Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 1993/01/04 00:00

    La droga y la Niña Mencha

    Los problemas de imagen no se solucionan intentando cambiar la imagen, sino cambiando la realidad.

COMPARTIR

HASTA EL EMBAJADOR Y PRE- Y POST- candidato presidencial Ernesto Samper ha terciado en el agrio debate sobre la participación de la "Niña Mencha" en una serie de la televisión española que presenta a los colombianos como narcotraficantes. Samper, al menos, protesta contra la televisión sión española. Muchos otros protestan contra la Niña Mencha, Margarita Rosa de Francisco, por su supuesta "traición a la patria". ¿Por qué no actúa en series "patrióticas"? Bueno la verdad es que lo hace cuando alguna productora las hace: está en una sobre la gloria nacional César Rincón. Y sin duda actuaría, si se lo propusieran, en series sobre el doctor Manuel Elkin Patarroyo o el embajador Samper. Protestar contra la Niña Mencha es una imbecilidad.
Protestar contra la televisión española también. Porque no tiene nada de raro que produzca una serie en la que los colombianos aparecen como narcotraficantes, si es un hecho notorio que los colombianos son narcotraficantes. No todos, claro está. Hay un César Rincón, un doctor Patarroyo, un embajador Samper. Pero por cada uno de ellos por cada Niña Mencha hay por los menos 10 narcotraficantes. Y no se trata de una simple cuestión estadística. Es también evidente que el peso específico de los narcotraficantes en la vida colombiana -y por consiguiente en la idea que sobre Colombia puedan tener los productores de televisión extranjeros, o los propios habitantes de Colombia-es mucho más grande que el de los toreros, los investigadores científicos, los políticos, los diplomáticos y las actrices, todos sumados. En todas partes hay actrices, científicos, etc. En Colombia, además, hay narcos. Y son ellos, no los otros, el producto típico local. Si los colombianos no estuviéramos tan hipócritamente obsesionados por nuestra imagen, fabricaríamos pequeños "narcos"de peluche para vender en las tiendas duty free de los aeropuertos, como venden en España muñecos de peluche que representan toros y toreros. ¿Por qué no? Si de los narcos vive en buena medida la economía colombiana ¿por qué no van a vivir también de ellos las tiendas de souvenirs turísticos?
Por la imagen. Oh, la imagen. Nuestro problema no es la realidad, sino la imagen. No que haya narcotraficantes en Colombia, sino que el mundo se entere de que los hay. No que la realidad entera del país esté dominada por su existencia (desde las tasas de interés bancario hasta los movimientos de la guerrilla, desde el florecimiento de las empresas de pompas fúnebres hasta la reducción de los cultivos de café, desde la Iglesia hasta el Ejército, pasando por la política), sino que lo parezca. Y para evitar que lo parezca, los gobiernos colombianos contratan los servicios de agencias asesoras de imagen. Pero también los millones de dólares que en los últimos años hemos pagado los contribuyentes a Sawyer & Miller son un fruto de la existencia de los narcos. Si no hubiera narcos en Colombia, lo de Sawyer & Miller sería un gasto superfluo.
Lo es de todas maneras. Porque los problemas de imagen no se solucionan intentando cambiar la imagen, sino cambiando la realidad. Sawyer & Miller no pueden, por supuesto, los pobres, cambiar la realidad el narcotráfico, como no lo puede tampoco la Niña Mencha ni el embajador Samper. Como no lo puede Colombia, que tantos muertos inútiles ha puesto en el empeño: jueces, periodistas, policías, candidatos presidenciales, pasajeros de avión. Las raíces del narcotráfico están en otra parte. Y siempre será más fuerte el inagotable mercado de consumidores de narcóticos del mundo desarrollado que el heroísmo de unos cuantos colombianos: los que han creído que iba en serio eso que hipócritamente, criminalmente, los gobiernos del mundo (incluido el de Colombia) llaman "cruzada universal contra la droga". Una "cruzada" que no existe sino como farsa, puesto que nadie combate el origen del problema, que es la ilegalidad de las drogas: una ilegalidad que hace a quienes controlan su tráfico a la vez criminales y poderosos.
Por favor, seriedad. Que fustiguen la hipocresía de los gobiernos y que dejen en paz a la Niña Mencha.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1844

PORTADA

Francisco superstar

La esperada visita del papa a Colombia tiene tres dimensiones: una religiosa, una política y otra social. ¿Qué puede esperarse de la peregrinación del sumo pontífice?