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Opinión

  • | 2007/09/01 00:00

    La memoria y las cenizas

    Luis Eduardo Celis asegura que solo un país que es capaz de reconocer y conocer su experiencia de violencia será un país maduro, para asumir los enormes retos de verdad, justicia y reparación

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El país se acaba de enterar que Carlos Horacio Uran, magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, padre de cuatro niñas, buen abogado y mejor colombiano, salió vivo del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985, luego de los funestos hechos que protagonizo un comando del M-19 y de los no menos, de la fuerza pública. La fuerza de las imágenes de un noticiero de televisión, lo muestra cojeando pero vivo, al día siguiente su cuerpo fue encontrado con tres disparos en la cabeza, dentro del destruido Palacio de Justicia.

Cómo es posible que sólo hasta hora salga a la luz una verdad tan contundente y que poco a poco se conozca y se valide, lo que familiares y amigos han sostenido durante tanto tiempo, que del Palacio salieron con vida personas, que luego fueron reportadas como desaparecidas o que salieron con vida y luego resultaron muertas, estos hechos son aislados, el de ocultar y tergiversar la realidad o es una constante de nuestro ya largo conflicto, me temo que más lo segundo. Bien se ha dicho que en una guerra, la primera sacrificada es la verdad, tanto retadores del orden, las guerrillas, como sus defensores, han tenido como práctica, ocultar, manipular, desinformar, o como se puede llamar a las infames palabras de Jorge Briceño, el comandante militar de las Farc, que orienta a sus hombres a realizar un simulacro de juicio, a los responsables del asesinato de los indigenistas estadounidenses; horror de horrores.

Hay una larga tarea por delante, reconstruir las circunstancias de modo, lugar, móviles, actores, actuaciones de este largo conflicto, es una tarea que hay que continuar, por supuesto que no partimos de cero, la memoria viva esta allí, la portan los sobrevivientes, lo que terca y tesoneramente mantienen el recuerdo de los sufrimientos y vejámenes padecidos, los que han perdido seres queridos en las borrascas de la violencia, bien saben lo que han vivido, sienten temor, rabia, abandono, pero son los portadores vivos de unas verdades que no debemos dejar perder, hay que darles voz y aliento y, sobre todo, protección, para que sigan comunicando sus vivencias.

Hay muchas responsabilidades para que la memoria de los padecimientos de las violencias no se pierdan, hay que promover toda un política pública de rescate y promoción de la memoria, hay que recopilar las historias, proteger los archivos judiciales y de las organizaciones, promover un trabajo sistemático de recopilación de historias y testimonios, animar a la academia y a las redes ciudadanas para que apoyen los esfuerzos de sistematización de lo vivido

Solo un país que es capaz de reconocer y conocer su experiencia de violencia será un país maduro, para asumir los enormes retos de verdad, justicia y reparación, ninguna sociedad puede borrar y olvidar sus tragedias, no es bueno ni deseable, esta violencia es heredera de otra terrible, la de los años cincuenta, por que no fuimos capaces de procesarla de manera adecuada, porque no hubo ni el ánimo de mirar esa experiencia de frente y sin ambigüedades, de sancionar a los responsables y de preservar de manera adecuada en la memoria a quienes la sufrieron.


Por solo citar un ejemplo, es impresionante lo que se hace hoy en España, frente a la violencia de la guerra civil que los sacudió entre los años 36 al 39 del siglo pasado, aunque una dictadura de mas de tres décadas, intentó borrar de la memoria lo vivido, esto no fue posible y luego de veinticinco años del retorno de la democracia, es durante el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, donde más fuerza ha ganado una acción y una política de rescate y promoción de la memoria y es mucho lo que se viene haciendo, bien nos vendría mirar con detalle este ejemplo.

Ahora, cuando intentamos dejar atrás la violencia, no debemos repetir los errores del pasado, se requiere una ambiciosa tarea de construcción de todas las verdades, que como rescoldo bajo cenizas se encuentran en la sociedad colombiana, la verdad siempre saldrá a la luz, si somos capaces de buscarla, como en el caso de Carlos Horacio Uran, no importan los intentos de tergiversarla, de manipularla, de acabar con ella, nada de esto es posible si hay voluntad y políticas para construirla, unas verdades, con rigor y con serenidad es la que nos merecemos los vivos, los muertos y las colombianas y colombianos por venir.
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