Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/05/20 00:00

La moral legionaria

Los legionarios se rasgan sus vestiduras ante la fotografía, pero guardan silencio frente a los escándalos de pederastia que han envuelto a su fundador, el padre mexicano Marcial Maciel

La moral legionaria

El insólito proceso judicial contra la revista SoHo y su director, Daniel Samper Ospina, tiene dos grandes promotores. El Opus Dei, cada vez más influyente en Colombia, y la ultracatólica congregación 'Legionarios de Cristo'.

Ellos están empeñados en castigar judicialmente el atrevimiento de SoHo al recrear La Última Cena con una modelo desnuda en el papel de Jesús. Atenta contra los valores, la moral y la fe, según han dicho.

Los legionarios se rasgan sus vestiduras ante la fotografía, pero guardan silencio total frente a los escándalos de pederastia que han envuelto a su fundador, el padre mexicano Marcial Maciel.

El padre Maciel, que hoy tiene 86 años, acumuló un enorme poder durante el pontificado de Juan Pablo II. Su influencia ha sido notable en la Santa Sede, España y América Latina. Cuenta con seguidores en los más altos círculos políticos y judiciales de Hispanoamérica. También se ha hecho sentir en medios de comunicación, y en la educación a través de los colegios 'Cumbres' y 'Everest', así como las escuelas 'Mano Amiga'. Instituciones que, por cierto, tienen sus respectivas filiales en Colombia.

Habría pasado a la historia como un apóstol conservador de la fe, si no fuera porque ocho antiguos legionarios denunciaron ante el papa Juan Pablo II, los vejámenes del prominente sacerdote: "Somos varios hombres cristianos, doblemente víctimas en dos claras épocas de nuestra vida: primero durante nuestra adolescencia y juventud y luego en nuestra madurez, por parte de un sacerdote muy allegado a Vos que repetidamente abusó -antaño sexualmente y de otras maneras- de nosotros indefensos, lejos de nuestros padres o tutores, en países diversos y lejanos del nuestro".

La carta, entregada en 1998, durmió el sueño de los justos en los cajones del Vaticano. Sin embargo, en el año 2005, mientras el Papa agonizaba, nuevas denuncias surgieron y el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Joseph Ratzinger, ordenó abrir la investigación.

Mientras el mundo lloraba la muerte del Papa, un fiscal eclesiástico reunía pruebas sobre la conducta del Legionario mayor. En México y España varias personas se declararon víctimas directas de sus abusos. Otros laicos y religiosos le aseguraron al Santo Oficio que el padre Maciel molestaba niños y jovencitos durante sus peregrinaciones por Irlanda, España y otros países.

Cuando terminaron las indagaciones, monseñor Joseph Ratzinger ya no era el prefecto de la antigua inquisición, sino el nuevo Pontífice.

Los legionarios confiaban en que Benedicto XVI sepultaría la investigación, para evitar que el comienzo de su pontificado estuviera marcado por un escándalo sexual a tan alto nivel.

Cuando Ratzinger llevaba apenas 10 días en la cátedra de San Pedro, el vocero de los Legionarios de Cristo en Roma envió un comunicado según el cual: "No hay, ni habrá ningún proceso canónico contra Marcial Maciel".

Todo parecía convenientemente controlado. Sin embargo el Vaticano los desmintió el viernes pasado.

La Sala Stampa informó que delegados papales investigaron todas las denuncias que pesan sobre el padre Maciel, pero por su edad y estado de salud decidieron no abrir un juicio en su contra. En la misma comunicación lo invitan a nunca más decir misa y a llevar una "vida reservada de oración y penitencia".

Mientras las víctimas aplaudían la decisión papal, los Legionarios de Cristo, informaban que su fundador tomaba la oferta: "Ha aceptado este comunicado con fe, con total serenidad y con tranquilidad de conciencia, sabiendo que se trata de una nueva cruz que Dios ha permitido que sufra y de la que obtendrá muchas gracias para la Legión de Cristo y el movimiento Regnum Christi".

Un discreto final para una historia que ha mezclado religión, poder y abuso. Y también una buena ocasión para pensar si la moral está en peligro por fotos como la de SoHo, o por comportamientos como los del padre Maciel.

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