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Opinión

  • | 2003/10/27 00:00

    La gente no es idiota

    La doble derrota de Uribe en el referendo y de Juan Lozano en la elección a la Alcaldía de Bogotá es una victoria de la esperanza

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No paso el plebiscito uribista. O, en fin, pasaron un par de cositas, pero no el plebiscito, ni la reelección consiguiente. Y la Alcaldía de Bogotá la ganó Lucho Garzón, el candidato de la izquierda. Esas dos cosas juntas y sumadas me parecen, de verdad, extraordinarias. Fuera de lo ordinario, fuera de lo normal: cosas así no solían pasar en la política colombiana, donde lo previsible era siempre lo peor. Y estas dos novedades, me parece a mí, son buenas.

Veremos sus consecuencias.

Una de esas consecuencias debería ser -aunque con esta gente tan falta de ética política nunca se sabe- la renuncia inmediata del superministro Fernando Londoño. Pero bueno: si no renuncia tampoco pasa nada, como no pasa nada, en sentido contrario, porque haya sido derrotado el oportunista plebiscito uribista, o, en el fondo, londoñista. En fin: se trata de un simple detalle. Da más o menos igual. Lo que cuenta con respecto a la derrota de la arrolladora maquinaria gobiernista en el caso del referendo, y en el de la Alcaldía a la derrota de la también arrolladora maquinaria lozanista (peñalosista, tiempista, continuista: como quieran llamarla) es justamente que indica una derrota del continuismo. Se pueden hacer aquí cosas nuevas. Y las puede hacer no sólo la derecha -como las hicieron Peñalosa y Mockus- sino también la izquierda.

Si bien se miran las cosas, la doble derrota de Uribe en el referendo y de Juan Lozano en la elección a la Alcaldía de Bogotá es una victoria de la esperanza. Esperanza por fin desembarazada de la tentación autoritaria. Y esperanza por fin desembarazada de la tentación de la violencia.

Ahora, claro: al presidente Alvaro Uribe le toca ahora demostrar que es capaz de gobernar (y en mi opinión hasta ahora no lo ha hecho: simplemente ha prometido gobernar) sin necesidad de recurrir a excepcionales leyes de caballos, como las que utilizaba la hegemonía conservadora de hace cien años. Es decir: a la derecha le corresponde demostrar que es capaz de respetar la democracia. Y por otra parte al alcalde Lucho Garzón le toca ahora demostrar, en las dimensiones colosales de Bogotá, que también la izquierda es capaz de respetar la democracia: es decir, que va a gobernar para la comunidad, y no para sí misma.

Los resultados de estas dos jornadas electorales son lo mejor que nos hubiera podido pasar. Bajarle la cresta al uribismo, darle una oportunidad a la izquierda civil y desarmada. Por primera vez en muchos años veo el panorama político (del cual tendrá que desprenderse el económico) con optimismo. Y ese optimismo me confirma en una convicción que, pese a casi todo, he mantenido a lo largo de mi vida: la gente no es idiota.
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