Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1983/07/25 00:00

LA PARADOJA INGLESA

LA PARADOJA INGLESA

De todas las paradojas que caracterizan el sistema político inglés, y que lo hacen único en su género por la extraña simbiosis de elementos arcaicos y modernos, la mayor de todas es sin duda, la existencia de la "circunscripción uninominal", diseñada para castigar duramente, con un darwinismo político implacable, a las minorías que no tienen éxito, y para fortalecer, por tanto, con abundancia de injusticia, el sistema bipartidista.
La circunscripción uninominal consiste, como su nombre lo indica, en la existencia de un solo ganador posible en cada circuito electoral.
Nada de planchas de treinta nombres, como hacemos los colombianos para elegir dos miembros a la Asamblea o uno para el Senado. En cada circuito puede haber tantos candidatos como partidos existan.
Pero sólo el de mayor votación será elegido y el resto de los votos se desperdician completamente, sin posibilidad de que su contabilización total, a nivel nacional, signifique algo para el partido. Este curioso mecanismo le ha permitido a la señora Thatcher obtener una estruendosa victoria parlamentaria, duplicando su mayoría absoluta anterior (de 35 a 72 escaños) a pesar del hecho de haber obtenido en estas elecciones un 2% menos de apoyo popular que en las elecciones de 1979 (unos 800 mil votos menos). Al propio tiempo, la Alianza liberal-laborista con más de una cuarta parte de la votación popular, representada en diez millones de electores, no logró obtener sino 26 escaños en el parlamento, que es el número de las circunscripciones en las que alcanzó a obtener mayoría neta sobre sus adversarios. De resto, con un espléndido resultado nacional, y habiendo obtenido el segundo lugar en votación en 313 de las 650 circunscripciones, la Alianza, que desafiaba con su presencia al bipartidismo tradicional inglés, quedó virtualmente borrada de la Cámara de los Comunes.
Matemáticas: Miremos rápidamente las cífras de esta contradicción que constituye, en apariencia, el sistema electoral más perfecto del mundo pero que a partir de estas elecciones ha saltado en mil pedazos, obligando a su próxima reforma.
El conservatismo, con 43.5% de los votos, es la más grande de las minorías, como en Colombia; pero el laborismo (28,2%) y la Alianza (26%) sumados alcanzarían a arrojar una mayoría suficiente, aunque estrecha, para gobernar, si el sistema se integrara por representación proporcional. Pero esto obligaría a un sistema de alianzas parlamentarias como las de Alemania, o las que están vigentes en Italia desde la postguerra, y ello le daría al sistema parlamentario inglés una inestabilidad que resulta insoportable. Con el 43% de los votos entonces, el conservatismo obtiene el 61% de las curules (397); el laborismo, con el 28% de los votos, obtiene el 32% de las curules (209) -sale ganando también de la distorsión del sistema-; mientras que la Alianza, con el 26 % de los votos obtiene apenas el 3,5% de las curules (23).
Con un sistema de representación proporcional, y elección con planchas, en el que los votos sobrantes del primer renglón sirven para elegir el segundo renglón, y así consecutivamente,el resultado habría sido radicalmente distinto: los conservadores habrían obtenido 285 escaños, (perdiendo 112), los laboristas 180 (perdiendo 29) y la Alianza 160 (ganando 137). El gobierno habría podido ser, en ese caso, integrado por cualquier coalición, en lo que los ingleses llaman un hung parliament -un 'parlamento colgado' (de la brocha)...-En la práctica el Primer Ministro habría sido nuevamente, la señora Thatcher, pero con un respaldo parlamentario compuesto por liberales, laboristas de centro-derecha y conservadores.
La elección habría ratificado, como lo hizo el temperamento anti-marxista de las clases medias inglesas y el horror del pueblo a las soluciones extremas, totales e irreversibles con las que amenazaba la facción radical del laborismo. Pero habría sido más justa y equitativa para los grupos -laboristas y liberales- que estaban contribuyendo en forma decisiva a recuperar el equilibrio de centro de la política inglesa.
No hay mandato: En contraste. el sistema vigente crea la ilusión de un 'mandato claro' para un conservatismo rotundo y afirmativo, cuando la realidad de la voluntad popular no es esa. Los ingleses rechazaron las tendencias radicales y marxistas del laborismo, que quisieran olvidar 30 años de mejoría social, desde la Segunda Guerra, y de avance sostenido en la calidad de la vida. Pero su entusiasmo por las soluciones ultra-conservadoras se disminuyó, como era previsible con tres millones de desempleados, en cerca de un 2% ...
Como en 1832 y 1867, cuando el conservartismo, guiado por la visión extraordinaria de Disraeli, apoya la Reforma Política sin temor de que ella cercenara sus privilegios, ahora corresponde a ese partido el permitir la reforma de la circunscripción uninominal para que las mayorías queden mejor representadas y el gobierno refleje el estado de ánimo de la nación.

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