Martes, 17 de enero de 2017

| 2000/07/10 00:00

La lista

Manda decir la Casa Blanca de Washington que los amos del narcotráfico en el mundo son seis mexicanos, un nigeriano, dos birmanos y dos nativos de la minúscula isla caribeña de Saint Kitts.

La lista

Manda decir la Casa Blanca de Washington que los amos del narcotráfico en el mundo son seis mexicanos, un nigeriano, dos birmanos y dos nativos de la minúscula isla caribeña de Saint Kitts. Qué curioso: no figura en la lista ningún norteamericano. Y más curioso todavía: a nadie le parece que esa ausencia de norteamericanos sea curiosísima. Curiosísima, en primer lugar, porque el negocio del narcotráfico es fundamentalmente norteamericano, de cabo a rabo. Los Estados Unidos son el primer consumidor de drogas ilícitas del planeta y, a la vez, el país que ha impuesto a todo el planeta el hecho de que consumir drogas sea ilícito. Y, de pasada, el país donde se lavan, y se quedan, las inmensas ganancias generadas por el negocio de las drogas ilícitas, que son inmensas porque son ilícitas. Así que llama la atención que en una actividad que se desarrolla fundamentalmente en las calles y en los bancos de los Estados Unidos no participe ningún norteamericano.

Y el caso resulta curioso también si se compara con cualquier otra actividad económica. Los empresarios norteamericanos son los amos en todas ellas, desde la agricultura hasta las tecnologías virtuales, pasando por todo lo demás, banca incluida, o armamento, o comida rápida. ¿Y en la droga no? Nadie se imagina a un señor nigeriano manejando las telecomunicaciones por satélite del mundo entero, ni a uno de Saint Kitts controlando el negocio de la energía nuclear, ni a otro —así sean dos— de Birmania imponiéndose en la industria aeroespacial. Seis mexicanos son bastantes mexicanos: un mariachi completo de la Plaza Garibaldi. Pero no parece verosímil que seis mexicanos solos sean capaces de expulsar del mercado de la música a los muchachos de Nashville, a quienes no pudo aguantarles la parada ni la Deutsche Gramophon. No, no. ¿Nos van a decir ahora que los gringos, que lo manejan todo, no son capaces de manejar las drogas? No, no. Yo, personalmente, no lo creo. Me extrañaría.

Se trata, sí, de un tráfico inmoral. Y ellos son profesores de moral. De un tráfico ilegal. Y ellos, que lo hicieron ilegal, son profesores de legalidad. Pero, si nos atenemos a sus propias estadísticas, también esos profesores de moralidad y de legalidad son los más ilegales e inmorales del mundo: manejan el comercio de armas químicas y la prostitución infantil por Internet, y han conseguido convertirse en el país con más presos de la historia: tienen más que la Unión Soviética de Stalin en los tiempos horrendos del Gulag. De modo que también me extrañaría, y supongo que extrañaría a cualquiera, que se abstuvieran por razones morales o legales de participar en el negocio del narcotráfico. Es demasiado bueno. Es demasiado grande. Es demasiado suyo.

Suyo. Lo confirma, me imagino que involuntariamente, el hecho de que en la lista de los amos del narcotráfico no figure ningún colombiano, cuando hasta hace pocos años eran los colombianos los acusados —por los gringos— de manejar el negocio. Pues ya no. Pero eso sólo significa que, gracias a los gringos, y a las presiones de los gringos, los colombianos hemos perdido el negocio, después de haber perdido en él nuestra honra, y nuestra alma.

Por eso no me parece que sea consolador, como lo creen algunos, el hecho de que Colombia haya dejado de figurar en esas listas de países enemigos de la humanidad que periódicamente publica el gobierno de los Estados Unidos. No son enemigos de la humanidad: son rivales, o competidores, o simplemente indóciles ante los Estados Unidos. Los que ellos llaman países “criminales” —Irak, Cuba, Libia, Corea del Norte, la miserable Somalia— no son ni siquiera países que hayan atacado a los Estados Unidos. Sino al revés: son países que han sido atacados por los Estados Unidos. Colombia ya ni siquiera figura en esa lista: ¿Tan cobardes somos? ¿Tan sometidos nos hemos vuelto?

También lo éramos antes. Pero es cosa sabida: la prepotencia de los amos es consecuencia, y no causa, de la abyección de los esclavos.

Manda decir la Casa Blanca que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos está autorizado para incautar los bienes de todos los que figuren en sus listas.

Ojo.

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