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Opinión

  • | 2009/09/23 00:00

    La falsa dicotomía

    No es cierto que sólo podremos escoger entre Uribe y las Farc o entre éste y el hoyo.

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Las próximas elecciones presidenciales en Colombia no serán como las pasadas: vacías, obvias, predecibles bajo el peso de los carteles que decían “Adelante, Presidente. Adelante”, que tiene mayorías para ganar.

A diferencia de ese día de mayo del 2006, en esta ocasión los votantes sí nos enfrentamos con un dilema, y en eso parece que el país está de acuerdo. Pero antes de empezar a sopesar nuestra decisión, tenemos que aclarar cuál es el dilema. El gobierno quiere presentarnos con una encrucijada: es Álvaro Uribe, o las Farc. Es Álvaro Uribe, o la hecatombe. Es Álvaro Uribe, o el hoyo.

Con o sin Uribe en el tarjetón, esta es la dicotomía que nos quiere presentar el gobierno—una falsa dicotomía. Si el Presidente no se puede presentar a un tercer mandato, seguramente tendrá un candidato listo para defender sus políticas y su misma línea. La amenaza de la dicotomía se mantiene.

En realidad, los colombianos no nos tenemos que decidir entre las Farc y el presidente Uribe. En esta ocasión, tenemos la obligación de pensar en los beneficios y las consecuencias de apostarle al liderazgo del mismo Presidente por tercera vez; tenemos que pensar en serio si queremos una política de guerra constante hasta aniquilar al enemigo o si queremos una alternativa diferente; tenemos que pensar si queremos una política coherente sobre los secuestrados. Tenemos que pensar, también, que las Farc no son el único problema que tiene este país.

No sobra recordarles a los votantes que Colombia tiene una lista larga de problemas mayores. Que, al escoger un candidato, tenemos que analizar no solamente las propuestas de cómo acabar con el conflicto armado, que incluye tanto a las Farc como a las nuevas (o viejas) bandas paramilitares, sino que también tenemos que exigir propuestas claras sobre el manejo de las relaciones internacionales, sobre la protección del medio ambiente, sobre la educación y sobre la salud, para mencionar sólo algunos.

Tenemos que exigir que los candidatos—porque en estas elecciones hay más de un candidato—nos digan qué piensan hacer para proteger a los indígenas en las comunidades de paz, cómo piensan manejar los recursos del Amazonas, qué derechos o restricciones piensan otorgarle o imponerle a las parejas del mismo sexo, qué medidas van a tomar para que no sigamos viendo que los niños afro-colombianos se mueren en la Costa Pacífica por simple falta de comida mientras el índice económico dice que todo está bien.

Estamos frente a una encrucijada, es cierto. La pregunta principal es hacia dónde va el país, y quién será capaz de definir las bases para el futuro. No nos dejemos tentar por el predicado fácil de que no tenemos opciones. Opciones, ahora sí, hay muchas. Y es mejor pensarlas desde ahora que votar por reacción.

Asumiendo que el Presidente Uribe será candidato, la última encuesta de Datexco muestra que podría ganar en primera vuelta con 54,5 por ciento de los votos. Pero la campaña no ha comenzado, y ese número puede fluctuar tanto hacia arriba como hacia abajo, dejando la puerta abierta para una segunda vuelta. Y ahí es cuando serán importantes las opciones.

Uribe apenas recoge un poco más de la mitad de la intención de voto en este momento, pero sus posibles reemplazos, en caso de que no se pueda presentar a la tercera reelección, no son tiene una popularidad tan unánime. No se sabe si aún con el respaldo del Presidente su protegido podrá saltar a la victoria en sólo una vuelta. El más popular en las encuestas, Juan Manuel Santos, tiene apenas el 16,5 por ciento de apoyo en según Datexco.

Los colombianos deben abrir los ojos ante el panorama de callejón sin salida que el gobierno quiere mostrarle al electorado. Opciones en realidad hay muchas y, si hay luz verde para un referendo sobre la nueva versión de reelección inmediata, esa será la primera pregunta que deberemos responder: votando sí para permitirle a Uribe la posibilidad de un tercer mandato, votando no para no permitirlo, o absteniéndonos de votar para invalidar el ejercicio del referendo.

*Gabriela Perdomo es periodista e investigadora del centro de estudios de opinión pública Angus Reid Global Monitor (www.angus-reid.com).

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