06 marzo 2013

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La manipulación de la opinión en favor de la guerra y el silenciamiento de la paz

Por Wilson López López*

OPINIÓNLos señores de la guerra tienen plena conciencia de la manipulación de la opinión mediante el poder de los titulares, de cada palabra y de cada imagen.

La manipulación de la opinión en favor de la guerra y el silenciamiento de la paz. .

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Comstock y Scharrer (2006) presentan en su libro The Psychology of Media and Politics, múltiples investigaciones que evidencian el poder de los medios en la política y la psicología de las sociedades;  en esta misma línea están los trabajos de Wilhelm Kempf, sobre la relación determinante de lo
s medios en  sociedades en conflicto; los aportes de Bar-tal, que dilucidan la forma como los medios se manipulan en contextos de guerra; y los más conocidos de Van Dijk sobre como los medios construyen discursos e inciden en la opinión.  Estos, entre muchos otros, entregan suficiente soporte empírico acerca de la incidencia de los medios de comunicación en la construcción de opinión, la formación de creencias, valores, enmarcamientos, emociones y conductas; demuestran también la fragilidad de los cambios en la opinión ante la manipulación mediática, en especial cuando se trata de incentivar y legitimar la guerra. 

Un ejemplo de esta incidencia en la política la expuso recientemente un “asesor de marketing político”, quien comento cómo con rumores y publicidad negativa se puede hundir una campaña, cambiar la imagen de un político hasta destruirla o borrar un pasado de delincuencia para posicionar a un político y llegar a ganar unas elecciones.  Se puede deducir que estas campañas también sirven para silenciar víctimas, borrar hechos probados, estigmatizar a los adversarios, confundir a la opinión, desaparecer victimarios, justificar y legitimar masacres. En los últimos días, los enemigos del proceso de negociación han mostrado toda su capacidad mediática, han difamado, magnificado eventos y movilizado grupos para atacar al proceso y a sus defensores. 

Lo más probable es que lo logren y que destruyan este intento de desarmar a un actor con más de 50 años en la guerra, sin embargo ¿qué conseguirán?  Más años de guerra, más muertos -evidentemente todos justificables para los señores de la guerra-, más víctimas, muchas más de las 5 millones que ya llevamos. Ellos quieren más; más desaparecidos, más de los ya 150 mil que tenemos, más de los millones de desplazados que tenemos, más heridos, más dolor y por supuesto, más dinero, más corrupción y más justificación para seguir invirtiendo 23 billones de pesos en perseguir y matar a menos de 23 mil hombres que evidentemente no son los más educados y productivos de nuestra sociedad. Si, matar a cada uno de estos hombres está costando un poco más de mil millones de pesos por persona. Que terrible paradoja, seguramente nunca un hombre de estos denominados bandidos imaginó que su vida costaría tanto dinero.

¿Quiénes son esos 23 mil hombres? El trabajo riguroso y detallado de Juan Guillermo Ferro Medina y Graciela Uribe Ramón, de la Universidad Javeriana, en su libro "El Orden de la guerra", describen la composición de las guerrillas y muestran que en su mayoría son campesinos, personas con apenas educación básica; en general, son hombres con historias de violencia y abandono familiar. Qué inversión tan macabramente rentable para los auspiciadores de la guerra.  Finalmente, pareciera, que esta inversión, no debe ser tema de preocupación pues los recursos son del Estado y, ya sabemos que somos las grandes mayorías quienes la pagamos.  Ni hablar de quienes siguen desde la oscuridad financiando los ejércitos paramilitares para cometer masacres y asesinar señoras de 60 años que sólo reclaman justicia.   

Los señores de la guerra tienen plena conciencia de la manipulación sobre la opinión mediante el poder de los titulares, de cada palabra y de cada imagen que incentiva el odio, la desesperanza, el horror de un actor, la inocencia y el heroísmo del otro. Ellos y sus asesores saben que la repetición de los actos de guerra, difundir la idea del caos para hacernos creer que estamos peor que antes,  que naturalice la acción de matar, de asesinar tiene sus logros en la opinión a favor de la guerra. 

Finalmente, ¿qué importan las vidas de las señoras y señores Alba Mery Chilito, Ángela Bello, Luz Mary, Cristina, Gloria, María, Ana Rosa, Pedro, Mateo, Margarita…., miles de mujeres, niños, ancianos, jóvenes y hombres?, ¿Qué importamos todos nosotros?, no somos nada para los que festejan y se rasgan las vestiduras a nombre de la guerra y que celebran el hundimiento del proceso. Todos los actores en la guerra saben que es fácil manipular la opinión,  para ganar un poco de dinero, unos pedazos de tierra o un poco de efímero poder a costa de quitarle valor a la vida. 

Para los asesinos, violadores, despojadores, torturadores, aterrorizadores intelectuales y directos de nuestras mujeres, ancianos, niños y hombres es necesario decirles que 60 años del uso de estos métodos de destrucción, terror y silenciamiento mediático no han funcionado, que aparecerán nuevas Ángelas, Albas Merys que a pesar de ser violadas, torturadas, despojadas de sus hijos, nietos y asesinadas, no tendrán otra alternativa que volver a pelear con el arma de sus palabras y de sus historias y no pararan porque la vida no tiene precio. 

Los medios como formadores de opinión, tienen la responsabilidad por tanto, de hacer visible lo invisible, por medio de la denuncia, pero también deben trabajar en la construcción de una opinión en favor de la renuncia total al uso de la violencia como recurso, de usar todos los recursos mediáticos en pro de  construir una sociedad donde la vida sea el valor sagrado, supremo desde el que se reconstruya el tejido social pues no es posible construir confianza, cohesión social y seguridad vital en un mundo donde la vida es vista apenas como un recurso más, que puede ser intercambiable, sacrificable.

Señores dueños y directores de los medios de comunicación, y comunicadores, la responsabilidad de naturalizar la violencia, de silenciar las víctimas, de trivializar el horror de la guerra en nombre de cualquier causa no será disculpable y no funcionará como recurso para acallar la infamia de la guerra que vivimos, solo la prolongará.

*Grupo Lazos sociales y Culturas de Paz. Profesor asociado Pontificia Universidad Javeriana. Editor Universitas Psychologica. Correo electrónico: lopezw@javeriana.edu.co. Twitter @wilsonLpez
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