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Opinión

  • | 2011/04/04 00:00

    La lucha por el agua: Santurbán y gas de schiste

    La defensa del agua se ha vuelto un desafío apremiante en varias partes del mundo, como lo ilustró el caso del páramo de Santurbán. También es el reto último de la protesta del 26 de febrero en Villeneuve de Berg (Ardèche).

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Con el lema “¡no gasarán!”, los ciudadanos se movilizaron contra la exploración del “gas de schiste” (gaz of shale), el “nuevo milagro energético” en la mira de las multinacionales en Europa, ya famoso en Norteamérica. En Francia, la movilización arrancó a raíz del destape, en enero, de la entrega de permisos de exploración por el entonces ministro del Medio Ambiente J.L. Borloo, en marzo del 2010, a varias multinacionales norteamericanas (y de otros países) como Schuepbach Energy LLC asociada con Gaz de France-Suez; actualmente la inversión total alcanza 37.8 millones de euros. Los permisos se otorgaron en el más absoluto secreto, sin consultar a los representantes locales ni a los diputados. Las licencias cubren, en particular, 10.000 km2 en el sur de Francia (Ardèche, Larzac, Montélimar-Montpellier), incluso parques naturales (Las Cevennes) y zonas urbanas muy pobladas.

El gobierno, una vez desenmascarado, adoptó un bajo perfil y la oposición, que reúne sindicatos, partidos políticos, colectivos ciudadanos, ecologistas, electos y representantes de parques naturales, logró una moratoria (eso sí, provisional) sobre la entrega de permisos. De allí, se generó una reacción tajante de las multinacionales que tildan a sus oponentes de retrógrados y niegan los riesgos, mientras el gobierno tergiversa. Esas posturas polarizadas no sorprenden tanto: ya en la época álgida del debate sobre lo nuclear, se puso a la sociedad ante un cruel pero nítido dilema: “el átomo o la vela”…El gobierno de entonces llegó a afirmar que la nube de Chernóbil se había quedado en la frontera. Lastimosamente, se comprobó un aumento de la radioactividad en zonas montañosas (especialmente los Alpes y Corsega).

En este caso, los daños sobre el ambiente y la salud pública son ampliamente ilustrados por el documental “Gasland” y se explican por el procedimiento usado: el gas de “schiste” se extrae mediante el fraccionamiento de las rocas subterráneas donde se encuentra atrapado, gracias a la proyección a muy alta presión de agua mezclada con unos 900 productos químicos, la mayoría desconocidos (por el “derecho al secreto industrial”); los que ya han sido identificados (unos 350), son conocidos, gracias a la investigación de activistas, por generar daños al sistema neuronal, vascular y lesiones cerebrales irreversibles. Al nivel ambiental, el agua de fraccionamiento contaminada debe almacenarse, aunque en realidad vuelve a la tierra por infiltración o se vaporiza en el aire. Los pozos en zonas urbanas registran fugas subterráneas según encuestas realizadas, a tal punto que el agua prende fuego a la salida del grifo, o se vuelve mero plástico. Así se contaminan los suelos, el agua y el aire, y el agua, recurso no renovable, una vez más peligra. ¡Ojalá que el parque de las Cevennes se salve, como se salvó, por ahora, el páramo de Santurbán!
 
*Julie Massal es profesora del Instituto de Estudios Políticos -IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia.
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