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Opinión

  • | 2005/10/02 00:00

    La eliminatoria es a 18 partidos no a tres

    ."Dejémonos de ilusiones. Quedarnos en casa es lo más sensato", dice Rubén Darío López, un desilusionado del fútbol nacional.

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Como los malos estudiantes, la Selección Colombia viene pretendiendo en los tres últimos partidos (algo así como el 10% de la ronda eliminatoria) salvar la clasificación a  Alemania 2006. Y los medios hacen eco de ello. El domingo 4 de septiembre, la prensa solo habló del mal partido de Iván Ramiro, como si el nivel mostrado por Colombia en los otros 15 partidos nos hiciera pensar que tenemos equipo para asistir a la cita mundialista.

Ahora durante esta semana las calculadoras y las oraciones estarán a la orden del día. Entre dirigentes y medios de comunicación,  nos siguen vendiendo la idea de ir al mundial Alemania 2006. Y la pregunta es: ¿y cómo a qué vamos?

A hoy se ha jugado el 88,8% de la eliminatoria y Colombia de 48 puntos disputados ha logrado 20, es decir el 41,6%. ¿Vale la pena ir a un mundial con un rendimiento tan mediocre? Todos los cuatro equipos ya clasificados le han ganado de local a Venezuela. Coincidencialmente, Colombia y Uruguay, que pelean el quinto lugar, ostentan el "honor" de darle a Venezuela los únicos dos triunfos en calidad de visitante.

Dicen técnicos y periodistas que Venezuela ha progresado mucho en los últimos años. Y con ese cuento disculpamos nuestro pésimo rendimiento. Pero no podemos llamarnos a engaños. Desde que se inventaron los dirigentes suramericanos este absurdo sistema de clasificación, los equipos que han ido a los mundiales, todos sin excepción, le han ganado a Venezuela el mano a mano. Si hoy Colombia empatara en puntos con Venezuela, ellos nos eliminarían por los resultados en el enfrentamiento directo. Peor aún, perderíamos también si la igualdad en puntos se diera con el último de la tabla, Bolivia. Apenas nos alcanza para superar a Uruguay, Ecuador y Perú.

Ante estas realidades, vuelve la pregunta. ¿A qué vamos al mundial? En Italia 90, en nuestra mejor presentación y cuando al menos se trabajaba con un plan medianamente serio, ganamos un partido y empatamos otro. Fue flor de un día. En USA 94, ganamos un partido y afuera. En Francia 98 igual y hasta allí nuestro papel de animadores. En ninguna cita mundialista hemos  podido superar un rendimiento de al menos el 50%, entonces ¿qué ilusión  siguen vendiendo dirigentes y medios?

Hace rato Colombia perdió el norte de una planeación. Con el sistema anterior y con la mayoría de jugadores convocados jugando en nuestro país, se podía hacer trabajo de preparación. Luego cambiaron el sistema y la supuesta ventaja de contar o bien con el calor y la humedad de Barranquilla o con la altura de Bogotá se convirtió en un suicidio. Nuestros jugadores llegados del exterior sufren tanto como los "visitantes". No hemos sido capaces de diseñar una estrategia diferente para una eliminatoria diferente. Solo hemos ganado cuatro partidos de local. La casa no infunde respeto, acá se han perdido 10 puntos.

Por el contrario, Ecuador aprovecha su altura y hace un trabajo con la mayoría de jugadores, residentes en su país. Tiene todas la posibilidades de ser tercero, si señor, tercero, solo superado por Brasil y Argentina. No está hoy pegado de la calculadora a ver cómo cuadran las cuentas. Tiene un rendimiento del 54%, y con eso le alcanzará para ir directo, como en Corea-Japón 2002, y nosotros aún pensado en como pelear el repechaje.

Reconociendo que Argentina y Brasil están en otro nivel son 21 puntos de local frente a equipos de muy bajo rendimiento de visitantes. Pero nada. Con suerte llegaremos a 16. Con esos puntos y nuestra poca fortaleza fuera de casa, es pura lotería acercarnos al quinto puesto. Pero nosotros no marcamos diferencia dentro de ese grupo de ocho, donde ninguno sobresale como para inspirar respeto.

Es que los números de la eliminatoria son irrebatibles. El cuarto clasificado, Paraguay, rinde el 52%, y del quinto Uruguay para abajo, como los malos estudiantes, a esperar en el último examen el milagro. En el caso hipotético de ganar Colombia los dos partidos restantes, haría 26 puntos, un rendimiento del 48%. Con razón cuando tenemos presencia en un mundial, apenas nos alcanza para un 33% y con eso no se supera ni siquiera una primera vuelta.

Estaría bien ya de dejarnos de mentir a nosotros mismos, sufrir y sufrir durante dos años, soñando con una clasificación solo para ir a animar. Asistir a tres mundiales en forma consecutiva, (no lo han logrado más de 20 países), aparte de convertirnos en vendedores de jugadores, no nos ha dado la experiencia para saber qué hacer en momentos críticos dentro de una cancha.

Si del partido con Uruguay se trata, es cierto que empezamos muy bien: 12 minutos como amos y señores, pero sin saber definir. Uruguay, a punta de "garra", emparejó el partido y sin mucho esfuerzo nos fuimos al descanso perdiendo. Entramos a la segunda parte y ellos fueron los de la iniciativa. Quedamos zombis, y por hechos accidentales se llegó al empate. Pero no supimos qué hacer y nuestro técnico se asustó tanto con el resultado que no supo cómo replantear los 10 minutos finales. Y eso que en Montevideo, Venezuela y Perú le endosaron de a tres goles a los uruguayos, de manera que ganar en el "Centenario" no era la gran  hazaña.

Pero ese partido es anécdota. Posiblemente se logre el quinto lugar y hasta eliminar a los australianos. En fútbol todo es posible. Pero y ¿para qué? ¿A esperar algún equipo débil en el grupo de Alemania y así ganar otro partidito? ¿No será mejor invertir ese dinero en divisiones inferiores?

Faltan solo dos partidos, pero lo cierto es que nuestro equipo no transmite confianza, la "regularidad", un término muy usado en el fútbol, para el caso de Colombia solo estuvo presente en los tres primeros partidos de la eliminatoria, cero puntos de nueve posibles. Ahora nos toca ganar dos partidos en línea y eso Colombia solo lo ha hecho con los dos encuentros seguidos jugados de local. La última fecha es de visitantes. Y si Chile se nos atraviesa en Barranquilla, mejor que vayan a Asunción, los sub-17.

Basta de falsas ilusiones. Evitemos infartos y eternos 90 minutos, haciendo fuerza para evitar una goleada, o creyendo que los árbitros son nuestros enemigos. Quedarnos en casa es lo más sensato.

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