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Opinión

  • | 2006/10/28 00:00

    La guerra que viene

    Juan Fernando Londoño cree que el Presidente cometió un error de cálculo al considerar que había llevado a las Farc a un punto de negociación. Su mala apreciación fue drásticamente refutada por la realidad del carro bomba.

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Errores de cálculo en el comportamiento del gobierno y las Farc llevaron a que luego del atentado en las instalaciones de la Universidad Militar el panorama político se trastocara. Las posibilidades del acuerdo humanitario y del inicio de un proceso de paz con las Farc se esfumaron y la agenda gubernamental volvió a concentrarse en los temas de seguridad. Las causas de este cambio de rumbo deben ser analizadas tanto como sus implicaciones para que el país pueda prepararse para la guerra que viene.

El origen de la reacción del Presidente obedece a una lectura equivocada sobre el proceso en curso. Para Uribe, los avances en seguridad logrados durante su primera administración habían generado condiciones propicias para iniciar un proceso de paz. El primer paso era el posible acuerdo humanitario. Como fruto de ese proceso llegó a ofrecer, incluso, la realización de una Asamblea Constituyente. El error de cálculo del Presidente consistió en considerar que había llevado a las Farc a un punto de negociación. Su mala apreciación fue drásticamente refutada por la realidad de una bomba y con ello de regreso a su posición inicial de enfrentar militarmente y sin concesiones a las Farc.

Para las Farc, el atentado buscaba demostrarles al Presidente y a la sociedad colombiana que su organización no está derrotada. Esta ha sido su actitud sistemática cuando se avecina algún proceso de diálogo: incrementar los ataques para llegar fortalecidos a la mesa. Para esta guerrilla, la forma de dar a conocer su poder no es con ataques en la periferia –donde todavía son fuertes– sino con ataques visibles que revelen su capacidad de hacer daño. Difícilmente la guerrilla previó la reacción del gobierno, dado que sus ofertas parecían mostrar a un Presidente listo para empezar a hacer concesiones.
 
Estos errores de cálculo mutuo tienen como consecuencia que el país se prepara para un nuevo escalamiento del conflicto, sin embargo, esta nueva fase se perfila cualitativamente diferente. En primer lugar, las Fuerzas Armadas parecen haber llegado a un tope operativo y va a resultarles difícil que en el corto plazo logren un golpe contundente. Para reemplazar esta aparente incapacidad militar de golpear a la guerrilla, el Presidente ha decidido desplazarse a los cuarteles, enviando así un mensaje sicológico fuerte y ganando tiempo para recuperar sus apoyos políticos y poder plantear una ofensiva que no estaba en la mente ni en el presupuesto militar.

Por su parte, las Farc han retrocedido políticamente y sus opciones de realizar una contraofensiva o abandonar su repliegue también son limitadas. El primer gobierno de Uribe las ha disminuido en su capacidad militar, ha cortado sus corredores de movilidad, debilitado su presupuesto y su capacidad de reclutamiento. Las posibilidades de emprender una gran ofensiva al estilo de las realizadas en el pasado parecen realmente precarias. La pregunta que el país se alista a responder es qué tanto daño pueden causar y cuánta ofensiva pueden desplegar. Posiblemente, en lugar de acciones dispersas geográficamente o de un terrorismo indiscriminado al estilo de Pablo Escobar, la guerrilla buscará objetivos con alto impacto psicológico, como la bomba en la Universidad Militar.

El enfrentamiento entre el gobierno y las Farc será similar a una pelea de boxeo en la cual cada contrincante sabe que no puede noquear al contendor, buscarán entonces impresionar la retina del jurado y acumular así los puntos necesarios para tratar de ver quien acepta las condiciones del otro. El Presidente seguirá con su modelo de negociación y con la idea de solicitar que “paren la guerra para parar la guerra” o en otras palabras, que cesen las acciones hostiles y los actos terroristas como demostración de buena fe. Como esta opción significa para las Farc mostrar signos de debilidad insistirán en la idea de un despeje militar y para ello tratarán de asestar golpes que demuestren su capacidad de daño. La guerra que viene será el desarrollo de este pulso.
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