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Opinión

  • | 2014/06/08 00:00

    La grieta de la seguridad democrática

    Bajo la sombra de ese concepto creció, se reprodujo y se consolidó la mayor organización del narcotráfico que tiene hoy el país. En varias regiones se padece el control social y dominio territorial.

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Que un candidato como Oscar Iván Zuluaga repique una y otra vez que en los últimos cuatro años se abandonó la seguridad democrática, con el fin de vender la idea de que bajo su gobierno se recobrará esa iniciativa, es una bocanada de humo, pues cuando se revisa la historia reciente y se visitan algunas regiones de Antioquia lo que se observa es una cruda realidad gestada en el segundo periodo de gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2006-2010).

La profunda grieta de la seguridad democrática la representa lo que hoy se llama “el Clan Úsuga’, es decir las autodenominadas ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’ o lo que es lo mismo, ‘Los Urabeños’. Mientras los discursos uribistas se concentraron, y siguen concentrados en las guerrillas, el proyecto armado de quienes surgieron una vez concluyó en agosto del 2006 el proceso de desmovilización colectiva de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) bajo los acuerdos con el gobierno nacional, se expandió sin mayores tropiezos por buena parte del país y para finales de 2010 ya se habían consolidado.

Uno de los departamentos que hoy padece el dominio territorial y el control social es Antioquia. Recientemente he viajado varias veces a zonas rurales y urbanas del Bajo Cauca y Urabá en razón de mi trabajo periodístico y en cada visita conozco mayores detalles y me tengo que someter a restricciones de movilidad por culpa de la presión que ejercen ‘Los Urabeños’ en las comunidades rurales y urbanas.

Un caso emblemático de control territorial lo representa el corregimiento Piamonte, del municipio de Cáceres, Bajo Cauca antioqueño, un antiguo fortín de quien fuera el máximo jefe del Bloque Central Bolívar, Carlos Mario Jiménez Naranjo, alias ‘Macaco’, extraditado en mayo de 2008 a Estados Unidos para que respondiera por delitos asociados con el tráfico de drogas. Ni durante su comandancia ni posterior a su desmovilización grupos armados derivados de su estructura criminal han perdido el dominio de esa zona. Ningún ciudadano extraño puede ingresar allí libremente. Literalmente tiene que pedir permiso al “paraestado” que se ha constituido en ese lugar para ingresar.

Lo que constaté hace pocos días es que las veredas aledañas, sobre todo aquellas que dan hacia el municipio de Caucasia, en la vía que conduce a El Bagre, tienen un fuerte control social, al punto que les han impuesto horarios de movilidad a las comunidades campesinas. En algunas de ellas no se puede transitar entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana. 

Y justamente otro de los territorios afectados por la presencia y control de ‘Los Urabeños’ es el municipio de El Bagre, también en el Bajo Cauca antioqueño. Las recomendaciones que me hizo un oficial de policía destacado allí es que tuviera cuidado con tomar fotografías porque podría meterme en problemas. Otra señora, dueña de un restaurante, me recomendó que no caminara de noche por algunos barrios. “Por allá mandan ellos”, dijo. 

Iguales restricciones ocurren en Puerto López, de esa localidad. Campesinos con los que me he entrevistado me cuentan que varios kilómetros antes de llegar al casco urbano de ese corregimiento de El Bagre, hay jóvenes apostados en la vía con radios de comunicación informando qué vehículos van llegando y si hay extraños en ellos. “Todo lo controlan esos Urabeños”, afirmó.

La situación también es compleja en el norte del Urabá antioqueño, compuesto por los municipios de Necoclí, Arboletes, San Pedro de Urabá y San Juan de Urabá. Allí se concentró el núcleo de poder de ‘Los Urabeños’ desde agosto de 2006, sin que se aplicaran medidas eficaces durante la vigencia de la seguridad democrática para intentar romperlo y acabar con esta naciente estructura armada ilegal. Desde ese año, las comunidades rurales y urbanas viven agobiadas con su dominio y control, y alegan, con justa razón, que la desmovilización de las Auc no trajo paz a la región.

A finales de ese año, se tejieron dos hipótesis acerca de la creación de este grupo armado ilegal y las funciones que cumpliría una vez se desmovilizaron los distintos bloques y frentes de las Auc: de un lado se comenzó a decir que era una nueva estructura con fuerte presencia en los municipios de Necoclí y San Pedro de Urabá, que continuaría ejerciendo el control social, político y económico de esa región, lo que incluía asuntos del tráfico de drogas: del otro, se afirmaba que sólo sería una estructura que de alguna manera “administraría” la zona de embarque y exportación de estupefacientes a los mercados internacionales previo pago de un “impuesto”, lo que dejaría al grupo como una estructura al servicio del narcotráfico. 

Sin embargo, ambas circunstancias no eran excluyentes y, por el contrario, se quedaron cortas en el análisis, pues ese nuevo grupo no solo se constituiría en una férrea estructura dispuesta a hacerle frente a todos aquellos que intentaran hacer presencia en sus territorios, sino que comenzaría desde allí su expansión por buena parte del norte del país, particularmente en aquellas zonas donde tuvo su hegemonía el Bloque Norte de las Auc.

Quienes padecen en mayor medida el control social son las víctimas de las Auc, sobre las que se ejerce un control especial, pues se les tiene prohibido hablar en voz alta de temas como la restitución de tierras, un asunto sensible sobre todo en San Pedro de Urabá, por donde ingresó Fidel Castaño y su organización criminal a comienzos de la década del noventa, y donde, una década después, nacieron ‘Los Urabeños’.

Cuando el candidato Oscar Iván Zuluaga habla del “abandono de la seguridad democrática” se le olvida que bajo el imperio de ese concepto nacieron y se consolidaron ‘Los Urabeños’, aquellos que, supuestamente, celebraron su triunfo en la primera vuelta electoral enviando un panfleto amenazante a un reclamante de tierras de Urabá, toda una grieta en sus pretensiones de recuperar “la seguridad democrática”.

En Twitter: @jdrestrepoe
*Periodista y docente universitario.
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