Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/09/29 00:00

¡La maldita globalización!

No es del todo cierto el discurso que señala a la globalización como el verdugo de los países en desarrollo y la panacea de los desarrollados. Según el investigador Francisco Thoumi, el fenómeno representa cierta ganancia para los consumidores en general y para los propios países en desarrollo, incluyendo a Colombia.

¡La maldita globalización!

Es lugar común afirmar que la globalización es mala para muchos países en vías de desarrollo porque sus sectores agrícolas no pueden competir con los subsidiados agricultores de Estados Unidos y Europa. Sin duda, en el modelo de economía neoliberal estos subsidios no son justificables y no deberían existir. Sin embargo, en el discurso contra la globalización se tiende a magnificar los costos de la globalización y a negar los beneficios de los consumidores pues solamente se mencionan los de los capitalistas. Este discurso implica que producir es bueno mientras que consumir es malo; por eso, los beneficios de los consumidores simplemente ni se mencionan.

Todo cambio en políticas económicas modifica el tamaño del ingreso y su distribución generando ganadores y perdedores. El caso de la apertura y los subsidios agrícolas es un ejemplo interesante. Si se acepta que dichos subsidios son permanentes, o que durarán muchos años, los países importadores pueden beneficiarse de ellos. En el caso colombiano, estos subsidios representan un beneficio para la gran mayoría de consumidores que pueden comprar productos alimenticios y materias primas a precios más bajos. Es cierto que para muchos, estos beneficios son pequeños o no son percibidos como tales por lo que los beneficiarios no tienen mucho interés en organizarse formando una "coalición distributiva". Por otro lado, los perdedores pierden individualmente mucho y si se organizan. En principio, es importante preguntarse si los beneficios, así estén ampliamente distribuidos, son menores o mayores que los costos que están concentrados. En el caso de los subsidios agrícolas el potencial de ganancia excede a las pérdidas: en otras palabras, importar barato a largo plazo aumenta el ingreso nacional.

El problema presentado por los subsidios extranjeros es que para beneficiarse de ellos sin causar conflictos sociales, es necesario tener mecanismos para que los colombianos ganadores compensen a los perdedores. Esto requiere reconocer que hay ganadores, lo cual se niega en el discurso contra la globalización que sólo menciona a los capitalistas extranjeros como ganadores. Toda crisis puede convertirse en oportunidad pero para eso es necesario tener una sociedad con solidaridad y capital social suficientes para poder transferir ingresos de los beneficiarios a los perdedores. Entre más individualista sea la sociedad, más difícil es hacer esas transferencias. Y como las pérdidas están concentradas, estas generan coaliciones distributivas que abogan contra la importación de alimentos baratos.

La globalización es un proceso que empezó hace varios siglos y que continuará inexorable en el futuro. La globalización permite traer a los países capital, conocimiento, tecnología, nuevos productos, nuevas ideas políticas y religiosas, abre nuevos mercados, etc. Las sociedades tradicionales siempre se han resistido al cambio que es una amenaza a sus valores e instituciones a pesar de lo cual nadie aboga hoy por la autarquía y el aislamiento.

Los beneficios de la globalización en el mediano y largo plazo han sido y son notables. Sus costos tienden a concentrarse en el corto plazo. Por eso, para enfrentar a la globalización es necesario tener estrategias de largo plazo que fortalezcan la capacidad de los colombianos para competir en los mercados mundiales y programas que permitan compensar a los perdedores. Infortunadamente, el individualismo, carencia de capital social y debilidad institucional en Colombia posiblemente hacen que esto no sea posible por lo que surgen dos escenarios posibles: si los antiglobalizadores prevalecen, los perdedores en la globalización no pierden, pero que a largo plazo todos los colombianos pierden; si los globalizadores prevalecen, aumentará la tensión social y la violencia en el país.

En Colombia el discurso contra la globalización se ha concentrado en los problemas de la agricultura y se ha relacionado con los subsidios de los países desarrollados. Sin embargo, la competencia internacional más fuerte que enfrenta Colombia hoy no está en esos países sino en otros en vías de desarrollo. La crisis cafetera se debe principalmente al desarrollo del café en Vietnam y en menor grado al mal manejo de la industria cafetera colombiana. Los problemas de competitividad sector manufacturero se deben más al desarrollo de la manufactura china con costos laborales de unos 25 centavos de dólar por hora que a las barreras arancelarias en los países desarrollados; no en vano ¡las exportaciones colombianas hoy son mucho más intensivas en recursos naturales que hace 30 años!

Los problemas ante la globalización no son monopolio de Colombia o de los países en vías de desarrollo. El caso de Estados Unidos es muy interesante. A través de la historia ese país ha tenido un gran acervo de recursos naturales, capital y tecnología con relación a su población que han producido salarios altos para la mano de obra. La globalización está forzando a los muy bien pagados trabajadores estadounidenses a competir con los mal pagados extranjeros, incluyendo a los colombianos, lo cual ha frenado los salarios en ese país y ha sido un elemento clave en el aumento enorme en la dispersión en la distribución del ingreso. Allá también, la dificultad e incapacidad para compensar a los perdedores está aumentando las tensiones sociales y puede llegar a generar una crisis social de grandes magnitudes.

La moraleja de todo esto es simplemente que países con alto capital social y solidaridad como los escandinavos o aquellos con gobiernos autoritarios como la China que pueden controlar las protestas son los que pueden aprovechar más las oportunidades de la globalización.

*Investigador

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