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Opinión

  • | 2008/09/14 00:00

    La etiqueta perversa

    Recientes medidas oficiales se basan sobre el prejuicio de que todos los comerciantes de Maicao son contrabandistas.

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Hay lugares que son considerados una autentica pesadilla para el orden nacional e internacional, lugares de frontera habitados por gentes semisalvajes, extranjeros, contrabandistas y traficantes que habitan un mundo sin ley y amenazan la estabilidad global. Una vez se crea dicho estereotipo este se arraiga firmemente en la percepción colectiva y será muy difícil para la agrupación humana que habite dicho territorio desvirtuar esa perversa etiqueta.
 
Los estereotipos surgen justamente para eludir la reflexión y sustituirla por los prejuicios raciales, étnicos, políticos o religiosos de cualquier tipo que se difunden y se apropian fácilmente gracias a su elementalidad. Maicao es uno de esos lugares. Es el blanco predilecto de un conjunto de estereotipos y de medidas políticas y aduaneras nacionales usualmente injustas con su población e incongruentes con las tendencias del comercio mundial.

El gobierno nacional tomó unas medidas en junio pasado que afectaban a los importadores de licor no sólo de Maicao, Uribia y Manaure, sino también del resto de puertos, aeropuertos y lugares de arribo de mercancías. Las medidas se adoptaron ante las protestas de las licoreras departamentales que se quejaron de un descenso en el consumo de licores nacionales por parte de los colombianos y consideraban que las importaciones de bebidas realizadas por la península de la Guajira eran la causa de que nuevos segmentos de consumidores prefiriesen el whisky y el vino al aguardiente.
 
Ante la consecuente indignación de los importadores nacionales de licor afectados por la medida, el gobierno decidió, a través del decreto 3038 del 20 de agosto pasado, que únicamente las bebidas alcohólicas importadas, por la Zona de Régimen Aduanero Especial de Maicao, Uribia y Manaure, deberán portar una banda o etiqueta en un lugar visible.

La limitación introducida por el gobierno nacional distorsiona los principios más básicos de la oferta y la demanda en un mercado que se rige bajo las premisas de la competencia, como es el de la importación y venta de bebidas espirituosas.
 
De esta manera los importadores del resto del país se beneficiaran del libre comercio mundial y los comerciantes guajiros se verán históricamente excluidos de este por medidas de tipo restrictivo más cercanas a las que regían durante el periodo colonial hispánico que a las que contempla y promueve la Organización Mundial del Comercio. A unos se les estimula a ser respetables importadores y a otros se les condena a ser censurables contrabandistas.

En un reciente libro de la historiadora Muriel Laurent publicado por la Universidad de Los Andes llamado Contrabando en Colombia en el siglo XIX. Prácticas y discursos de resistencia y reproducción se plantea que las verdaderas raíces del contrabando están estrechamente vinculadas con las dificultades de construcción de un Estado moderno y eficiente sobre el conjunto del territorio nacional y como hay fuertes contradicciones entre discurso oficial y práctica social.
 
Medidas como las contempladas por el decreto 3038 nos muestran el por qué las instituciones colombianas, tienen una vigencia y legitimidad desigual en todo el territorio nacional en el que las inequidades en materia de democracia y ejercicio de derechos civiles adquieren en la práctica contrastes verdaderamente dramáticos.

La última década no ha sido especialmente benéfica para Maicao en materia económica y social. En 1993 el 58 por ciento de su población, unas 103,000 personas, tenía necesidades básicas insatisfechas o se encontraba en condiciones de pobreza. En el año 2005 esta cifra aumentó al 68.28 por ciento.
 
Ciertamente este decreto no les ayudará. Sus comerciantes, agobiados por las frecuentes crisis fronterizas y por la doble tributación que deben hacer tanto al estado colombiano como a los grupos armados ilegales, han optado algunos por migrar -como es el caso de la población árabe- y otros por asociarse y defender colectivamente sus derecho a través de acciones populares.

En general el ambiente que se vive en la Zona Aduanera Especial es de tensión e indignación frente a los agentes del estado central que al parecer nunca ha considerado a los habitantes de la Guajira como verdaderos connacionales. Por ello los habitantes de la península y de Maicao, en especial, se están cansando de ser la cabeza de turco de los oligopolios del país.









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