Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/08/10 11:52

La hora de los militares en Venezuela

¿Es Nicolás Maduro quien realmente manda en Venezuela? La gran concentración de poder en manos de los militares sugiere que la estabilidad del país dependerá de la responsabilidad de sus Fuerzas Armadas.

La hora de los militares en Venezuela Foto: Semana.com

Recientemente, a la figura de Nicolás Maduro le ha hecho sombra el general Vladimir Padrino López, que ostenta a la vez el cargo de ministro de Defensa y comandante operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). A este inusual doble cargo se le suma la ardua tarea de encabezar, junto con Maduro, el “Comando Presidencial Cívico-Militar”, que tiene como objetivo resolver la crítica escasez de alimentos, medicinas y otros bienes de primera necesidad que necesitan los venezolanos para sobrevivir. Todos los ministerios y otras instituciones del Estado están subordinados a este nuevo órgano, cuyas funciones incluyen no solamente la producción, importación, comercialización y el sistema de precios de los productos básicos, sino también la seguridad y defensa de la nación.

Si a alguno le quedaban dudas sobre la enorme responsabilidad de los militares en los juegos de poder de Caracas, quedaron convencidos tras el nombramiento el pasado miércoles 3 de agosto de Néstor Reverol como ministro del Interior un día después de que un tribunal estadounidense le acusara por tráfico de drogas.

Durante gran parte de su historia, Venezuela ha sido gobernada por hombres uniformados. El líder de una intentona de golpe de Estado en 1992, el comandante Hugo Chávez, fue electo presidente seis años después e inauguró un régimen declarado abiertamente “cívico-militar”. Desde entonces, la FANB ha adoptado por la defensa de la revolución como su razón de ser, incluso por encima de la de la nación.

En medio de una profunda crisis económica y humanitaria, la MUD logró una victoria holgada en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. Sin embargo, lo que pudo ser una oportunidad de diálogo entre dos facciones del país que llevaban más de 15 años sin conversar, derivó en una espiral de confrontación que ha llevado al presidente a gobernar por decreto de forma sistemática.

El actual bloqueo parlamentario y la crisis económica no deja muy bien parado a Maduro según una reciente encuesta de Datanálisis: más del 80 por ciento del electorado quiere que salga de la presidencia de forma constitucional antes de que termine el año. Sin embargo, el Consejo Nacional Electoral el martes postergó la posibilidad de un referendo revocatorio hasta el año que viene, evitando de esta manera unas elecciones presidenciales adelantadas.

Mientras se acentúa el descontento popular ante la parálisis política, el control de la FANB podría significar la diferencia para el presidente entre mantener el poder y perderlo. Hasta ahora, los equipos antimotines de la Policía y la Guardia Nacional han mantenido a raya los manifestantes, pero las protestas y saqueos por falta de comida se han venido repitiendo, poniendo a prueba sus recursos.

Nadie sabe cómo reaccionaría el Ejército si el Gobierno quisiera sacarlo a la calle. Algunos expertos afirman que los oficiales estarían renuentes a ordenar a sus tropas disparar contra manifestantes. Sin embargo, una resolución promovida por el propio Padrino en enero del 2015 y ratificada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en julio permitiría, en teoría, el uso de fuerza letal en ciertas circunstancias.

Conviene recordar que Padrino ascendió gracias a su lealtad a Chávez, siendo uno de los oficiales que se negaron a unirse a un golpe fallido en su contra en 2002. Sin embargo, circulan fuertes rumores que habrían parado un intento por parte de seguidores del gobierno de Maduro de robar las elecciones de diciembre del 2015, ganándose la enemistad del entonces número dos del régimen, Diosdado Cabello, también oficial del Ejército. Ambos rechazan la veracidad de esta versión.

Para Maduro, que proviene del ala izquierdista civil del movimiento chavista, las Fuerzas Armadas representan un arma de doble filo. Actualmente hay más militares en el gabinete que cuando Chávez estaba en el poder, y casi la mitad de los 20 gobernadores estatales con los que cuenta el régimen son ex oficiales de la FANB. En diciembre, Maduro anunció un “plan muy detallado, muy bien pensado” para que los militares regresaran a los cuarteles. Pero el tan bien armado plan quedó en nada, y prácticamente ningún militar se movió.

Ahora parece que el presidente se ha visto obligado a entregarle a la FANB la tarea más apremiante a la que se enfrenta el Gobierno: evitar que la ira popular por la escasez de comida y medicinas lo tumbe. La expansión gradual del poder de los militares en respuesta a la pérdida de legitimidad del régimen de Maduro empieza a parecerse a un golpe de Estado en cámara lenta.

Lo que sí está en duda es la capacidad del Ejército para mejorar la situación. El aparato estatal agroalimentario ha sido dominado durante mucho tiempo por los generales, y se maneja de acuerdo a los principios de una economía centralizada. Los resultados han sido un colapso de la producción nacional y una corrupción obscena y descarada.

Con tanta concentración de poder, la forma en que los militares entiendan sus objetivos es absolutamente clave para el futuro del país. Más que dar soporte a un presidente impopular, su objetivo podría ser el de controlar los términos de la transición para asegurar que sus propios intereses se protejan. Es esperable que los militares se muestren especialmente receptivos en lo que concierne a sus fuentes de ingresos, algunas de ellas ilícitas (como en el supuesto caso de Reverol), sus poderes políticos, y su reputación como guardianes de la paz y la soberanía en Venezuela. Las prioridades serán tan diversas como las distintas facciones dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas.

El nuevo papel del ministro de Defensa implica que “el diálogo de la transición será con los militares”, apuntaba una experta en seguridad y defensa. En el pasado, Padrino ha cuestionado la legitimidad del referendo revocatorio. Pero fuentes cercanas al ministro aseguran que no es tan chavista como sus declaraciones públicas indicarían, y podría hasta apoyar un referendo si cree que es por el bien de los militares.

En este sentido, si los generales no logran parar la espiral de violencia y el caos económico y social, la crisis podría llevarse hasta a ellos mismos.

*Analista principal del International Crisis Group para Venezuela

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