la alianza que lo impulsaba trabajó sin coordinación. Cuadra a cuadra, barrio a barrio, el Polo ha ido construyendo de manera sistemática una organización política seria y estructurada en Bogotá. Sumen Fecode y los sindicatos del Distrito y tendrán una maquinaria aceitada y muy bien financiada. Esa maquinaria es un reto formidable para cualquiera que en el futuro intente ganar la Alcaldía por fuera del Polo.

El carácter: Peñalosa es percibido como distante, frío y soberbio. Moreno, en cambio, es cálido y amigable. Al final no importa que aquel conozca la ciudad como la palma de su mano y éste apenas esté empezando a hacerlo.

La inconsistencia: la gente, que no es tonta, le cobró a Peñalosa tanto ir y venir, tanta voltereta política.

Por último, la mezquindad de los estratos 5 y 6, que prefirieron jugarse su suerte con Moreno para castigar la expropiación de un pedazo del Country Club y las políticas de desestímulo al uso del carro de Peñalosa. Pegarse un tiro en el pie es deporte nacional.
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