Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/04/21 00:00

La paz del Liceo Campo David

Un colegio bogotano de estrato dos, por tres años consecutivos entre los primeros del país en los exámenes del Icfes, da muchas claves de cómo evitar los males de la educación de hoy.

La paz del Liceo Campo David

En 2007 se evaluaron un poco más de 10 mil colegios y cerca de 503 mil bachilleres. Sólo 441 de estos colegios alcanzaron la categoría de Muy superior, 96 por ciento de ellos de carácter privado. O, dicho de otra manera, sólo 19 colegios públicos lograron ubicarse en la lista de los primeros y más de la mitad del total se ubicó en las tres últimas categorías.

Si bien los colegios Muy Superiores están en todo el país, el 35 por ciento de ellos están en Bogotá, seguido de grupos importantes en Antioquia, Valle, Cundinamarca, Atlántico y Santander. En la mayoría, los padres de familia tienen ingresos medios y altos. Casi el 70 por ciento de ellos son mixtos, el tercio restante se divide en colegios femeninos (21%) y masculinos (11%). Otro hecho importante: hay dos listas de clasificación de colegios, una con resultados en las áreas normales y otra que cambia las posiciones cuando se agregan los resultados obtenidos en inglés.

En el caso específico de los diez primeros colegios Muy Superior, la coincidencia es que todos son privados y que como en años anteriores aparecen el Instituto Alberto Merani, el Liceo Cervantes y Los Nogales de Bogotá, así como el Refous de Cota, que volvió a entrar al ranking después de algunos años de ausencia. Lo que las diferencia es que cuando miramos la segunda lista, sin inglés, instituciones con enseñanza bilingüe salen de los diez primeros y a cambio ingresan colegios como el femenino Aspaen, Gimnasio Cantillana de Floridablanca, Santander, municipio que en los últimos años ha concentrado algunos de los mejores promedios tanto en desempeño de estudiantes como de instituciones.

Uno de estos colegios llama especialmente mi atención: el Liceo Campo David en Bogotá, del cual no tengo referencias. Y aquí viene una grata sorpresa. Lo primero que supuse fue que se trataba de un gimnasio campestre, ubicado a las afueras de la ciudad. Sin embargo, la dirección que aparece en el directorio no concuerda con este prejuicio: está ubicado en el Tunal, calle 46 sur No. 21-27, localidad de Tunjuelito.

Un colegio con 22 años de fundado y siete promociones de estudiantes graduados, la mayoría de estrato dos. El mensaje en la puerta principal comprueba que es el mismo de la lista: “En Colombia no somos los primeros, tratamos de ser los mejores”. Y por los resultados obtenidos en la prueba de Estado, más conocidas como examen del Icfes, la frase resulta congruente: del puesto 525 en el 2001, al 13 en el 2005, cuarto puesto en 2006 y quinto en 2007.

Como cualquier cuento de colegio, la historia del Liceo Campo David comienza en el patio. Allí se reúnen los 630 alumnos, que representan a 460 familias. Sí, porque algunas de ellas tienen a dos o más de sus hijos estudiando en el Liceo, por ejemplo la familia Rodríguez que tiene a sus cuatrillizos, dos niñas y dos niños, en grado sexto. También hay trillizos y gemelos. El pequeño patio es a la vez cancha de baloncesto, futbol, voleibol y parque infantil compartido por niños, niñas y jóvenes desde prejardín, jardín y transición hasta undécimo grado. El colegio no es grande, pero parece suficiente.

Su rector, un hombre que habla con las manos y le saca brillo a las palabras con el pecho, no sólo sabe de memoria nombres y apellidos de sus ex - alumnos y estudiantes sino que conoce su vida, obra y milagros. El sello de Henry David Romero Vivas está presente en todas partes. Como comunicador social de la Universidad Externado de Colombia ha inculcado en sus estudiantes la importancia del lenguaje, el arte de las relaciones y la seducción de los argumentos y, como licenciado en Química, se ha salido con la suya. El año pasado durante la XV Olimpiada de Química de la Universidad Nacional, donde participaron 4200 estudiantes, dos de sus ex alumnos, Delascar Camargo Torres y Juan David Olarte Salazar, se llevaron las medallas de oro y bronce.

