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Opinión

  • | 2015/02/24 12:00

    La Habana, lugar estratégico para la paz

    Entre las muchas cosas que mortifican a la mayoría de los colombianos sobre las negociaciones entre el Gobierno y las FARC, figura que estas se estén realizando en Cuba.

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Entre las muchas cosas que mortifican a la mayoría de los colombianos sobre las negociaciones entre el Gobierno y las FARC figura que estas se estén realizando en Cuba.

El hecho de negociar allí hace creer que los representantes del Gobierno están en desventaja respecto a la guerrilla, debido a la posición ideológica del gobierno cubano y a la injerencia que pueda tener en la discusión.

Precisamente, de allí es de donde los opositores al proceso de paz esgrimen el argumento que desde La Habana se está entregando el país al castro-chavismo. Mientras la gente se pregunta por qué esas negociaciones no se llevaron a cabo en países neutrales como Suiza, Noruega o Suecia.

Lo primero que hay que explicar es que las negociaciones tenían que ser en el exterior, ya que dentro de Colombia conllevaban muchos riesgos tanto para el proceso mismo como para los representantes de ambas partes.

Además, así lo ha demostrado la experiencia internacional, en donde la mayoría de los diálogos se han llevado en el exterior como los del largo conflicto entre Israel y Palestina, los que pusieron fin a la violencia en Irlanda y en Bosnia, a la guerra entre Israel y Egipto, las negociaciones de las dos últimas décadas de los conflictos en países africanos como Liberia, Nigeria y el Congo.

En estos procesos, con tantos opositores como los vemos a diario, la seguridad de los negociadores es fundamental. Por esto Cuba, una isla con un fuerte sistema de seguridad, es un lugar ideal.

Hay que recordar que la seguridad fue la excusa de las FARC para que ‘Tirofijo’ dejara la silla vacía en la instalación de los diálogos del Caguán en 1999, al argumentar que temían un ataque de los paramilitares. Para los que estuvimos en la instalación de esos diálogos fue una excusa sin fundamento, ya que las FARC tenían el total control del área con más de 3.000 guerrilleros.

El proceso actual se habría podido llevar a cabo en Europa, como mucha gente lo habría querido, argumentando neutralidad por parte de los países. Sin embargo, esto plantea la dificultad de que los negociadores de ambas partes necesitan estar en permanente contacto con sus jefes en Colombia, más ahora cuando se tiene la certeza que sus comunicaciones estaban siendo espiadas.

Es bien sabido que los negociadores del Gobierno vienen a reunirse periódicamente con el presidente Juan Manuel Santos para comentar los avances del proceso y recibir instrucciones, mientras que los jefes de los bloques de las FARC han viajado a Cuba a enterarse de los pormenores de lo que se negocia.

El negociar en otro país también permite que los negociadores puedan discutir con tranquilidad los temas al no tener el escrutinio de la prensa o la opinión pública a diario, tal como ha sucedido en este proceso. Se pueden tomar su tiempo sin tener que estar dando explicaciones diarias sobre la marcha del proceso, sin show mediático y sin filtraciones a los medios de comunicación.

Los que asistimos como periodistas a cubrir el proceso del Caguán recordamos cómo al final de cada sesión podíamos hablar con los negociadores para saber lo que se había discutido, muchas veces obteniendo respuestas contradictorias entre las partes.

La injerencia de Cuba en el proceso, garante del proceso junto con Noruega, tampoco debe preocupar. Es obvio que los cubanos tienen sus propias ideas de lo que debería ser Colombia como país y sociedad, pero en negociaciones con actores internacionales, las partes o una de ellas puede exigir que los países garantes cumplan con su papel, en este caso el de garantizar la mecánica y facilitar el proceso, más no lo que se discute.

*Especialista en resolución de conflictos y negociación.

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