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Opinión

  • | 1992/10/05 00:00

    LA HOJA DE PARRA

    La Constituyente no podía prever que el presidente no elaboraría sus listas con independencia.

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EN LA ENUMERACION DE LAS TRAGEDIAS,desventuras y desdichas que durante estos últimos meses han azotado al país, podría asegurarse con justicia que al presidente Gaviria lo ha acompañado una muy alta dosis de mala suerte. Al fin y al cabo, no es su culpa que haya recesión mundial ni que se hayan desplomado los precios del café, ni que en Colombia se nos haya instalado un agudo yerano. Inclusive ese ingrediente de mala suerte está también presente en el episodio de la fuga de Pablo Escobar. Pero de los actuales infortunios del país, el único que no es atribuible a la mala suerte, sino que es responsabilidad total y absoluta del Gobierno, es el del asalto a la justicia, que los colombianos tuvimos la oportunidad de presenciar, en vivo y en directo, la semana pasada.
Ahí sí que el presidente Gaviria está en imposibilidad de lavarse las manos.
Los nombres de los candidatos a las ternas de la Judicatura fueron negociados como favores políticos, para tapar el sobregiro en el que quedó el Gobierno con los congresistas que apoyaron la reforma tributaria, o los que se voltearon a última hora para hacerle mayoría.
El Ministro de Justicia, personalmente, les pidió candidatos a los congresistas.
Cada nombre, en cada terna, tenía su razón de estar ahí.
Con Camilo Noguera le pagaron al conservador Roberto Gerlein su entusiasta fidelidad con la reforma. Lo mismo con el nombre de Rómulo González, que fue el premio de Andrés Pastrana. No importó que en dos anteriores oportunidades, dos senadores -Rodrigo Marín y Gustavo Rodríguez- hubieran acusado al hoy magistrado González de haber sido el cerebro de Jaime Michelsen, y de haber cohonestado el robo del Guavio. Con Edgardo José Maya le pagaron a su cuñado, el parlamentario Alvaro Araújo Noguera, visible líder del gavirismo en el Congreso.
Al contralor Manuel Francisco Becerra lo mantendrán calladito con el favor a su candidata, Amelia Mantilla. Con la magistrada Myriam Donato le pagaron al senador Luis Guillermo Giraldo -líder en un comienzo de los 15 senadores oposicionistas de la reforma-, su estratégica volteada en la plenaria. Y aunque es evidente que son hombres con excelente hoja de vida y gran respetabilidad profesional, los nombres de Leovigildo Bernal Andrade y Alvaro Eheverri Uruburu también aparecieron en las ternas pagando favores. El primero a Santofimio, que ahogó el debate contra el Ministro de defensa por la fuga de Escobar.El segundo a Navarro Wolf,que forma parte de la llamada "coalición del gobierno".con los liberales, Andres Pastrana y Gerlein.
Si falta alguna prueba podría uno preguntar por qué no hubo ternas de ningún oposicionista al Gobierno. Y la respuesta es sencilla: porque no se le deben ravores a los oposicionistas del Gobierno.
Lo que la gente no debe concluir de este episodio, sin embargo, es que se equivocó la Reforma Constitucional al eliminar el sistema de la cooptación de la justicia para reemplazarlo por este, en el que el Presidente nomina a los candidatos y el Congreso los elige. Es bueno que la justicia esté politizada, en el buen sentido de la palabra. Politizada, entendiendo, por este calificativo aquella justicia en cuya integración influye la voluntad popular, así sea de manera indirecta, como sucede cuando el Congreso, elegido por el pueblo, escoge a los miembros de la rama jurisdiccional. La cooptación era un sistema corrupto, que propiciaba el clientelismo judicial, que impedía que se renovara la justicia y que critalizaba la jurisprudencia.
Lo que la Constituyente sí no podía prever era que el Presidente no elaborara sus listas con independencia, sino que los candidatos se escogieran con padrino político y se desencadenara la feria de la búsqueda de votos que los colombianos pudimos presenciar por la televisión.
De los candidatos de las ternas, prácticamente sólo dos estaban exentos de inspiración politiquera. Los señores decanos de la Facultad de Derecho de las universidades Nacional y de Antioquia. Pero no dieron un brinco, porque a ambos los apuntaron en la terna de propiedad del parlamentario Araújo Noguera, encabezada por su cuñado, para que obviamente no salieran elegidos, así se hubieran puesto a hacer campaña en el Congreso, como los demás.
El país siempre ha percibido al presidente Gaviria balaceándose sobre una cuerda floja entre el estadista y el manzanillo. Dios quiera que este episodio no signifique que nuestro Presidente, finalmente, se quitó su hoja de parra.
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