Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 1993/07/05 00:00

La estupidez de Ossa

La estupidez de Ossa

LO DE OSSA ES MUY BUENO. ES DECIR: parte de lo de Ossa. Es muy bueno que haya sido interceptado en el aeropuerto un miembro de la Junta Directiva del Banco de la República con su "dosis personal" de marihuana en la maleta. Carlos Ossa es miembro de esa Junta. Pero también es miembro de una generación: la mía, en la que todos fumábamos y en muchos casos hemos seguido fumando marihuana, en la que todos hemos metido coca y en muchos casos seguimos metiéndola. Y esa genearación es además la que hoy gobierna en el mundo: la de Gaviria, la de Clinton, la de Felipe González. Carlos Ossa es como todo el mundo: fuma marihuana.
Lo cual, para empezar, no es un delito. El delito es traficar con ella. Pero precisamente: ¿por qué no es un delito el consumo, si el tráfico sí lo es, o viceversa? Por qué retorcida lógica las autoridades -Ossa es una de ellas- no prohíben consumir lo que prohiben comprar y vender, cultivar, procesar y anunciar? Por hipocresía.
Y ahí viene la otra parte de lo de Ossa,la que no es buena. Y consiste en que Ossa es como todo el mundo: se averguenza de fumar marihuana. Sorprendido en su hábito, salió compungido a pedir comprensión para eso que por lo visto entiende como una debilidad culpable, que no deber servir de ejemplo para los jóvenes, y que acepta con mansedumbre puede costarle el puesto. Como Clinton, como Felipe González, como César Gaviria, Carlos Ossa es igual a todo el mundo: un hipócrita.
Fumar hierba, o meter coca, no es un motivo particular de orgullo, como no lo es fumar tabaco, o meter aspirina, o comer papas fritas o rechazar con asco la cebolla cabezona. Pero tampoco es motivo de verguenza, como no lo es nada de todo lo anterior: es simplemente una cuestión de gustos personales, o generacionales. Y en mi generación -que es la de Mick Jagger, la de Bill Clinton, la de Felipe Gonzalez, la del hijo de Ronald Reagan, la de Carlos Ossa, para mencionar sólo unos cuantos que lo hayan reconocido- ha gustado mucho la droga: la marihuana, el ácido, la heroina, la coca, el "éxtasis", dice más. Negarlo haría de verdad imposible entender por que existe en el mundo eso que llaman el "problema de la droga".
Existe por dos razones. La primera es que hay consumidores -Ossa, Clinton, el hermano de Clinton, yo mismo, etcétera-. La segunda es que la droga está prohibida -por Clinton, por Ossa, etcétera: por las autoridades. Lo mismo que, de no estar prohibido, sería simplemente un hábito, bueno o malo o regular, es además un crimen, y la causa de infinidad de crímenes: y en consecuencia un problema. Las razones de que el hábito exista son muchas. La de que existe la prohibición, una sola: una decisión de los gobiernos de los Estados Unidos.
Es comprensible, en rigor, que estos prohíban la droga hipócritamente, porque la prohibición garantiza el florecimiento de un negocio que deja cada año cientos de miles de millones de dólares en sus circuitos financieros, y su legalización cortaría de tajo ese chorro. Pero no es comprensible que los sigan los gobiernos de otros sitios, donde lo único que la prohibición genera es corrupción y sangre, además de hipocresía. Por cohonestar la posición hipócrita de los gobiernos norteamericanos, que por lo menos al problema de la droga le sacan plata, los de los demás países, que sólo le sacan dolor, deberían sentirse avergonzados. Por idiotas. Porque lo que de verdad está mal hecho no es consumir la droga, ni producirla; sino prohibirla.
Y que no pida dispulpas Carlos Ossa por fumar marihuana, como hace todo el mundo cuando lo descubren. Que pida más bien que la legalicen. Sería menos hipócrita, y menos habitual. Pero también menos estúpido.

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