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Opinión

  • | 2014/03/29 00:00

    La otra terna

    La elección de magistrado a la Corte puede tener dueños y vengan de un lado o de otro, lo lamentable es que no haya una elección de méritos.

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Ha pasado de agache entre la opinión pública la conformación de la terna para elegir un nuevo magistrado de la Corte Constitucional. A la gente le importa más la escogencia de un alcalde encargado por dos meses en Bogotá que la selección de un magistrado que estará ocho años vigilando la Constitución, velando por los derechos fundamentales y frenando a los avivatos que todos los días quieren saltarse el orden constitucional de nuestro país.

Mal síntoma. Una sociedad que se queja de su justicia pero que voltea la mirada cuando puede ejercer veeduría sobre la escogencia de nuevos magistrados, está condenada al eterno fracaso.

Ahora se busca reemplazar al magistrado Nilson Pinilla quien termina su periodo el próximo mes de junio. No se trata, sin embargo, de elaborar una terna cualquiera. Los encargados de prepararla son los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que muchas veces actúan con un lamentable criterio politiquero.

La verdad es que aunque a Pinilla lo tilden de godo, hasta sus colegas más zurdos le reconocen la independencia y el apego al derecho a la hora de proyectar sus ponencias y votar en las salas plenas los asuntos más importantes.

Quien ocupe la vacante que deja Pinilla puede, por tanto, continuar bajo la senda de la independencia o terminar cambiando una interesante correlación de fuerzas que hasta ahora viene funcionando en la Corte Constitucional. Las señales indican que es lo segundo lo que terminará ocurriendo.

Fíjense ustedes que son varias y muy delicadas las decisiones que ha tomado ese alto tribunal con una estrecha votación de 5 contra 4.

Para citar solo dos ejemplos, cuando el gobierno pretendió incluir en su plan de desarrollo un artículo que permitía a los grandes empresarios quedarse con tierras de campesinos, fueron 5 los magistrados, incluido Pinilla, los que frenaron el exabrupto.

De igual forma, cuando los congresistas querían declararse libres de conflicto de interés para poder legislar en causa propia, los mismos 5 magistrados evitaron tal descaro.

Ese bloque es serio y sólido en sus argumentaciones. No se compra ni se vende. Sin embargo, las cosas pueden cambiar para mal.

De las tres mayores votaciones hasta ahora obtenidas en la Corte Suprema, dos candidatos favoritos están supeditados a las órdenes de otros. Hablo, por un lado de Gloria Ortiz, asesora del actual Fiscal, abiertamente apadrinada por Eduardo Montealegre que quiere volver en cuerpo ajeno a la Corte Constitucional.

De esto ha dado cuenta la Silla Vacía en un artículo con la firma de Juan Esteban Lewin, en el que se relatan las movidas de Montealegre para quedarse con ese cargo.

Por otra parte, Jorge Quiroz, magistrado auxiliar del actual presidente de la Corte Suprema no tuvo empacho en decir en la audiencia pública que “sería un soldado de la justicia ordinaria”, lo que traduce que hará lo que sea con tal de complacer a sus electores en la Suprema.

Es posible, que aquel cheque en blanco incluya también recibir las órdenes de un personaje que maneja –para mal– los hilos del poder en la rama judicial, de apellido Ricaurte.

Así las cosas, la elección de magistrado a la Corte puede tener dueños y vengan de un lado o de otro, lo lamentable es que no haya una elección de méritos sino de simples cuotas de representación entre quienes dominan el deplorable circo de la justicia nacional.

Quisiera equivocarme esta semana cuando se elija a los integrantes de la terna pero me gana el realismo y la información que tengo nubla mis esperanzas. Amanecerá y veremos.
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