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Opinión

  • | 2012/05/26 00:00

    La justicia mediática

    Con razón mi amigo Ramiro Bejarano me dijo que si fuera por narizones habría entonces que sindicar también a Juan Lozano y a Juan Gabriel Uribe.

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Yo no sé si Sigifredo López es culpable de los horrores que se le acusan. Lo que sí no tengo la menor duda es que ya ha sido condenado por esa justicia mediática que ha rodeado este caso desde el comienzo. Y lo que es más grave es que quien le ha puesto la soga al cuello ha sido el propio fiscal Montealegre, quien fue el primero en exponer este caso ante los medios en una entrevista que le concedió a Yamid Amat para El Tiempo el 5 de mayo pasado. Para ser un fiscal tan ecuánime como dicen que es, se dejó ver como partidario de la justicia mediática.

En esa ocasión el fiscal decidió, para sorpresa de muchos, invertir el curso lógico de las cosas y, en lugar de hacer primero las capturas y luego los anuncios pertinentes en los medios, hizo lo contrario: anunció la captura de los políticos que pensaba capturar y luego procedió a hacerlas. El fiscal llegó incluso a dar el numero de los políticos que iba a apresar por cuenta de la parapolitica -dijo que iban a ser 60-, y como quien no quiere la cosa, anunció también que pronto haría un pronunciamiento sobre relaciones de la política con las Farc "que estremecería al país".

A las pocas semanas, cumplió su promesa: capturó a los 60 políticos por sus vinculaciones con la parapolítica que participaron en el pacto de Chivolo y, al otro día del atentado contra Fernando Londoño, procedió a hacer la captura de Sigifredo López. Y como él mismo lo predijo: su captura estremeció al país.  

Pero ahí no paró la justicia mediática. Luego vino el video que salió en los medios como la prueba reina que tenía la Fiscalía para respaldar la tesis de que Sigifredo López era el que había orquestado el secuestro de los diputados y contribuido a su posterior asesinato. En el video aparece una persona con un perfil parecido al del exdiputado y, sin haberle hecho ninguna prueba de voz ni grafológica, la Fiscalía concluyó que por tener esa nariz ampulosa se constituía una prueba suficiente para pensar que Sigifredo López había urdido el secuestro de los diputados, se había autosecuestrado durante siete años y había asesinado a sus amigos. Con razón mi amigo Ramiro Bejarano me dijo que si fuera por narizones habría entonces que sindicar también a Juan Lozano y a Juan Gabriel Uribe, dos narizones de marca mayor. Yo de ellos, me cuidaría.

Ante esta justicia mediática que ya lo condenó razón tiene Sigifredo López en haberle pedido un peritaje al FBI para que le practiquen las pruebas, porque de entrada ya fue declarado culpable en los medios por una Fiscalía que no solo anunció su captura sino que dejó filtrar un video en el que lo muestran como el perpetrador de su autosecuestro.

Repito: yo no sé si Sigifredo Lopez es culpable o si es inocente. Pero sí tengo claro que estos procesos no se pueden llevar en los medios cuando ni siquiera se han practicado las pruebas pertinentes. La filtración de evidencias que son parte de la cadena de custodia enrarecen el ambiente y dan la impresión de que lo que se quiere es que la justicia mediática condene o absuelva para que la Justicia real entre a actuar de la misma forma, como si esta fuera un eco de la primera. Los fiscales no deberían anunciar sus capturas, sino hacerlas, y en lugar de filtrar evidencias, cotejarlas para saber si son pruebas concluyentes.

Dicen que el doctor Montealegre es un hombre ecuánime que no se deja sacar de sus fronteras jurídicas. Sin embargo, en esta ocasión, algo se le chispotió.
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