Opinión

  • | 1991/06/03 00:00

    LA MUERTE DE UN NOTABLE

    Diego Montaña muere como murió Moisés, con la Colombia prometida al alcance de la mano.

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DIEGO MONTAÑA ERA EL DIABLO. DEL diablo tenía las grandes orejas un poco puntiagudas de macho cabrío, y la mirada burlona y penetrante, desasosegadora para el orden establecido, y la lengua feroz, y la inteligencia cortante. Y era el del diablo -o el de un jefe indio, o el de un emperador romano- su perfil rapaz, como el de un hacha de dos filos. Pero era el diablo sobre todo en lo que simbolizó su larga lucha de hombre libre: el Enemigo Malo del Establecimiento. Desde su adolescencia, cuando -precoz
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