Sus aspiraciones son altas. Asegura que su colegio tiene universidad propia. Y puede tener razón. De quince estudiantes que se presentaron a la Universidad Nacional, 11 aprobaron el examen. Tres en química farmacéutica, dos en ingeniería industrial y el resto en ingeniería agronómica, sicología, biología, artes plásticas, cine y televisión y música instrumental. Y va por la segunda: la Universidad de los Andes, que a través de su programa “Quiero Estudiar”, le concedió este año a cuatro de sus muchachos becas en química, psicología, música e ingeniería mecánica.

Los resultados por área a nivel nacional también sitúan al Liceo Campo David en honrosos lugares: tercero en química, quinto en ciencias sociales, sexto en matemáticas, séptimo en biología, octavo en física y quince en lenguaje. Tal vez por esa razón fue que este año otros colegios se llevaron a los profesores de historia, geografía y biología. Sin embargo, el grupo de profes ya está completó y ofrece mejorar promedios. Y no sólo los del Liceo sino también los de los alumnos de las 4 escuelas rurales ahijadas en los municipios de Quipile y Anolaima, con las cuales tienen un proyecto de intercambio de conocimiento y experiencias.

Las debilidades de los liceístas están en inglés y filosofía, donde ocuparon el puesto 56 y 85, respectivamente. Son ocho horas semanales las que reciben los estudiantes en inglés, pero desde febrero se dictan dos horas extras los sábados. El proyecto incluye tres niveles: básico, desde el grado 1 hasta el quinto, Intermedio de grado 6 hasta el 11 y Avanzado, que por ahora no ha comenzado.

En el 2008 las aulas del Liceo estarán llenas los sábados pues a las ya famosas escuelas de futbol y música, se unen las de matemáticas y lenguaje, esta última orientada a la comprensión de lectura, la producción de textos y la expresión oral. Todas ellas abiertas para estudiantes de otros colegios. Claro que la oferta es más amplia para los muchachos de décimo y once que necesitan prepararse para entrar a la universidad. Por eso cada dos o cuatro sábados pueden tomar clases de etiqueta y protocolo, baile en ritmo y rumba, historia del arte, historia de las religiones y la más reciente, culinaria, que comenzó con las diferentes formas de preparar el arroz.

De los 605 alumnos matriculados en 2007, 17 se retiraron y aunque se reconoce que en algunos casos el motivo fue económico, en otros se produjo por cambio de residencia de la familia. La tasa de reprobación llega al 3 por ciento. Es decir, de los 588 estudiantes que terminaron el año escolar, 18 reprobaron.

Hasta el momento en el Liceo Campo David no se han atendido casos de drogadicción, alcoholismo, robos, porte de armas, peleas o agresión entre alumnos. Tampoco se ha presentado el primer caso de embarazo adolescente, a pesar de que se permiten los noviazgos para los dos últimos grados, previa autorización de los padres.

No sé muy bien qué tienen que ver los puntajes de los alumnos en lenguaje, matemáticas, ciencias, química o física con el carácter, la actitud o el comportamiento de los alumnos, pero supongo que las relaciones pueden encontrarse en colegios como éste. La inquietud es si ¿Puede una golondrina hacer verano?, pero no me atrevo a arriesgar una respuesta.

La evaluación podría indicar un camino, pero tendría que incluir además de pruebas académicas para estudiantes, exámenes de desempeño, carácter y actitud para rectores, maestros, familias, sindicatos, políticos, autoridades y funcionarios del Estado. Allí posiblemente esté la raíz del problema y la clave para descubrir lo que está fallando en la educación de los colombianos.

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