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Opinión

  • | 2012/04/07 00:00

    La entrevista aRaúl Hasbún

    Es la falta de carácter, es la cobardía, es la hipocresía lo que impide poner fin a esta guerra y construir una paz duradera.

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Dice Hasbún en sus declaraciones a SEMANA: "A mí me sientan delante de cualquier bananero y creo que ninguno de ellos se atreve a decirme mentiroso". Se equivoca. Ninguno se atreverá a reconocer la verdad. En eso consiste la desgracia del país. Nadie acepta la responsabilidad que ha tenido en el conflicto.

Esa actitud esconde una tragedia mayor: nadie quiere comprometerse a la no repetición de los hechos. No aceptan, porque no están arrepentidos.

Es más. Si alguna vez se les escapa la verdad, muy pronto empiezan a desdecirse. En la época de las negociaciones en Santa Fe de Ralito, 10.000 ganaderos del Bajo Cauca le enviaron una carta al presidente Uribe afirmando su respaldo a las autodefensas y José Félix Lafaurie reconoció en la revista Cambio que no solo el gremio que él dirige se había comprometido con los paramilitares, sino que la mayoría de los empresarios del campo lo había hecho. Ahora ninguno de estos ganaderos antioqueños aparece y Lafaurie le ha dado vuelta a su versión situando a sus compañeros en la condición de víctimas.

He repetido este señalamiento en mis columnas, tal como he dicho en varias oportunidades que la cúpula paramilitar, en una larga entrevista que nos concedió a Mauricio Romero y a mí, en enero de 2005, afirmó que una parte de los empresarios, de los políticos, de los militares y funcionarios del Estado, una parte de la sociedad, los había buscado. Que en muchos lugares del país no eran ellos quienes habían tenido la iniciativa. Lo decían en un momento en que no abrigaban venganza alguna. En los meses en que acariciaban la gloria de la negociación y el comisionado Restrepo y el presidente Uribe se desvivían para que quedara expreso, en la Ley de Justicia y Paz, el carácter político de estas fuerzas.

Insisto en ello una y mil veces porque creo que ahí está la clave del cese de la violencia política y del inicio de la reconciliación. Llevo este discurso en el alma. Solo si los dirigentes nacionales y regionales que por acción o por omisión contribuyeron a la formación y expansión de los paramilitares? reconocen su responsabilidad, es posible dar el salto hacia la paz y hacia la construcción de una sólida democracia.

Esto, claro está, es igualmente válido para la dirigencia de las guerrillas y para todos los civiles que prohijaron la llamada combinación de todas las formas de lucha. Muchos de ellos también eluden de mil maneras su contrición. Es el drama de la izquierda. Verse obligada a aceptar que con un muy pocas excepciones le apostó a la violencia para hacer realidad sus banderas. Pero tendrá que hacerlo de manera franca y directa si quiere convertirse en alternativa de poder.

Alguna vez, el ahora embajador en Holanda, Eduardo Pizarro León Gómez, me dijo en un debate que el proceso con los paramilitares era ejemplar para el mundo porque en ninguna parte se había llevado a tanta gente a los tribunales de Justicia. Le dije que el castigo era menos importante que un verdadero pacto social y político para que los hechos no se repitieran, que en Argentina los militares o los guerrilleros enjuiciados eran pocos, pero la sociedad entera, con Raúl Alfonsín a la cabeza, había sellado el compromiso de no volver a la oscura noche de violación masiva de los derechos humanos y lo estaba cumpliendo. En Colombia este camino está por recorrer.

Hasbún remata la entrevista así: Yo no quiero que metan preso a nadie, yo lo único que quiero es que Colombia y el mundo sepan que no fuimos cuatro o diez tipos los que armamos el despelote y que somos unos asesinos... porque no puede haber un ganadero, un bananero, en áreas rurales que no haya tenido vínculos con las autodefensas".

Es la falta de carácter, es la cobardía, es la hipocresía lo que impide poner fin a esta guerra y construir una paz duradera. Así fue también en los años cincuenta. Todo quedó en la oscuridad. Nada fue memoria. Nada fue atribución de responsabilidades. Una nueva violencia empezó pronto.
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