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Opinión

  • | 2002/11/23 00:00

    La palabra patria

    La derecha y la izquierda totalitarias siempre la han usado para escudarse en ella y acusar como 'antipatriótico' al disentimiento

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Patria! te adoro en mi silencio mudo, / y temo profanar tu nombre santo. / Por ti he gozado y padecido tanto / cuanto lengua mortal decir no pudo". Estos pésimos versos, capaces de estropear el sentido poético de cualquier niño para toda la vida, los debíamos recitar de memoria durante el acto cívico que cada mes se llevaba a cabo en el patio principal del colegio. Por malo que sea, hay sin embargo dos líneas del famoso soneto de Miguel Antonio Caro que se cumplen literalmente para el 60 por ciento de la población colombiana: "Quiero en tu seno derramar mi llanto, / vivir, morir en ti pobre y desnudo". Bueno, el verbo "quiero" tal vez no sea tan preciso, pero es verdad que aquí -queriendo como Caro o sin querer como cualquier cristiano- buena parte de la población vive pobre, desnuda y llorando. Para muestra ahí están los niños desplazados, que sobreviven y mueren en un sitio espantoso que no sé si tendrá sentido llamar patria.

El ideal patriótico de "vivir, morir en ti pobre y desnudo" es incomprensible, y parece más bien un dictamen del FMI, pero en fin, que nos lo explique el Instituto Caro y Cuervo. El asunto es que el nuevo gobierno, con su curiosa mezcla de retórica bolivariana y tremebundo verbo grecoquimbaya, ha vuelto a poner de moda la palabra patria. Y con esa palabra vienen aparejados algunos adjetivos como "patriotas" y "antipatriotas". Patriotas, por ejemplo, son los que están a favor del referendo, de los informantes, y ponen banderita en el carro. Antipatriotas quienes se abstienen de votar, no gozan con el lunes de las recompensas, y no apoyan en todo y para todo al gobierno. Esta retórica grandilocuente es peligrosa porque radicaliza las ideas y parte el mundo en dos mitades: los que están conmigo (el gobierno), y los que están contra mí (antipatriotas, subversivos).

Patria es palabra latina que quiere decir la tierra del Patris, del padre. Por eso las feministas radicales, tan quisquillosas con los asuntos de género en el lenguaje, prefieren decir Matria, que viene a ser lo mismo, pero de la mamá. Dice el último premio Nobel de Literatura, Imre Kertész: "Patria es una palabra en la que vale la pena detenerse un rato. Yo, por ejemplo, le tengo miedo". Kertész tiene buenos motivos para tenerle miedo: por ideales patrióticos de limpieza étnica fue deportado a un campo de concentración, como judío, y por esos mismos ideales (defensa de la patria) relegado como escritor bajo el régimen comunista. La derecha y la izquierda totalitarias siempre han usado la palabra patria para escudarse en ella y acusar como "antipatriótico" cualquier disentimiento.

Patria, para mí, es por ejemplo el sitio donde los paramilitares pueden matar al padre (de donde viene patria) impunemente, y donde uno vive con miedo de que en cualquier momento lo secuestre la extrema izquierda o lo asesine la extrema derecha. Valiente patria. Cuando se vive en una patria así, uno está siempre en el exilio, ("exilio interior", lo llama Kertész) aunque siga viviendo en ella. Dice Kertész: "Existe un país en que nací, cuyo ciudadano soy, en cuya maravillosa lengua hablo, leo y escribo mis libros; sin embargo, este país (...) durante cuatro décadas demostró ser mucho más cárcel que hogar". Es posible parafrasear esta última frase: durante cuatro décadas nuestro país ha sido más un matadero, más un potrero ajeno, que nuestra propia casa.

Aquí la amenaza de un poder totalitario de tipo comunista (y las burradas de quienes siguen esta ruta) ha terminado por llevar al poder a un grupo de políticos furibundos. Entre ellos hay quienes promueven un orden no menos autoritario, de tipo falangista, que desprecia al individuo libre y privilegia la horda de adeptos que se enfrenta a otra horda de adversarios. En estos meses y años que siguen podremos ver si este grupo es capaz de absorber a la parte moderada y de convertir el Estado en un poder autoritario de tipo fascista (ya sé que la palabra no está de moda en el país, pero la digo), o si es capaz de combatir el terror, no con más terror -con el terror extremo que sería un estado totalitario- sino con reglas democráticas, con reformas sociales y con respeto por las libertades. El abuso del patriotismo y de la palabra patria son un mal síntoma. Pero todavía, al menos, es posible denunciar por escrito estos pésimos síntomas. Eso es lo que está sucediendo en este país que (permítanme profanar su nombre santo) se llama Colombia.

Termino con una última reflexión de Kertész: "¿Patria, hogar, país? De todo ello quizá se pueda hablar de otro modo algún día... o quizá nunca más volvamos a hablar de ello. Es posible que los seres humanos se den cuenta algún día de que todos esos valores son abstractos y que para vivir sólo necesitamos, en realidad, un lugar habitable.
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