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Opinión

  • | 2009/06/21 00:00

    La generación U

    En los colegios se han incentivado el machismo, la misoginia, la homofobia, la exclusión, la intolerancia y la respuesta violenta.

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"Me preocupa que a los jóvenes que tienen hoy 22 años, en 2014 les interese poco ingresar a la política porque no habrían conocido a nadie distinto a Uribe".

Esta frase no proviene de ninguna voz antiuribista. Lejos de eso. La leí hace poco en El Espectador en una entrevista que le concedió a Cecilia Orozco el ex alcalde Enrique Peñalosa, un político independiente al que no le han sobrado epítetos para alabar al presidente Uribe. La frase tiene una carga provocadora que deliberadamente pone sobre la mesa el tipo de cultura política y de tejido social que hemos ido construyendo en estos años de seguridad democrática.

¿Y cuál es esa cultura política que se ha ido gestando? Una no muy democrática: basada en la exaltación de la figura tutelar y providencial del presidente Uribe. Para bien o para mal, hoy existe una generación de jóvenes que no conoce a otro presidente que al dueño del Ubérrimo, como bien lo anota Peñalosa. Que sólo reconoce a los políticos que hablan duro y que son frenteros como él, camorreros como él; que hablan en diminutivo como él; que montan a caballo como él. Para esos jóvenes, el poder está unido indefectiblemente al nombre de Álvaro Uribe. Y su permanencia en él, lejos de atentar contra la normas constitucionales y de menoscabar el sistema de pesos y contrapesos de la Constitución del 91, para ellos es una garantía de estabilidad visual. Desde chiquitos se han acostumbrado a verlo en la televisión, aquí y acullá, como nosotros nos acostumbramos a ver a Pacheco; Uribe, evidentemente, se ha convertido en la figura más popular de la cajita negra, y su permanencia en el poder es parte del paisaje que se han acostumbrado a ver desde que tienen memoria. Para esos jóvenes, Uribe es el semillero del único futuro posible, y su permanencia es sinónimo de esperanza, amén de que es la única forma de acabar con la culebra de 'La Far'. (Ellos no saben que en realidad se pronuncia las Farc).

El mejor ejemplo de ese legado está reflejado en el hecho de que los únicos jóvenes que se han lanzado a la política con éxito en estos años de vigencia de la seguridad democrática han sido la copia fiel de Uribe. Desde Uribito, el ex ministro de Agricultura Arias, hasta un congresista como Nicolás Uribe, todos quieren a tal punto ser los clones de Uribe, que hasta terminan pareciéndose a él físicamente.

El problema con los virus caudillistas es que sólo contribuyen a la creación de una sociedad menos democrática, menos tolerante con el otro, más desconfiada de los homosexuales, de las mujeres, de las minorías en general, y más proclive a solucionar los problemas de barrio a trompadas, recurriendo a la fuerza.

El peligro de que estemos incubando una generación de jóvenes con estos valores puede ser el peor legado para un país que vive un conflicto que aún no termina. Según un informe de la ONU conocido la semana pasada, en 2008 murieron más personas a causa de la violencia intrafamiliar que por actos producidos por los paras y la guerrilla. De los 1.207 homicidios sucedidos el año pasado, 143 fueron provocados por los grupos armados al margen de la ley. El resto fueron producidos por familiares, esposos, novios o amantes. Según esa misma investigación, ya desde 2005 esa tendencia se venía perfilando: en ese año se registraron tres veces más delitos de agresión y de maltrato intrafamiliar que del conflicto armado. Eso significa, nada más y nada menos, que en los colegios públicos -y en los privados- en lugar de haberse aprendido los valores de la tolerancia, del respeto por el otro, se han incentivado el machismo, la misoginia, la homofobia, la exclusión, la intolerancia y la respuesta violenta en el momento de enfrentar problemas.

Si a estos valores le agregamos otro, que ha florecido bajo la seguridad democrática, como es el del afán por el lucro y el éxito fácil, cuyo epítome más preclaro son los hijos del Presidente, el cuadro no puede ser más complejo. Cuando yo era joven, muchos queríamos ser como los hijos de los Kennedy. En esta época, el ejemplo a seguir son los hijos del Presidente, quienes no han llegado a los 30 y ya tienen empresas de papel en Panamá. En mi época, andábamos en Renault 4, los jóvenes de hoy quieren hacerlo en un Maserati; se asustan con los desplazados, pero no con los paramilitares.

CODA: ¿Quién es realmente Ascencio Reyes? Por sus contactos, es amigo personal de Rosso José Serrano, el mejor policía del mundo; es cercano al general (r) Miguel Gómez Padilla, y contertulio del general Padilla, actual ministro encargado de Defensa. Tiene amigos en la embajada norteamericana y en la Fiscalía, en donde tiene cuatro procesos que no han sido fallados: dos por inasistencia alimentaria, uno por enriquecimiento ilícito y otro por extinción de dominio, por cuenta de haberle comprado un lote cinco años antes a una persona que luego fue extraditada. El tal Ascencio es un informante de la DEA encubierto, o es un lagarto profesional. ¿Dónde andará tan extraño personaje?
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