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Opinión

  • | 2016/12/29 11:19

    La legitimidad de la Constituyente de 1991 y la lucha por la vida (I)

    El pueblo decidió el 27 de mayo de 1990 que sí convocaba a la Asamblea. Por esa opción votó poco menos de 5'100.000 ciudadanos que constituyeron más del 88% del número de votos válidos consignados en esas elecciones.

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El camino hacia la Constituyente no era fácil. La Corte Constitucional había negado, a propósito de la “Asamblea Constitucional” promovida por el Presidente López Michelsen para tratar el tema de la justicia y de la descentralización territorial, la posibilidad de que el Congreso pudiera delegar su poder Constituyente, al señalar a propósito del Acto Legislativo No.2 de 1.977: “su expedición acusa un vicio fundamental en su formación o sea la incompetencia del Congreso para delegar el poder de reforma, que de manera exclusiva y excluyente le fue otorgado por el Constituyente Primario”. Y agregó: “sólo el Constituyente Primario puede crear ese cuerpo y atribuirle el poder de reforma”.

La “Séptima Papeleta” y los desarrollos posteriores partieron a la búsqueda de esa Constituyente que debía ser convocada por el pueblo mismo como única alternativa jurídicamente viable.

Fue así como en 1.990 el Presidente Virgilio Barco expide el decreto de Estado de Sitio No.927. En él se encuentra el diagnóstico sobre la situación fáctica y jurídica del momento que debe conducir a la Constituyente:

1) “Que la acción de los grupos que promueven diversas formas de violencia se ha recrudecido, lo cual ha agravado la perturbación del orden público y ha creado un clamor popular para que se fortalezcan las instituciones”.

2) “Que el gobierno debe facilitar que el pueblo se pronuncie en las elecciones del 27 de mayo de 1990, puesto que “La Nación Constituyente, no por razón de autorizaciones de naturaleza jurídica que la hayan habilitado para actuar sino por la misma fuerza y efectividad de su poder político, goza de la mayor autonomía para adoptar las decisiones que a bien tenga en relación con su estructura política fundamental”. (Corte Suprema de Justicia, sentencia de junio 9 de 1987)

3) “Que el 11 de marzo de 1990 un número considerable de ciudadanos, por iniciativa propia, ante la inminente necesidad de permitir el fortalecimiento institucional en ejercicio de la función constitucional del sufragio y de su autonomía soberana, manifestaron su voluntad para que la Constitución Política fuera reformada prontamente por una Asamblea Constitucional y que dicha convocatoria ha sido recogida y reiterada por las diversas fuerzas políticas y sociales”.

Este decreto 927 ordenó: “la organización electoral procederá a adoptar todas las medidas conducentes a contabilizar los votos que se produzcan en la fecha de las elecciones presidenciales de 1990, en torno a la posibilidad de integrar una Asamblea Constitucional”.

Y en su artículo 2º estableció: “La Tarjeta Electoral que contabilizará la organización electoral, contendrá el siguiente texto:

"‘¿PARA FORTALECER LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, VOTA POR LA CONVOCATORIA DE UNA ASAMBLEA CONSTITUCIONAL CON REPRESENTACIÓN DE LAS FUERZAS SOCIALES, POLÍTICAS Y REGIONALES DE LA NACIÓN, INTEGRADA DEMOCRÁTICA Y POPULARMENTE PARA REFORMAR LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COLOMBIA? SÍ-NO‘".

El pueblo decidió ese 27 de mayo de 1.990 que sí convocaba la dicha Asamblea. Por esa opción votó poco menos de 5.100.000 ciudadanos que constituyeron más del 88% del número de votos válidos consignados en esas elecciones.

La convocatoria de la Constituyente tuvo, pues, un amplísimo respaldo popular. No tuvo el electorado la misma respuesta cuando se le pidió que dijera el 9 de diciembre de 1.990: “Sí convoco una Asamblea Constitucional que sesionará entre el 5 de febrero y el 4 de julio de 1.991. Voto por la siguiente lista de candidatos para integrar la Asamblea Constitucional”. El resultado fue que los 70 Constituyentes elegidos lo fueron con sólo 3.710.567 votos que significó una participación electoral apenas inferior al 30%. Ha sido, sin embargo, la única vez en la historia de Colombia que una Asamblea Constituyente fue integrada mediante el voto directo de los ciudadanos que quisieron participar en las elecciones. Esta primera vez sienta un precedente difícil de ignorar en el futuro.

Vale la pena hacer la siguiente anotación: Lo importante para la Democracia no es el número de votos sino la posibilidad que tengan todos los ciudadanos de votar libremente. Que exista el voto universal directo. Debo recordar que en varios países, entre ellos Estados Unidos y Francia se ha encuestado a los abstencionistas y el resultado ha sido el de que, ante las diversas opciones, se han dividido de la misma manera y sensiblemente en los mismos porcentajes que lo hicieron los votantes.

Feliz año 2.017 a todos mis lectores estén o no de acuerdo con mis tesis.

*Constituyente 1.991
Diciembre 29 de 2.016

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