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Opinión

  • | 2008/04/12 00:00

    La jugada de la Pelosi

    En Colombia la vida de un sindicalista debe valer lo mismo que la de una madre, la de un sacerdote, la de un soldado, la de un taxista, la de un político y la de un campesino.

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Tienen razón quienes creen que no todo está perdido en la negociación del TLC con Estados Unidos. La señora Pelosi demostró que de haber querido hundirlo de una la semana pasada, tenía los votos necesarios. La pregunta es: ¿Por qué no lo hizo?

Ella, los candidatos demócratas Obama y Clinton y los demás demócratas del Congreso encontraron la disculpa perfecta para atravesársele al TLC con un argumento altruista que camuflara las verdaderas razones que mueven a los demócratas, que son las electorales, en caso de que el presidente Bush, como efectivamente lo hizo, quisiera cumplirle a Colombia metiendo el tratado en el Congreso a la fuerza: la disculpa de proteger la seguridad de los sindicalistas y trabajadores colombianos.

Si esta fuera su verdadera motivación contra el TLC, entenderían que la mejor manera de ayudar a este país y, de paso, a los sindicalistas y trabajadores que pretenden proteger, era aprobar esta herramienta para tumbar las barreras comerciales entre los dos países. ¿De cuándo acá pensaron los demócratas que nos comeríamos la ridiculez de que para proteger la vida de los sindicalistas colombianos la mejor herramienta es la de oponerse a un tratado comercial que les garantizará más empleo?

Pero la gran mentira que contiene esta disculpa se cayó de su peso el día en el que votaron para levantarle el fast track al tratado, dejando sin límite de tiempo su discusión. En esa sesión no se mencionó ni una vez a los sindicalistas colombianos; en cambio, la señora Pelosi confundió a Colombia con Bolivia y el verdadero trasfondo del debate se hizo evidente: sacarle a Bush una gran tajada proteccionista para los sindicalistas norteamericanos, que son la verdadera explicación de que el tema del TLC con Colombia tuviera todas las de perder si entraba al Congreso en plena campaña electoral. Esa tajada es la que explica que el TLC no se hundiera la semana pasada, y que probablemente no se hunda definitivamente. A los demócratas les entregaron un excelente instrumento para chantajear a Bush en plena campaña electoral.

Y hay que admitir que la jugada de Pelosi fue maestra. En este momento, discutir el TLC en el Congreso norteamericano era un negocio pésimo para los demócratas. Si lo discutían y lo aprobaban, se echaban encima los sindicatos. Si lo discutían y no lo aprobaban, se echaban encima varias empresas privadas que son proTLC, ambos sectores grandes financiadores de la campaña. Por eso, en lugar de discutirlo optaron hábilmente por la "operación nevera", con lo cual dejaron la puerta un poquito abierta para que tampoco Colombia recibiera con amargura la derrota definitiva del TLC, y en cambio dejarnos viva la expectativa de que en cualquier momento pueda salir del congelador, si el presidente Bush concede las exigencias que en materia laboral le piden los demócratas.

Hemos fallado. Hemos fallado en difundir el mensaje de que el corazón del problema de la violencia actual en Colombia es el narcotráfico, común denominador de los grupos armados ilegales de derecha o de izquierda y de la delincuencia común. Hemos fallado en recordarle a Estados Unidos que ellos son cómplices, como grandes consumidores de droga, de que exista el dinero para financiar esas bandas que asesinan sindicalistas y trabajadores, tan colombianos como a otros que también asesinan sin que merezcan la protesta de los demócratas gringos. Hemos fallado en explicarles que en Colombia valoramos la vida de un sindicalista tanto como la de una madre, la de un sacerdote, la de un político, la del conductor de un taxi, la de un campesino, la de un maestro, la de un soldado.

¿Es muy difícil transmitirles este mensaje a los políticos norteamericanos de parte de un país que lo único que quiere es que le den oportunidades de ampliar su comercio, porque tener más empleo legal aleja a los colombianos de las tentaciones del dinero rápido a través de actividades ilegales?

Puede que la señora Pelosi se haya salido con la suya. Pero si pretende que nos comamos el cuento de que lo que les interesan a ella y a sus amigos demócratas son los sindicalistas y trabajadores colombianos (o bolivianos), que no nos crea tan bobitos. Y a los bolivianos tampoco.


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