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Opinión

  • | 2013/12/14 00:00

    La intimidad en la era digital

    No se deje convencer de que su vida privada vale menos en internet.

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La regla general es que todas las personas tienen derecho a su intimidad, que es una zona abstracta reservada por ley para uno mismo, sus amigos y su familia. La intimidad se puede restringir principalmente en dos casos: a) hacer inteligencia para protegernos de los enemigos concretos o b) perseguir a delincuentes, bajo autorización de los jueces.  Estos dos casos son excepcionales, deben ser necesarios y proporcionados y si se convierten en la cotidianidad terminarían eliminando esa zona personal que queremos proteger de lo público.

Tanto la intimidad como sus excepciones operan en el mundo real y en el mundo digital, pero hay quienes quieren hacernos creer lo contrario. En Naciones Unidas, cinco países que se conocen como los Cinco Ojos por sus acuerdos secretos para chuzar las comunicaciones de los demás, quisieron desarrollar las teorías de la extraterritorialidad y de la virtualidad para escapar a la regla general que proponían Brasil y Alemania.

Según su propia versión de la territorialidad, los Estados sólo deberían respetar la intimidad de quienes se encuentran en su territorio y su jurisdicción. Así justificó  parcialmente Obama la actuación de la NSA develada por Snowden.  De manera que, alegando proteger la seguridad interior, un gobierno podría entrar legalmente en el mundo privado de quién suministra los servicios de comunicaciones y exigir, sin la autorización judicial debida, la revelación de todos los datos que giran en torno a un usuario con relaciones en el extranjero.  Como si el internet funcionase con aduanas, visas y pasaportes

También alegaron los Cinco Ojos, liderados por Estados Unidos y sustentados en sus agencias de inteligencia, que en la virtualidad vale menos la intimidad.  Los opositores a los Cinco Ojos contra-argumentaron  y explicaron lo clave del anonimato en internet para circular sin atentar contra la libertad de expresión.  Insistieron que esta protección es válida en los Estados represivos, donde expresarse en contra del régimen es peligroso (como en la Primavera Árabe o incluso en ocasiones en Colombia) pero también lo es en circunstancias ordinarias. Y añadieron que la percepción de ser observado afecta la confianza de la gente y su posibilidad de ser totalmente verdaderos para si mismos, sus amigos, su familia e incide en lo que dicen, a donde van, con quién andan y como interactúan, especialmente cuando los afectados son una minoría vulnerable o no-dominante o si se trata de periodistas que tienen fuentes reservadas. 

Afortunadamente, en estas discusiones que tuvieron lugar en el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas en el pasado mes de noviembre, lo Cinco Ojos tuvieron que ceder ante la presión de los Estados que habían propuesto una resolución respetuosa al derecho a la intimidad.   Así que, después de mucha presión, hubo consenso al aceptar que estas fórmulas de vigilancia masiva violan el derecho humano a la intimidad y que la prevención genérica del terrorismo no es causa suficiente para espiar globalmente.  Y bajo esta mirada se presentará este mes la resolución El derecho a la Intimidad en la Era Digital, para aprobación de la Asamblea General de la ONU. También quedó claro que hay que seguir en guardia frente a los múltiples ojos; que las excepciones, son excepciones y que no pueden volverse regla general.


*Subdirectora del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (www.dejusticia.org)

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