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Opinión

  • | 2015/05/01 14:00

    La muerte del canario

    En el marco de una negociación una guerrilla puede fortalecer o debilitar, mediante sus acciones políticas y militares, a su adversario gubernamental.

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Una de las peculiaridades de los comentaristas de fútbol es la destrozar a los técnicos que les caen mal, sin tener en cuenta sus buenos o malos resultados. Mourinho es uno de los blancos más codiciados porque el portugués los ignora o los confronta en las ruedas de prensa. A mí no me gusta el juego de Mourinho pero me agrada su carácter, amén de que no es un personaje lambón y llama a las cosas por su nombre.

Los equipos de Mourinho están mentalizados para ganar la Champions League y cualquier título que no sea ése, son considerados como trofeos menores. Ganar la liga está bien pero alzar la copa Champions no tiene precio. Las miras de Mourinho son altas y no se fija en bagatelas.

No sé con qué equipo va el presidente Santos. Alguna vez lo vi con la camiseta del Madrid pero puede que otro día pase por Cataluña y se ponga la del Barça. ¿De Millos o Santa Fe? ¿De los dos? No lo sé. A veces hay que entender a los políticos a pesar que no nos guste la manera como gobiernan.  Hay, sin embargo, una camiseta a la que Santos no puede renunciar: Colombia. Mejor: la paz de Colombia. Todo lo demás son bagatelas para un hombre que no ambiciona dinero, porque creo que le sobra, sino honores.

La guerra por la paz está ganada. Otra cosa es que no la firmen. El tridente compuesto por el ex presidente Uribe, el Procurador y el Partido Conservador que, parecían salmones nadando contra la corriente, han manifestado públicamente que están de acuerdo con las negociaciones pero con reparos. Con reparos que es distinto a estar en contra per se. Reparos que hay que discutir con este tridente. Por una paz saludable, completa y viable hay que acordarla con el tridente.

Lo que el presidente Santos no debería, llevado por las encuestas y el mal ambiente que le crean unos cuantos opinadores, es coger la bandera de la paz y volverla un trapo. Aquí cabe la célebre sátira de Malcom Muggeridge acerca de un cuerpo de ejército que gana una proverbial batalla y de pronto, en el momento más sublime, iza incomprensiblemente una bandera blanca y se rinde. Es ahora cuando Santos debe demostrar ante su país que en verdad aprobó sus estudios en las universidades anglosajonas y sabe chocar contra la adversidad y el derrotismo.

La guerrilla es otro cuento. Buena parte de los negociadores de las FARC y el ELN son duchos en los menesteres de la política a secas y de la guerra como política. Casi todos se reclaman macondianos y me consta que han leído a Gabo y conocen el cuento del gallo capón. Un cuento interminable que traducido al lenguaje de la guerrilla se puede resumir así:

Hay que negociar con un gobierno fuerte y con control sobre los poderes reales del país a fin de que los futuros acuerdos no queden pegados con babas. Un gobierno débil, en cambio, es proclive a ceder más concesiones pero se corre el peligro de que lo pactado se vuelva mero papel mojado. El problema es que en Colombia nunca las guerrillas han negociado con el Estado sino con los gobiernos, y los gobiernos según la ley no pueden durar más de cuatro años u ocho cómo sucedió con el man del caballo y sucede con el man de El Tiempo.
 
En el marco de una negociación una guerrilla puede fortalecer o debilitar, mediante sus acciones políticas y militares, a su adversario gubernamental. A veces lo deja tan débil que luego no hay manera de que pueda levantarse y seguir negociando. Y entonces no queda más remedido que esperar a que llegue otro, observarlo como camina y averiguar qué es lo que se trae. Y así sigue el cuento. Como el cuento del gallo capón, un clásico en los velorios de la Costa Atlántica en los que el muerto es casi siempre un pobre parroquiano.

Se puede o no estar de acuerdo con la guerrilla pero no cabe duda que es una lucha riesgosa. Si no abres bien el ojo te matan. Los guerrilleros lo saben. Pero a veces los que le hablan al oído a la guerrilla no lo saben y se vuelven más temerarios que los propios guerrilleros. Alguna vez escuché en un foro sobre el conflicto colombiano a un abogado exaltado que echaba espuma por la boca y exigía a los guerrilleros liberación o muerte. Durante una pausa lo vi un poco acongojado y le pregunte qué le pasaba y me dijo con la voz entrecortada que su mascota, un canario, había muerto.

La política no tiene pierde. Todo está inventado. Hay lambones que te dicen que todo está bien a pesar de que te están cortando el cuello u observa que tú mismo te lo estás cortando ante la cámara tal como el personaje de Michael Haneke en la película Caché. En oposición, está el que te mienta la madre sin quitar la mirada y te dice esto está bien, pero esto y esto está mal y si no corrigen ni siquiera la historia los absolverá.

No hay más remedio que enmendar y seguir. El monte ha crecido y se ha tragado el camino de vuelta y encontrarlo puede llevar muchos años. Muchísimos. Para entonces los hijos de Uribe o de Santos estarán muchísimos más grandes que ahora y con ellos se podrá iniciar un nuevo proceso con los guerrilleros que van a nacer allá en los montes. En estos tropeles no hay cabida para el ¡Nunca más! que remachaba el cuervo de Poe.

En twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: https://yezidarteta.wordpress.com/author/yezidarteta/
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