Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/02/15 14:10

La independencia periodística en la crisis ambiental

Cuando se trata de buscar las causas de la crisis del medio ambiente e identificar a sus responsables, el trabajo de los medios se está quedando corto.

Sebastián Salamanca

El 4 de febrero el precandidato a la presidencia de Estados Unidos, Bernie Sanders, insinuó en un debate que su contendora, Hillary Clinton, está “comprada” por los billonarios que la financian. “Usted no va a encontrar que yo haya cambiado jamás mis posiciones o mis votos por alguna donación que haya recibido”, respondió Clinton. “Es hora de terminar con esas ingeniosas difamaciones que usted está llevando a cabo”.

“Hablemos de cambio climático”, dijo Sanders retomando la palabra. “¿Usted cree que hay una razón por la que no hay un sólo candidato republicano que tenga el valor de reconocer que el cambio climático es real? ¿Usted cree que eso no tiene nada que ver con que los hermanos Koch y Exxon Mobile pongan enormes cantidades de dinero en el sistema político?”.

Sanders está desnudando la influencia que tienen los financiadores de campañas políticas sobre las ideas de sus candidatos(as). En estos momentos de catástrofes ambientales, vale la pena preguntarse si el argumento de Sanders aplica también para el cubrimiento periodístico de estos eventos. ¿Será que los recursos que reciben los medios de comunicación en Colombia de parte de empresas extractivas están afectando la calidad y la independencia del cubrimiento de los conflictos ambientales?

La semana pasada Noticias RCN recorrió el río Magdalena de principio a fin mostrando su contaminación, Caracol Noticias presentó un reportaje especial sobre el impacto del cambio climático a nivel mundial, El Espectador demostró que la Reserva Thomas Van der Hammen no es solamente “un potrero” y El Tiempo presentó un especial sobre la falta de agua en la Guajira. Inclusive, El País de España publicó que Bogotá se ahoga en el mar de la contaminación de su aire.

Sin embargo, cuando se trata de buscar las causas de la crisis e identificar a sus responsables, el trabajo de los medios se está quedando corto. ¿No tenemos derecho a saber quiénes son los principales responsables de la contaminación del Magdalena? ¿A saber quiénes están detrás del negocio de urbanizar la Van der Hammen? ¿A conocer por qué en enero la calidad del aire en Bogotá llegó a ser peor que la de Beijing?

La falta de información sobre asuntos ambientales no es un problema único del periodismo colombiano. Alan Rusbridger, quien fue editor de The Guardian, considera que el cubrimiento del cambio climático es el mayor fracaso del periodismo en las últimas décadas. “El problema con esta historia es que es tan grande… y los periodistas han fallado porque no cambia mucho en el día a día,” dijo en una entrevista el año pasado. “El periodismo es brillante para capturar un momento, o cambios, o cosas inusuales. Pero si es básicamente lo mismo todos los días, todas las semanas, todo el año, los periodistas pierden la pasión.” 

Al mismo tiempo, la revista de la facultad de periodismo de la Universidad de Columbia analizó en el 2014 por qué si la ciencia ha llegado al consenso de que el cambio climático es real y es causado por los humanos, el periodismo no ha logrado comunicar efectivamente esos hallazgos a un público más informado y más comprometido (http://www.cjr.org/the_observatory/narrating_climate_change.php). Parte de la respuesta está en los billones de dólares que la industria de los combustibles fósiles ha pagado para organizar un ejército de negacionistas del cambio climático que se mueve entre la política, la academia y los medios de comunicación para garantizar que los intereses de la industria no se vean afectados. Muchos periodistas, en su afán de ser objetivos le han dado el mismo peso a los argumentos de la ciencia que a los de los negacionistas creando lo que se ha llamado el “falso balance” en las historias periodísticas sobre el cambio climático.

Puede que la publicación repetitiva de historias similares sobre catástrofes ambientales termine por cansar a los periodistas que cubren el tema y por aburrir al público. También puede que asignar el mismo valor en las historias a los argumentos científicos que a los que no lo son, confunda a las audiencias. Pero esto no explica por qué –como dice Rusbridger- los periodistas hemos fracasado estrepitosamente en cubrir el cambio climático.

En octubre del 2012 el periodista Daniel Pardo fue despedido del portal Kien&Ke por denunciar cómo la publicidad pagada por Pacific Rubiales a numerosos medios de comunicación (incluyendo Kien&Ke) estaba afectando la independencia del cubrimiento relacionado con las operaciones de Pacific ). El episodio de Pardo ilustró la relación perversa que se puede generar entre la industria extractiva y los medios y cómo esos pagos de publicidad crean un clima que no favorece la investigación y la publicación de historias inconvenientes para la industria.

Otro problema es la falta de transparencia. Es difícil conocer a cuáles medios de comunicación están pagando esas empresas, y cuánto dinero. María Mercedes Palacio, gerente de comunicaciones de Pacific Rubiales negó una solicitud de información de contratos de publicidad –presentada para la redacción de esta columna- diciendo que la empresa hace un uso discrecional de su presupuesto. También afirmó que los criterios para determinar en qué medios pautar hacían parte de planes estratégicos que requerían de absoluta confidencialidad. A su vez, Connie Linares de la Drummond, negó otra solicitud idéntica asegurando que no era procedente pues la ley no obliga a la empresa a entregar esa información. ¿Será que los medios si estarían dispuestos a publicar cuanto reciben de las extractivas?

Algunos periodistas en el Tolima piensan que ese clima negativo para la libertad de prensa existe en la región a propósito de las operaciones mineras de Anglogold Ashanti. Uno de ellos, que trabajó en El Nuevo Día y en otros medios locales, afirmó que la publicidad es un mecanismo de la empresa para evitar que los medios metan demasiado sus narices en La Colosa. Otro periodista, que interactuó con Anglogold constantemente, además de admitir la problemática de la publicidad, reconoció que la realización de fiestas a periodistas e invitaciones a viajes a Brasil y a Perú  por parte de Anglogold para ver el funcionamiento de minas en esos países, eran -a su juicio- parte de una estrategia de la empresa para tener a los medios de su lado. “Eso si, ya de depende de cada periodista si se deja comprar o no”, dijo.

No obstante, Margarita Arango, gerente de comunicaciones de Anglogold en Colombia, negó esas acusaciones diciendo que en realidad, sobre La Colosa los medios dicen tanto cosas positivas como negativas. Aseguró que la empresa tiene clara la separación entre las áreas comerciales de los medios y su salas de redacción. “Nosotros respetamos la independencia periodística. Los medios hablan abiertamente sobre la empresa, sin interferencias,” dijo. “Un periodista no se puede sentir intimidado sólo porque haya pauta”.

El año pasado Alan Rusbridger solicitó a la empresa dueña del periódico The Guardian, que retirara el dinero que tenía invertido en la industria de los combustibles fósiles. Contra todo pronóstico, su solicitud fue aceptada y The Guardian Media Group anunció que cortaría sus vínculos financieros con esa industria. En Colombia, el gobierno se comprometió en el acuerdo de participación política con las Farc a modificar las normatividad que regula la pauta publicitaria. Es una oportunidad para lograr transparencia en la asignación de esos recursos y la creación de mecanismos para evitar que la pauta siga siendo una herramienta de censura indirecta para la prensa.

*Periodista y abogado. Twitter: @Jssalamanca

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