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Opinión

  • | 2017/03/13 07:29

    La paz: ¿sólo una ilusión?

    Si no se logra un avance definitivo en el problema del narcotráfico, para los colombianos la paz será tan solo una quimera.

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El tema del narcotráfico ha sido tratado en diversas formas en miles de libros, estudios, foros, películas, documentales y conferencias mundiales y regionales. Infortunadamente nuestra patria, en todos ellos, es capítulo central e imprescindible.

Aunque no hay ningún país que haya pagado un precio tan alto en la lucha contra ese flagelo, parece que ahora eso no tiene mayor connotación. Muchos ni siquiera recuerdan que nuestra angustiosa situación se desarrolló paralelamente a la guerra del Vietnam.

Hace algunos años, después de la terminación de la guerra, una delegación vietnamita de jefes políticos y militares que habían participado en ella, en una gira por América Latina visitó a Colombia. Me expresaron que no solamente habían derrotado militarmente a Estados Unidos, sino que “se le habían metido por debajo de la puerta” alterando hondamente la moral del pueblo norteamericano.

Es conocido que lejos de los “rambos” que montó Hollywood después de la guerra, a muchos soldados norteamericanos se les suministraron anfetaminas y esteroides, mientras que miles más cayeron en el consumo de la heroína y el opio producidos en el llamado “triángulo de oro” en las vecinas Birmania, Laos y Tailandia.

El consumo de drogas se extendió así a Estados Unidos y luego a Europa, pero como ya los centros de producción asiáticos eran demasiado remotos, surgió la cercana Colombia como abastecedor ideal. Alcanzamos así una fama mundial de la que no nos hemos podido escapar y que es reproducida cotidianamente por programas y series de televisión que por más falsos pretextos “aleccionadores” que tengan, constituyen cursos –más rápidos y fáciles de los que venden de idiomas– para la formación de nuevos capos en medio de la corrupción y la violencia.

Aunque la agenda de la política exterior colombiana no se ha “narcotizado”, el problema de las drogas inexorablemente ronda a su alrededor. La demanda de Ecuador ante la Corte Internacional de Justicia por las aspersiones con glifosato en la frontera, los conflictos por la exportación de coca a través del “cartel de los soles” en Venezuela, la explosiva situación de las fronteras en el Catatumbo y en general en Norte de Santander, las graves condiciones en Tumaco y el Putumayo, así como la delicada relación con Estados Unidos, especialmente ahora con la administración Trump, así lo demuestran.

Para no hablar de que cotidianamente aparecen colombianos involucrados en tráfico de drogas en los cuatro puntos cardinales y de que estamos a la cabeza de la producción de cocaína, que no es lo mismo que producir vinos o ser campeones mundiales de fútbol.
Sin afirmar si el acuerdo concertado con las FARC fue un “caballo de Troya” o un extraordinario y perdurable éxito, ya que eso sólo lo dirá el tiempo, por más acuerdos de paz que se firmen y por más controles que se establezcan para evitar la corrupción, si no se logra un avance definitivo en el problema del narcotráfico, incluida la erradicación de los cultivos, la paz para los colombianos será tan solo una quimera.

Falta ver si la estrategia de erradicar los cultivos con la ayuda de los que se favorecieron de ellos tiene resultados… Amanecerá y veremos…

(*) Profesor de la facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la universidad del Rosario.

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