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Opinión

  • | 1985/02/25 00:00

    LA HISTORIA TAMBIEN CHIFLA

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Entre más regiones del país visita Virgilio Barco menos se sabe de él. Y eso es algo que tiene desconcertadas a las jerarquías liberales. Para ellas la opción Barco se está volviendo cada día menos buena pero más inevitable, lo que reconocen frecuentemente en privado, mientras se persignan con una mano y con la otra sacan cuentas electorales.
Virgilio Barco, en esencia, es el anti-candidato. Los dos únicos programas de televisión en los que ha aceptado aparecer en los últimos meses lo demuestran. En el primero de ellos, "Canal Abierto", ni siquiera se presentó como pre-candidato sino como ex alcalde, lo que francamente es el colmo de la modestia política. El resultado es que quedó bien como ex alcalde pero hizo el oso como pre-candidato, porque un hombre que está en plena campaña política para asumir las riendas del país no se puede hacer invitar a un programa de televisión, primero para exhibirse en un documental viejo y propagandístico durante sus épocas como burgomaestre de Bogotá, para después responder en vivo preguntas nostálgicas desde la cabina de producción de TV.
La segunda aparición reciente de Barco por la televisión fue en el programa "Los Trabajos del Hombre", en el que la periodista le preguntó de entrada si él era un candidato de promesas o de ideas.
Y adivinen lo que respondió Pero para corroborar su respuesta invitó a la periodista a acompañarlo a Cartagena, donde le dio al programa, a su llegada, una espectacular declaración. Al salir del avión el pre-candidato se mostró extrañado por el nutrido comité de bienvenida, confesándole a la periodista que venía en un plan muy discreto. Barco tiene la suerte de ser el único hombre del mundo a quien le filman la discreción por televisión.
Este tipo de cosas han determinado que todo el que quiere describir a Barco como candidato comience por disculparlo. Es se mejante a lo que le pasa a las mujeres a las que describen como "célebres" para no empezar diciendo que son feas. Ni más ni menos, eso fue lo que hizo el ex presidente Carlos Lleras en una conversación que mantuvo con el bachiller Cleofás Pérez en el penúltimo número de Nueva Frontera: "¿ En qué puede ser inferior el doctor Barco a cualquier candidato conservador? Sin duda en la oratoria de plaza pública, en la facilidad para improvisar y en la dicción oral. Porque cuando él escribe lo hace con muy aceptable estilo y para decir cosas de importancia. Pero lo que el país necesita para el próximo período es un buen administrador y es tonto demandar, como condición para un gobernante, el que tenga facilidad para improvisar discursos o sostener amenas charlas".
Lo más grave de Barco no son los defectos que el doctor Lleras le anota, o sea su dificultad para hablar en público, sino lo que el ex presidente pregona como su principal cualidad, que es la de ser un buen administrador. Con este cuentico del "buen administrador" a Virgilio Barco se le vienen perdonando requisitos que tradicionalmente la historia del país le ha exigido a sus demás candidatos. Y son precisamente estos requisitos los que diferencian a un buen administrador, lo que no dudo que es Barco, de un líder político, lo que sí dudo que sea.
En su libro "Líderes", Richard Nixon cita una frase magistral, que arroja claridad sobre este asunto: "Los administradores tienen como objetivo hacer las cosas de la forma adecuada. Los dirigentes políticos tienen como objetivo hacer las cosas adecuadas". He ahí el riesgo que el país corre con la candidatura Barco.
Porque, como continúa explicando Nixon, dirigir un país es mucho más que técnica, aunque en el arte de dirigirlo haya que echar mano de las técnicas.
Mientras el administrador piensa en hoy y mañana, el líder debe pensar en pasado mañana. El gran líder necesita tener la visión y la capacidad de conseguir lo adecuado. Y para ayudarle, contrata administradores, pero sólo él puede dirigir y darle al país la fuerza motivadora que necesita.
Esta es la explicación de que Barco prefiera aparecer en TV. recordando sus gloriosas épocas de administrador. Pero si Barco es en realidad eso, un administrador, como él mismo sostiene que es, como el doctor Lleras insiste que es, como sus seguidores insisten que es, ¿para qué embromarse la vida con el sueño de ser un político al que, a diferencia de un administrador, le queda tan ridículo andar huyéndole al compromiso de hablar en público? Aunque Barco indudablemente fue un gran alcalde, es probable que no llegue jamás a ser un gran Presidente. Aún tiene tiempo de recapacitar. Sin embargo es mejor que le apure, porque cuando una niña fea se exhibe en una pasarela convencida de que puede ser reina de belleza la chifla el público, pero cuando un administrador se exhibe en las plazas públicas convencido de que puede ser un político no sólo lo chifla el público sino que también se arriesga a que lo chifle la historia. -
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