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Opinión

  • | 2002/06/06 00:00

    La desinformación que sí me preocupa

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¡Qué paradoja! A la entidad que atiende el 80 por ciento de los enfermos de sida en el país, a la que realiza más de 80.000 actividades asistenciales cada año a los contagiados del virus y a la que destina un millonario presupuesto no sólo en prevención sino en tratamiento y suministro de medicamentos, se acusa ahora de indolente y de violar los derechos a la igualdad y a la dignidad humana.

Triste y decepcionante es el escrito del señor Manuel Antonio Velandia a quien en la página OnLine de Semana tuvo la osadía de clasificar mis sentimientos frente a los muertos. ¡Qué tal! Velandia, de quien me informan aspiró al Congreso y falló en el intento, titula así: "Las muertes que no le preocupan a Fino". Para su información aquí sí nos preocupamos por la salud pública y no sólo de los contagiados por el sida sino también por los miles de colombianos a los que se les hace selección adversa y son rechazados en otros lados.

La verdad, esta reflexión la hago no por la ofensa personal de Velandia al atribuirme impresiones ajenas a mi conciencia, sino por la injusticia que se comete con el ISS, entidad que es la receptora de la mayoría de los enfermos de alto costo y en quienes el Instituto invierte cada año alrededor de 360.000 millones de pesos.

Flaco servicio le hace este tipo de comentarios a la entidad que en este año ha atendido 5.000 casos de sida (1.600 en Bogotá) y que en muchos casos ha tenido que realizar esfuerzos presupuestales para suministrar medicamentos que no están dentro del POS y que además tiene un extenso Programa Seccional Interdisciplinario conformado por médicos, sicólogos, trabajadoras sociales, educadores, enfermeras, auxiliares de enfermería y odontólogos. Este esquema tiene reconocimientos por parte de la Organización Panamericana de Salud (OPS) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).



Sería bueno que el comentarista citado averiguara cuál es el monto de los recursos destinados a la atención del sida en otras entidades del sector, quiénes tienen programas concretos de prevención y promoción del virus y a qué entidad buscan, así sea por la vía de la tutela, cuando se detectan los casos y ninguna otra EPS los admite.



También sería oportuno que los críticos promovieran un gran debate en torno a qué tipo de salud es la que se requiere en Colombia y, como lo han reiterado funcionarios del Ministerio de Salud, cuánto estaríamos dispuestos a pagar por ella. No es culpa del ISS y de las otras EPS que de los 17 medicamentos admitidos por la comunidad científica para tratar el sida, como lo señala Velandia, solo 7 fueran aprobados por el Comité de Seguridad Social en Medicamentos. Lo mismo sucede con la carga viral, que es tema recurrente de tutelas y por la cual en el artículo se me acusa de violar el derecho a la igualdad. ¿Qué hago? ¿Me salgo de las normas y de las leyes?



Yo no estoy pidiendo ningún reconocimiento a mi gestión. Vine aquí porque creo en los postulados de la salud pública como instrumento de equilibrio social. Pero sería bueno que se mirara el conjunto de indicadores y con sobriedad, sin amarguras, fuéramos más allá de algunos asuntos puntuales. Por ejemplo, por qué no se habla de las 54 millones de actividades médicas que se hicieron el año pasado, de los 50.000 niños que nacen cada año en nuestras clínicas y Centros de Atención Ambulatoria, de los 13 millones de exámenes de laboratorio y de la contribución del ISS en la erradicación de enfermedades contagiosas.



Reconozco que tenemos dificultades y que el ISS no es cinco estrellas. Sin embargo, en ella están 4 millones de afiliados y beneficiarios, la mayoría de los segmentos más desprotegidos de la población. Insisto en que nos acostumbramos a criticar por los cinco centavos que hacen falta para el peso y no por reconocer los 95 que ya recogimos.



Y finalmente, me pregunto: ¿Estará alguien interesado en atender, tratar y suministrar los medicamentos a los 5.000 pacientes de sida que hoy tenemos? Creo que las cosas hay que valorarlas en su justa dimensión y no caer en aforismos sensacionalistas y perversos.



*Director del Instituto de Seguros Sociales



Las muertes que no le preocupan a Fino. Por: Manuel Antonio Velandia
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