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Opinión

  • | 2011/05/07 00:00

    La dramática situación de la izquierda

    El castigo llegó. Han perdido buena parte de sus electores, están viviendo el calvario de sus escándalos de corrupción y el gobierno de santos ha tomado algunas de sus banderas.

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No sé qué tanto les duela a los dirigentes del Polo Democrático la grave crisis que atraviesa la izquierda colombiana. Uno habla con ellos y no percibe tristeza alguna. Tampoco sé cuánta responsabilidad aceptan en la debacle. Porque tienen una explicación para todo: que la derecha uribista fraguó una conspiración para destruirlos, dicen; que la salida de Lucho Garzón y de Gustavo Petro es algo lógico por las diferencias políticas y las violaciones a la disciplina interna, argumentan. Solo se me ocurre la palabra desidia para nombrar esta actitud.

Los 2.600.000 electores que acudieron a votar por Carlos Gaviria en 2006 y las 900.000 personas que llevaron a Samuel Moreno a la Alcaldía de Bogotá merecen algo distinto. Merecen que les digan cómo dilapidaron ese capital político y tienen el derecho a reclamar un cambio de rumbo y una renovación de los dirigentes.

Acabaron con una ilusión. La izquierda salió de la marginalidad en la que había estado a lo largo del siglo XX. Obtuvo dos triunfos consecutivos en la principal Alcaldía del país. Conquistó una gran votación en una contienda presidencial en la que Uribe gozaba de todas las ventajas para su reelección. Esas victorias alimentaron el sueño de que la izquierda podría acceder al poder nacional en el corto plazo.

Bastaba con darles continuidad a la transparencia y al liderazgo de Lucho Garzón en Bogotá y realizar una oposición inteligente, constructiva, plena de argumentos y de propuestas en el plano nacional. Bastaba con mantener el espíritu unitario con el que se fundó el Polo Democrático y asumir la decisión de encabezar una gran coalición de todas las fuerzas políticas y sociales que se apartaban del presidente Uribe.

Nada de esto ocurrió. Las diversas corrientes del Polo Democrático se enfrascaron en estériles debates ideológicos y en pugnas vergonzosas para controlar el aparato partidario. Se olvidaron de atacar la corrupción y de armar un equipo de alto nivel técnico y político para conducir una ciudad prospera y rica que quería mantener altos niveles de seguridad, mejorar la movilidad e intensificar la inversión social.

Se dejaron arrinconar por Uribe, que proclamaba día tras día la complicidad del Polo con la violencia guerrillera. No fueron capaces de generar credibilidad y confianza en su vocación pacifista y en su acendrado compromiso con la democracia y la legalidad. Dejaron que un presidente habilidoso y mal intencionado sembrara dudas en la ciudadanía.

Se encerraron en el cascarón del Polo, revivieron sectarismos del pasado y no se tomaron la molestia de buscar diversas alianzas para las elecciones locales de 2007. Se negaron a acompañar candidatos independientes y victoriosos en Medellín, Cali y Cartagena, perdiendo la gran oportunidad de acrecentar su experiencia de gobierno.

El castigo llegó. Han perdido buena parte de sus electores, están viviendo el calvario de los escándalos de corrupción, y el gobierno de Santos ha tomado algunas de sus banderas: la reparación de víctimas, la distribución de las tierras y la gran reforma laboral.

El desconcierto es inmenso. Han perdido autoridad moral y razones para hacer oposición, pero no se atreven a colaborar con un gobierno que cada día toma más distancia de la derecha agresiva que representa Uribe. Guardaron un largo silencio sobre la marcha de la Alcaldía de Bogotá y ahora súbitamente les retiran el apoyo al alcalde Samuel Moreno y a su hermano Iván. ¿Qué harán en los próximos meses? No puede ser que sigan en esta irresponsabilidad y en esta inercia. Tendrían que convocar un congreso extraordinario para hacer transformaciones fundamentales en la marcha del Polo Democrático.

Tienen la conducción de la principal central sindical y una gran influencia en organizaciones de víctimas protagonistas esenciales en la actual agenda del país; tienen el reto de acompañar reformas claves en el Congreso de la República, y tienen el desafío inmediato de acertar en la terna que presentarán al presidente de la República para reemplazar a Samuel Moreno.
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