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Opinión

  • | 2011/10/01 00:00

    La patada al tablero

    Nadie daba un peso por su candidatura, pero increíblemente Antanas, el desahuciado, y Gina, la bien preparada que no despegó, pueden ser la gran sorpresa.

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Cuando todo parecía saldado y condenado al aburrimiento, Gina Parody y Antanas Mockus están resucitando la campaña por la Alcaldía de Bogotá. La alianza, lograda pocas horas antes del cierre de los tarjetones, cambia el mapa y abre paso a un resultado imprevisible hasta la semana pasada.

¿Qué es lo que tiene Mockus que -aun sin posibilidades- es capaz de volverse el eje de las elecciones? ¿Cómo un desahuciado político puede mover la pieza clave en el único momento apropiado? ¿Y por qué el mismo Mockus ha quemado oportunidades irrepetibles en la puerta del horno?

No es la primera vez que Antanas Mockus logra milagros políticos. En 1993, siendo rector de la Universidad Nacional, protagonizó un episodio que dividió a la opinión del país y se quedó en la memoria de muchos. Cuando decenas de estudiantes inconformes lo recibieron en medio de una chiflatina, Mockus les dio la espalda. Sus desconcertados abucheadores vieron cómo se bajó los pantalones, tomó una nalga en cada mano y mostró el trasero mientras una cámara aficionada grababa la insólita escena.

Esa misma noche las imágenes llegaron a los noticieros. En el país se armó una polémica que duró varios días y autorizadas voces se alzaron para descalificar la salud mental del académico. El debate terminó con su salida de la rectoría.

En ese momento pocos le apostaban al futuro del matemático. Sin embargo, unos meses después, con una campaña hecha con centavos, pirinolas e imaginación, Mockus se convirtió en alcalde de Bogotá derrotando al entonces candidato liberal Enrique Peñalosa, que encabezaba la lista unificada del invencible partido de gobierno.

El júbilo en la ciudad fue tan grande como el desconcierto ante un alcalde que llenó de mimos pedagógicos los cruces peatonales y que no le cedió un milímetro a la politiquería. Con Mockus, Bogotá entró en un camino de progreso que duró varios años.
Con los enigmas propios de su estilo, Antanas Mockus empezó a convertirse en fenómeno nacional. Tanto que cuando le faltaban nueve meses para completar su periodo se retiró de la Alcaldía para aspirar a la Presidencia.

Nunca logró escalar a un lugar notable, pero una tercería que armó con Carlos Lleras de la Fuente y Noemí Sanín terminó poniendo el picante en las elecciones de 1998. Antanas fue la fórmula a la Vicepresidencia de una candidatura que -contra todo pronóstico- estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta.

Cuando quiso volver a la Alcaldía, le bastó con pedir perdón mientras se lavaba en la fuente del monumento al general Rafael Uribe Uribe. Las encuestas, que le negaban cualquier posibilidad, empezaron a cambiar y Mockus volvió al Palacio Liévano.

Claro, también se ha estrellado contra el mundo. No eligió un solo senador de su lista en 2002 y logró apenas un poco más de 100.000 votos para la Presidencia en 2006.

El año pasado, en cambio, consiguió encarnar el sentimiento ciudadano contra la corrupción. Al frente de una insigne coalición de perdedores se convirtió en segundo de la primera vuelta y quizás habría sido el primero de la segunda si no hubiera manejado tan mal su cuarto de hora y su propio desconcierto.

Este año se retiró del Partido Verde, un partido tomado por el uribismo y aliado con los mismos que combatió.

Nadie daba un peso por su candidatura, pero increíblemente Antanas, el desahuciado, y Gina, la bien preparada que no despegó, pueden ser la gran sorpresa de una elección que será a finales de este mes.

Si Gina es la candidata -como es previsible-, la carrera podría volver a empezar esta semana.

RECTIFICACIÓN: En la columna anterior, 'El nuevo patrón', cometí un error cuando dije que Miguel Motoa Kuri fue condenado por enriquecimiento ilícito. La verdad es que fue capturado, salió de la cárcel y el proceso fue precluido a su favor. Ofrezco excusas públicas por este error. Es cierto, sin embargo, que Motoa está aliado hoy con la gente del condenado -y relativamente preso- Juan Carlos Martínez. La mejor prueba es el apoyo a la campaña de Motoa de William Rodríguez, el hombre de Martínez en Palmira.
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