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Opinión

  • | 2014/04/24 00:00

    La industria del holocausto

    Un libro que denuncia la explotación con fines políticos y económicos que hacen los líderes judíos del sufrimiento de las víctimas del holocausto nazi.

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Durante la Semana Santa aproveché para terminar de leer tres libros que tenía en remojo: ‘Mitos y realidades del conflicto palestino- israelí’ de Jorge Simán Abulefe, ‘Biografía de un cimarrón’ de Miguel Barnet y ‘La industria del holocausto’ de Norman G. Finkelstein.

Finkelstein es judío estadounidense, hijo de supervivientes de los campos de concentración, Ph.D en Ciencias Políticas de la Universidad de Princeton, experto en judaísmo, sionismo y en el conflicto palestino-israelí. Su libro es revelador y polémico, condensa una investigación histórica rigurosa sobre el holocausto y desde su publicación no ha parado de generar controversias por las vehementes denuncias que se hace en sus 201 páginas.

Sostiene que uno de los mayores peligros para la memoria de las víctimas del nazismo procede aquellos que se erigen en sus guardianes. De hecho, denuncia la extorsión que los grupos de presión de las organizaciones judíos han sometido a Suiza, Alemania y a los legítimos reclamantes judíos del holocausto. Señala en un sesudo análisis que los fondos de las indemnizaciones no han sido utilizados en gran medida para ayudar a los supervivientes, sino para mantener el funcionamiento la industria del holocausto.

Examina cómo desde el triunfo de Israel en la guerra árabe-israelí de 1967, el holocausto se convirtió en el eje de la política de los judíos en Estados Unidos. Explica que en los siguientes años de la Segunda Guerra Mundial, las principales organizaciones judías en Estados Unidos restaron importancia al holocausto para adaptarse a los intereses de la política exterior de Estados Unidos. 

Asegura que las élites judías en Estados Unidos tenían reparos con respecto a la creación de un Estado judío, porque creían que los dirigentes judíos de izquierda de la Europa del este, que regirían los destinos de Israel, se sumarían a la órbita soviética. Argumenta que tras la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, Estados Unidos decidió incorporar a Israel como un valor estratégico de su política exterior en el Oriente Medio. 

Subraya que fue cuando Estados Unidos comenzó a destinar todo tipo de ayuda económica y militar con el fin de convertir a Israel en pieza clave de su poder en el Oriente Medio. Por consiguiente, el triunfo de Israel en el conflicto árabe-israelí originó un cambio radical en la situación política de los judíos en EE. UU. 

En consecuencia pasaron a formar parte de la defensa de los intereses geoestratégicos de Washington en el Oriente Medio. Viraje que, en su opinión, se originó por dos motivos. El primero, Israel se convirtió en un valor estratégico para la política exterior de Estados Unidos en el Oriente Medio. El segundo, la comunidad judía estadounidense paso a ser una fuerza política y económica trascendental en la política interna y externa de Estados Unidos y determinante durante la Guerra Fría.

Finkelstein indica que antes de la guerra árabe–israelí las referencias del holocausto eran escasas, pero apartir del triunfo de Israel, la industria del holocausto brotó por su supremacía militar. De suerte que el recuerdo del holocausto pasó a primer plano y se empezó a considerar que la situación de un Israel vulnerable sería similar a la sufrida por los judíos en Europa. 

Para Finkelstein no fue el aislamiento, ni el miedo de un segundo holocausto lo que generó que las élites judías en Estados Unidos pusieran en marcha la industria del holocausto, sino el poderío militar de Israel en la Guerra de los Seis Días y su alianza estratégica con Estados Unidos. 

Entonces, fue cuando para las élites judeo-estadounidenses recordar el holocausto se transformó un valor determinante para proteger sus intereses en Estados Unidos y los de Israel. Y es así como para las élites judías en Norteamérica, el holocausto pasó a desempeñar una función clave en su ofensiva y en su política de defensa de sus intereses. Por eso que el dogma del eterno odio a los judíos se transforma en una cortina de humo para inmunizar a Israel y a la comunidad judía de las hostilidades en contra de los árabes y pieza fundamental de su política en el mundo.

Afirma que los estudios del holocausto están repletos falacias y son dudosos los testimonios de gran parte de los sobrevivientes, porque muchos judíos que habían vivido en otros lugares durante la guerra se hicieron pasar por sobrevivientes de los campos de concentración y otros reinventaron su pasado para recibir la indemnización alemana. 

Finalmente, concluye que en los últimos años la industria del holocausto se ha convertido en una red de corrupción y extorsión, por que cuando los alemanes o los suizos se niegan a pagar una indemnización, el cielo no es suficientemente grande para abarcar la indignación de la comunidad judía estadounidense, pero cuando las élites judías roban a los supervivientes judíos, no se trata de un problema ético sino una simple cuestión de dinero.

En Twitter: @j15mosquera
jemosquera@une.net.co
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